¿Sicariato moral de parte de un ministro?

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Quizás no haya nada más grave y peligroso en una sociedad que la intemperancia o, como diría un amigo, la incontinencia verbal. El peligro, como es obvio pensarlo, se incrementa en niveles superlativos cuando el intemperante es precisamente uno de quienes deberían dar ejemplo de civilidad y tramitación inteligente de los conflictos.

El ministro de defensa, Guillermo Botero, habló sobre la protesta social y no pudieron ser más desafortunadas sus declaraciones. Se esperaría algo diametralmente diferente de quién, por su cargo, debería estar llamado a pensar que su deber esencial debe ser la protección de la vida, honra y bienes de todos los colombianos, sin excepción.

Sin embargo, su pronunciamiento, que tuvo el propósito de deslegitimar la protesta social y a sus actores (los líderes sociales) al ligar las motivaciones de la misma no a problemas estructurales (como por ejemplo la ausencia histórica del Estado) sino a propósitos y “financiación de mafias”, colocó una lápida en quienes ya vienen siendo objeto selectivo de persecución y aniquilamiento sistemático.

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Debería ser un principio de sindéresis, que ningún alto dignatario del estado incurriera en la ‘tentación’ de declarar a los medios haciendo generalizaciones a priori y por tanto sindicaciones irresponsables y sin sustento probatorio.

En Colombia ha hecho carrera, a fuerza de durísimas y dolorosas experiencias, la frase de que a los perpetradores de crimenes, anteceden los sicarios morales. Estos últimos a través de herramientas deleznables como la injuria y la calumnia preparan el terreno para que nadie se extrañe de la muerte de quienes son abatidos por siniestras organizaciones de la muerte.

Incluso, a veces la labor de los sicarios morales no termina con la legitimación o el otorgamiento de un “pretexto perfecto” para la ejecución de la víctima. Incluso se revictimiza apelando a expresiones como la tristemente célebre frase de “buen muerto”, empleada por quien ocupó la más alta dignidad pública.

Ojalá las declaraciones de Botero no contribuyan a exacerbar la muerte de los líderes sociales, por vía de envalentonar a los sicarios materiales para actuar.

El país nacional agradecería más del ministro y del gobierno que en lugar de hablar antes de pensar, se desarticulen los escuadrones de la muerte que han hecho de Colombia una zona franca sicarial.

Sexo en los salones: verdades y mentiras de una reciente sentencia judicial

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Los colombianos tenemos un grave problema: No nos gusta leer. Los libros no están entre nuestros “artículos” de primera necesidad y las redes sociales han sustituido hasta la lectura de la prensa.

Más grave aún, en la lectura de las noticias, con la intermediación de las redes, creemos que con el solo ejercicio de leer el titular nos es suficiente para estar “informados” y obviamos que muchos de los titulares están diseñados solo para llamar la atención y generar ‘clics’ y ‘me gusta’ y, además, que escasas veces guardan relación con el contenido mismo de la noticia.

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Por ello somos cada vez más una sociedad descriteriada y manipulable, que no busca ni atiende a razones y qué se guía por emociones (muy primarias por cierto) con las que nos creemos con la autoridad de emitir “juicios” y “opiniones” sobre los más diversos temas.

El caso más reciente que ilustra lo antes dicho,, es el del fallo de la Corte que ha llevado a más de un desprevenido “lector” a dar por cierto, que esa alta corporación de justicia avaló el sexo de estudiantes en las aulas de clase, situación frente a la que muchos salen a rasgarse las vestiduras y muy seguramente, si alguien los convocara a marchar, hasta lo harían y sin saber ni por qué caminan y gritan desaforadamente.

Lo cierto sobre las noticias, memes y caricaturas que circulan en las redes es que se trata de una errada interpretación de una decisión judicial plasmada en un (por no llamarlo amarillista) muy mal titular de prensa que las redes se encargaron de multiplicar.

Aunque los medios no se toman el trabajo de indagar a fondo, la Corte puso reparos fue a la no gradualidad y a la desproporción en la medida adoptada por el colegio frente a una evidente falta disciplinaria.

Lo que ha cuestionado el máximo tribunal constitucional del país, es que el colegio optó por lo punitivo en lugar de lo formativo y se excedió en la medida adoptada, lo que comporta o resulta violatorio del derecho fundamental al debido proceso que asiste a todo ciudadano, sea adulto o no y ejercite o no su vida sexual.

Además, no hay que olvidar que es un fallo en sede de revisión de tutela, por lo tanto, lo decidido (la ratio decidendi) no tiene efectos erga omnes (para todos el mundo) sino solo efectos inter partes. Es decir, solo tiene efectos vinculantes (obligatorios)) para los accionantes (afectados con una expulsión) y para la parte accionada (colegio).

En ningún caso, puede pues interpretarse que la Corte Constitucional legalizó el sexo en las aulas o dejó tal conducta al margen de ser sancionada, eso sí, con observancia plena de las garantías que tiene todo ciudadano. La Corte ordenó el reintegro de los expulsados, pero para que su proceso se reabra y se tenga en cuenta lo que no se tuvo: atenuantes y derechos, porque toda persona tiene derecho a ser juzgado justamente.

No va más SER PILO PAGA pero sigue SER PILLOS PAGA

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A la andanada de anuncios catastróficos desde el punto de vista económico que han hecho miembros del gobierno de “ÉL QUE DIJO el mejor presidente de Colombia, duélale a quien le duela”, se sumó esta semana que termina la noticia de que no va más el programa SER PILO PAGA.

Bajo el más estruendoso de los aplausos (imaginamos), los uribistas de estratos 1, 2 y 3 deben estar que no caben de la dicha por la coherencia del uribismo, que en campaña diseminó la idea de que los petristas y “castrochavistas” se caracterizaban por quererlo todo gratis y sin trabajar.

Movidos por ese respaldo otorgado en las urnas y proveniente (quien lo diría) desde los sectores con mayores necesidades básicas insatisfechas y precariedad en sus condiciones de vida, el actual gobierno ha emprendido el más feroz desmonte de todo aquello que caracteriza o distingue a un Estado Social de Derecho: Usar los impuestos en atender y satisfacer las necesidades de sus ciudadanos más pobres.

Convencidos, o legitimados como se diría desde la ciencia política, de contar con el apoyo y la capacidad de sacrificio hasta el estoicismo de los más pobres, se anuncia que los estudiantes más talentosos de los sectores más pobres ya no podrán ir a la Universidad: Ni a la pública ni a la privada

El anuncio no toma por sorpresa a nadie. A pesar de que “él que dijo Uribe” pronetió en campaña que el programa seguiría, ya antes había dado claras y evidentes muestras de que lo que dijo antes de ser elegido tenía un solo propósito: pescar en el río revuelto de los colombianos con menores niveles de educación y por tanto más incautos. Es el país que les conviene; uno donde la ignorancia, que tantos votos da, no se erradique.

Ya antes, desde la “casa de Nari”, como la llamaban en épocas del paramilitar “Job”, se habían anunciado recorte a los subsidios de los servicios públicos (encarecimiento); extensión del IVA a todos los productos de la canasta familiar (carestía), disminución de los impuestos a los más ricos, aumento de la edad para pensionarse y un largo etcétera, sin que ni siquiera hayan transcurrido 100 días de gobierno

A lo que si no le “jala” el uribismo, es a la lucha frontal contra la corrupción. SER PILO PAGA desaparece porque no hay la voluntad para sacar 2 o 3 billones del presupuesto para mantenerlo y mucho menos para garantizar y permitir, como era lo deseable, el acceso de todos nuestros jóvenes a una universidad pública gratuita y de calidad como lo proponía el contenedor de Duque en segunda vuelta

Para el Uribismo es muy fácil desaparecer SER PILO PAGA. Lo que si no están dispuestos a desaparecer o a perseguir es SER PILLO PAGA, el programa de la corrupción que se roba de nuestros impuestos 50 billones anuales; los mismos que servirían para garantizar necesidades públicas como la educación y la salud durante muchísimos años a todos los colombianos.

Que se le va a hacer. Los niños se crean amigos imaginarios. Los uribistas, menores de edad desde el punto de vista mental, es decir, en términos kantianos, se crean un enemigo externo para auto atemorizarse y sentir o convencerse que al desacertar en sus acciones y decisiones están haciendo lo correcto. Los resultados poco a poco afloran. El enemigo no estaba en el cuarto de al lado. Los uribistas pobres están descubriendo que han alimentado y están como en la película “Durmiendo con el enemigo” y recibiendo, como lógica consecuencia, puñaladas por la espalda de un sádico insaciable y despreciable sin ningún sentido de humanidad