La consulta anticorrupción: ¿Triunfo o derrota?

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Lo ocurrido este pasado 26 de agosto, en términos de participación en la consulta anticorrupción, puede llevarnos a varias lecturas de los resultados en escenarios relacionados numéricamente con las cifras de la reciente campaña presidencial.

Si bien, al no alcanzar el umbral, los resultados no son vinculantes u obligatorios (Desde el punto de vista constitucional), si imponen una obligación ética y democrática sobre todo para el presidente de la República, quien atendiendo a la voluntad del soberano, debería promover y liderar proyectos de ley que respondan al rechazo que el poder constituyente expresó libremente contra la corrupción en las urnas, valga decir, con un mayor número de votos y por ende con una superior legitimidad que rebasa a la obtenida por el mismísimo Presidente de la República.

No hay que perder de vista que mientras Iván Duque obtuvo un respaldo en las urnas de 10.373.080 votos, una de las preguntas de la consulta popular (séptima) alcanzó una votación de 11.659.162 votos, lo que supera en 1.286.082 votos los resultados que llevaron a la Casa de Nariño al mandatario actual de los colombianos.

Los resultados pues, más que una derrota (cómo podría interpretarse por los más pesimistas) representan en realidad una victoria democrática que podría abrir las puertas a reformas contra la corrupción que superen incluso los puntos cuya aprobación se buscaba y planteen por ejemplo la necesidad de emprender una reforma de fondo a nuestro sistema electoral y a órganos profundamente cuestionados como la registraduría y el CNE en los que se soporta el acceso a altas dignidades del estado de personas cuestionadas en su integridad.

Los resultados también pueden ser analizados como un triunfo y no como una derrota, si se parte del hecho de que quienes lideraron y promovieron la consulta son los sectores alternativos al establecimiento que acompañaron a Gustavo Petro en segunda vuelta (contados el 17 de junio de 2018 como 8.034.189 ciudadanos), lo que implica una adhesión o un mayor acompañamiento o crecimiento de las ciudadanías libres (en relación con las presidenciales) de cerca de 3.624.973 personas, lo que porcentualmente representa un 45,11%.

Visto lo anterior desde la otra cara de la moneda, podríamos señalar, que los resultados bien pueden mostrar o interpretarse también, como que una parte importante de los electores (3.624.973) que respaldaron la aspiración a la presidencia de Duque en segunda vuelta (10.373.080) se desencantaron en muy pocos días de su gobierno y de sus medidas antipopulares, o hacen parte del club de los uribistas arrepentidos. Esta población representaría un 34,94% de los votantes iniciales del actual mandatario, lo que explicaría la caída (medida en encuestas recientes) de la popularidad del presidente e indicaría que  apenas un poco más de 6.748.107 personas atendieron la orden de los principales líderes del Centro Democrático de abstenerse de votar la consulta.

Cómo dato significativo, el número de “desencantados” (6.748.107) sumado a números estimados de participación ciudadana en la consulta (11.659.162) nos arrojan una cifra que coincide con el número de votos por candidatos en segunda vuelta reconocido por la registraduría (18.407.269).

Pero más allá de lo hasta ahora expuesto, los respaldos y apoyos que recibió la consulta y los resultados obtenidos nos marcan a las claras, que de haber existido unificación en segunda vuelta de todos los sectores que representaban una alternativa distinta al uribismo, probablemente Duque no habría obtenido la votación que obtuvo y Petro habría resultado ganador de la contienda electoral. Pasamos a explicarlo:

Iván Duque obtuvo en primera vuelta y con el respaldo de su partido y de todos sus contrincantes en la consulta interpartidista y posteriores  aliados (Ordóñez y Ramírez) 7.569.693 votos y no disponía por afinidad (entre los competidores que quedaron al margen de la contienda) de nadie diferente a Germán Vargas Lleras (1.407.840) para crecer. Ambas votaciones sumadas solo alcanzaban 8.977.538 y no los 10.373.080 que finalmente obtuvo (diferencia de más 1.395.547 votos)

Por su parte Gustavo Petro obtuvo en primera vuelta una votación de 4.851.254 y tenía como posibilidades de crecimiento los votos que podrían haberle aportado Fajardo, Robledo y Claudia López (4.589.696 votos) además de Humberto De la Calle (399.180), cifras que sumadas daban 9.840.130 votos, es decir 862.592 votos más que Duque (8.977.538).

Sin embargo, Petro obtuvo menos votos (8.034.189) de los que hipotéticamente pudo haber sumado (para ser precisos 1.805.941 votos menos), es decir, que entre el voto en blanco (808.368) y las señales que dio Fajardo a sus electores se suman otros 997.573 votos que han podido otorgarle la victoria al candidato de la Colombia Humana.

De los votos que debieron entrar y sumar a los 4.851.254 votos de primera vuelta, probablemente Petro solo terminó sumando entre quienes no le hicieron caso a Robledo y a Fajardo  unos 2.906.144 votos y de De la Calle unos 276.791 lo que explicaría su votación total. Es altamente probable que Duque deba su victoria a la sumatoria de los votos de Vargas Lleras (1.407.840) y a cerca de 1.395.547 de Fajardistas que también fueron convencidos por el ex alcalde de Medellín de que Petro era más peligroso que Vargas Lleras.

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