¿Sicariato moral de parte de un ministro?

FB_IMG_1537054447031

Quizás no haya nada más grave y peligroso en una sociedad que la intemperancia o, como diría un amigo, la incontinencia verbal. El peligro, como es obvio pensarlo, se incrementa en niveles superlativos cuando el intemperante es precisamente uno de quienes deberían dar ejemplo de civilidad y tramitación inteligente de los conflictos.

El ministro de defensa, Guillermo Botero, habló sobre la protesta social y no pudieron ser más desafortunadas sus declaraciones. Se esperaría algo diametralmente diferente de quién, por su cargo, debería estar llamado a pensar que su deber esencial debe ser la protección de la vida, honra y bienes de todos los colombianos, sin excepción.

Sin embargo, su pronunciamiento, que tuvo el propósito de deslegitimar la protesta social y a sus actores (los líderes sociales) al ligar las motivaciones de la misma no a problemas estructurales (como por ejemplo la ausencia histórica del Estado) sino a propósitos y “financiación de mafias”, colocó una lápida en quienes ya vienen siendo objeto selectivo de persecución y aniquilamiento sistemático.

FB_IMG_1537059253172

Debería ser un principio de sindéresis, que ningún alto dignatario del estado incurriera en la ‘tentación’ de declarar a los medios haciendo generalizaciones a priori y por tanto sindicaciones irresponsables y sin sustento probatorio.

En Colombia ha hecho carrera, a fuerza de durísimas y dolorosas experiencias, la frase de que a los perpetradores de crimenes, anteceden los sicarios morales. Estos últimos a través de herramientas deleznables como la injuria y la calumnia preparan el terreno para que nadie se extrañe de la muerte de quienes son abatidos por siniestras organizaciones de la muerte.

Incluso, a veces la labor de los sicarios morales no termina con la legitimación o el otorgamiento de un “pretexto perfecto” para la ejecución de la víctima. Incluso se revictimiza apelando a expresiones como la tristemente célebre frase de “buen muerto”, empleada por quien ocupó la más alta dignidad pública.

Ojalá las declaraciones de Botero no contribuyan a exacerbar la muerte de los líderes sociales, por vía de envalentonar a los sicarios materiales para actuar.

El país nacional agradecería más del ministro y del gobierno que en lugar de hablar antes de pensar, se desarticulen los escuadrones de la muerte que han hecho de Colombia una zona franca sicarial.

Sexo en los salones: verdades y mentiras de una reciente sentencia judicial

Screenshot_20180915-165537~2

Los colombianos tenemos un grave problema: No nos gusta leer. Los libros no están entre nuestros “artículos” de primera necesidad y las redes sociales han sustituido hasta la lectura de la prensa.

Más grave aún, en la lectura de las noticias, con la intermediación de las redes, creemos que con el solo ejercicio de leer el titular nos es suficiente para estar “informados” y obviamos que muchos de los titulares están diseñados solo para llamar la atención y generar ‘clics’ y ‘me gusta’ y, además, que escasas veces guardan relación con el contenido mismo de la noticia.

FB_IMG_1537036258036

Por ello somos cada vez más una sociedad descriteriada y manipulable, que no busca ni atiende a razones y qué se guía por emociones (muy primarias por cierto) con las que nos creemos con la autoridad de emitir “juicios” y “opiniones” sobre los más diversos temas.

El caso más reciente que ilustra lo antes dicho,, es el del fallo de la Corte que ha llevado a más de un desprevenido “lector” a dar por cierto, que esa alta corporación de justicia avaló el sexo de estudiantes en las aulas de clase, situación frente a la que muchos salen a rasgarse las vestiduras y muy seguramente, si alguien los convocara a marchar, hasta lo harían y sin saber ni por qué caminan y gritan desaforadamente.

Lo cierto sobre las noticias, memes y caricaturas que circulan en las redes es que se trata de una errada interpretación de una decisión judicial plasmada en un (por no llamarlo amarillista) muy mal titular de prensa que las redes se encargaron de multiplicar.

Aunque los medios no se toman el trabajo de indagar a fondo, la Corte puso reparos fue a la no gradualidad y a la desproporción en la medida adoptada por el colegio frente a una evidente falta disciplinaria.

Lo que ha cuestionado el máximo tribunal constitucional del país, es que el colegio optó por lo punitivo en lugar de lo formativo y se excedió en la medida adoptada, lo que comporta o resulta violatorio del derecho fundamental al debido proceso que asiste a todo ciudadano, sea adulto o no y ejercite o no su vida sexual.

Además, no hay que olvidar que es un fallo en sede de revisión de tutela, por lo tanto, lo decidido (la ratio decidendi) no tiene efectos erga omnes (para todos el mundo) sino solo efectos inter partes. Es decir, solo tiene efectos vinculantes (obligatorios)) para los accionantes (afectados con una expulsión) y para la parte accionada (colegio).

En ningún caso, puede pues interpretarse que la Corte Constitucional legalizó el sexo en las aulas o dejó tal conducta al margen de ser sancionada, eso sí, con observancia plena de las garantías que tiene todo ciudadano. La Corte ordenó el reintegro de los expulsados, pero para que su proceso se reabra y se tenga en cuenta lo que no se tuvo: atenuantes y derechos, porque toda persona tiene derecho a ser juzgado justamente.