Los ESTUDIANTES: Personajes del año

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Aún a costa de la pérdida de sus vidas y de sus semestres no se rindieron. Muy a pesar de una injusta estigmatización por medios afines al gobierno se mantuvieron en paro reivindicando el derecho a la educación universitaria.

Lograron colocar en el centro de la discusión publica el tema de la financiación de la educación superior y le ganaron el pulso a un gobierno que se valió de la más feroz represión para acallarlos.

Lograron el reconocimiento (no aceptado y/o desconocido) de la crisis de fondo y/o estructural de la educación superior en el país.

Aplazaron, por lo menos temporalmente, los propósitos ciertos de asfixia presupuestal de la educación superior con propósitos de cierre y privatización.

Impulsaron la más amplia movilización nacional en defensa de la educación superior de que se tenga conocimiento en las últimas décadas, logrando la solidaridad y vinculación al movimiento de amplios sectores de la sociedad, incluyendo (en un hecho sin precedentes) a estudiantes de universidades privadas del país.

Sembraron la esperanza en el país del recambio generacional y el sueño de que a corto plazo se pueda materializar la superación de la corrupción, la politiqueria, la guerra y la muerte.

Reivindicaron a Jaime Garzón y no hicieron vana ni su muerte ni su frase célebre en la que les expresó: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos. ¡Nadie!”.

Por todo lo anterior, los estudiantes son nuestros personajes del año

Tras 12 años: Que respondan ante la JEP o la CPI los responsables del sufrimiento de dos padres

IMG-20181227-WA0003Denegación de justicia es el término exacto que describiría el suplicio que han debido vivir dos padres de familia colombianos frente a la muerte, en extrañas circunstancias, de su hijo, un militar colombiano, en desarrollo del conflicto armado.

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Ello ameritaría, hoy y de oficio, la intervención de la Justicia Especial para la Paz -JEP- y/o de la Corte Penal Internacional -CPI- si persiste por parte de todos los organismos nacionales encargados de administrar justicia la evasión de sus responsabilidades institucionales en esclarecer la verdad y dar respuestas sobre lo que realmente aconteció.

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Raúl Antonio Carvajal Pérez y Oneida Londoño son los nombres de estos atribulados padres que doce años después siguen sin respuesta oficial alguna frente a las circunstancias que determinaron la muerte de su hijo.

Raúl Antonio Carvajal Londoño era cabo primero del ejército y fue asesinado el 8 de octubre de 2006 en un aparente y no esclarecido combate que sostuvieron con la columna móvil Arturo Ruiz de las FARC, en el sitio Alto de la Virgen (entre los municipios de Tibú y El Tarra en Norte de Santander), soldados adscritos para la fecha a la Unidad Destructor Uno de la Brigada Treinta de la Segunda División del Ejército quienes actuaban en desarrollo de la Operación Serpiente bajo la dirección operativa del teniente Dimir Yamith Pardo Peña. En los hechos también pereció el soldado José López Ardila.

Curiosamente para los días de los hechos Carvajal Londoño estaba, de acuerdo al relato de su padre, enfermo en el Batallón de Infantería Antonio Ricaurte de Bucaramanga y fue trasladado en helicóptero hasta el sitio donde se produjo su deceso por órdenes del Coronel Álvaro Diego Tamayo Hoyos, quien fue edecán del ex presidente de la República Álvaro Uribe Vélez y fue acusado por un fiscal de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario por la muerte, el 7 de diciembre del 2007, de Camilo Andrés Valencia, uno de los jóvenes de Soacha, Cundinamarca, víctimas de falsos positivos en Ábrego, Norte de Santander.

Algunos días antes de su muerte (septiembre de 2006), Carvajal Londoño se había comunicado telefónicamente con su familia para expresarles que tenían un nuevo nieto y para contarles su malestar e incomodidad porque según les relató se había negado a participar en el ajusticiamiento de unos campesinos para presentarlos falsamente como guerrilleros dados de baja en combate, en lo que más tarde se conocería como la política de los “falsos positivos”.

A la larga cadena de extrañas circunstancias de la muerte del militar se suma que los dictámenes médicos indican que el disparo que ocasionó su muerte se produjo a corta distancia lo que descarta la versión de un tiro propinado por un francotirador de la guerrilla.

También genera dudas sobre la versión oficial de los hechos la negativa de las autoridades municipales de El Tarra, la Personería y el comandante de la estación de Policía en el lugar, intendente Pedro Miguel Mendoza Álvarez, quienes
certificaron que entre el 5 y el 12 de octubre de 2006 no se presentó ningún hecho irregular en esa zona ni se registró ningún hecho de alteración de orden público entre el Ejército Nacional y grupos al margen de la ley.

El adolorido Raúl Antonio Carvajal Pérez no se ha andado con rodeos y con eufemismos. Lo ha dicho claro: Su hijo fue asesinado por elementos del propio ejército por negarse a participar de los falsos positivos. Lo ha expresado en entrevistas y se ha atrevido incluso a encarar a Álvaro Uribe y responsabilizarlo de frente por su desgracia. Sin embargo, ni la justicia penal militar ni la ordinaria (Fiscalía, Procuraduría, Defensoría) le dan respuestas. ¿Se las otorgará la Justicia Especial para la Paz en vida? o ¿tocará que intervenga la Corte Penal Internacional para determinar y sancionar responsables?

¿Armas para civiles o armas para militares? El límite entre las vías del derecho y las de hecho

De la época de Pablo Escobar Gaviria quedó una impronta para el país que no ha podido superarse: La de la mentalidad traqueta, esa en cuya lógica no existe manera diferente de resolver problemas que a través de la utilización de las armas en función de suprimir o aniquilar al que piensa diferente o se opone a los “negocios”.

En Colombia el proyecto político que mejor encarna esa suerte de mentalidad o lógica primaria es el uribismo que, curiosamente, surge en el mismo espacio geográfico del cartel de Medellín. Su máximo exponente, el ex presidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez es tristemente recordado por el episodio donde colérico y en su condición de jefe de Estado usó la frase que simboliza mejor esta manera irracional de resolución de conflictos: “si lo veo le voy a dar en la cara marica”.

Por eso quizás, alrededor del Centro Democrático se agrupan por identidad o afinidad todos quienes ven como única vía válida de relacionarse con quienes piensan diferente la violencia. En redes sociales pululan los trinos de partidarios de ese sector “político” profiriendo amenazas e incluso videos que registran a sus militantes pasando de las palabras a los hechos de agresión.

Uribe y el uribismo, esa suerte de cohesionada secta política con peligrosos tintes de fanatismo religioso, siempre que estén frente a la posibilidad de escoger entre la “fuerza de la razón” y la “razón de la fuerza bruta”, optarán por la segunda opción y desecharán la primera. Por eso no es de extrañar que su ejercicio político gire en torno siempre a atizar los ánimos, los conflictos, la guerra, el uso de armas y de violencia y la justicia por propia mano.

Por ello, su reacción ilógica frente al desarme de las FARC -como uno de los mayores factores de violencia y muerte en el país- fue su oposición irracional y la natural incomodidad que los motiva a emprender todos los esfuerzos necesarios para retrotraernos a la barbarie o por llevarnos a nuevas guerras (internas o externas), porque la muerte, más allá de ser uno de sus más rentables negocios, pareciera ser lo único que los estimula y los hace sentir vivos. Necropolítica como máxima expresión de disociación psicótica y de transtorno psiquiátrico sin dudas.

En todo este torbellino de demencia no es de extrañar entonces que a los uribistas les genere fastidio la existencia de normas que prohíban la tenencia, porte y uso de armas en un país tan intolerante que, incluso, en cada celebración o festividad el saldo de las autoridades es de muchísimas personas muertas o lesionadas con armas de fuego como producto de riñas callejeras.

Respecto a las armas, causa hilaridad que poco después de que Uribe (actuando como verdadero jefe de gobierno y de Estado) anunciara en twitter un parágrafo que burla en la práctica la prohibición de esos instrumentos de muerte, el presidente formal de los colombianos anunciara la firma del Decreto 2362 de 2018 que a discrecionalidad del Ministro de Defensa puede otorgar autorizaciones especiales para el uso de armas, casi que con seguridad a “personalidades” afines al uribismo.

Con ello, aunque se hable de “monopolio de las armas” para el Estado y sus agentes, se renuncia de nuevo al mismo y se hace un reconocimiento de que el Estado y las autoridades, instituidas para salvaguardar la vida y bienes de todos los ciudadanos, son incapaces de hacerlo y que (como en el viejo oeste norteamericano) cada quien debe su propia seguridad en la lógica perversa de que sobreviva el que desenfunde primero el arma.

Vamos de retroceso en retroceso renunciando a la civilización y reencaminándonos hacia la barbarie por cuenta del uribismo. En momentos así es inevitable recordar el genio de Jaime Garzón, asesinado precisamente por los intolerantes en el poder, cuando en un mordáz juego de palabras decía de Uribe que no sabía si la “guerra era para civiles o para militares”

Suárez: ¿Desechar todo lo anterior o hacer una transición no traumática en Junior?

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Junior deleitó con su fútbol no solo a Colombia sino a América. Bastaba escuchar los elogios de los comentaristas extranjeros de Fox para entenderlo. Más allá de su reiterada práctica de dejar siempre futbolistas jóvenes como realidades y activos del club, Comesaña deja una idea de juego que sedujo hasta a los más duros críticos del país como Carlos Antonio Vélez.

Por eso, Luis Fernando Suárez, cuya renuncia en Equidad se produjo al igual que la de todo su equipo de colaboradores debería entender, que, más allá de conocer conceptos futbolísticos, para triunfar en Junior se requiere conocer el medio y la idiosincrasia de la gente.

Salvo Marlon Piedrahita y, por momentos, Sebastián Hernández y Yony González , este Junior tuvo también otra característica decisiva en la consecución del título y que la afición no quiere que se pierda: la utilización de costeños en la base titular del equipo. Nombres como Gómez (Ditta), Pérez, Fuentes, Narváez, Sánchez, Cantillo, Barrera, Díaz, Gutiérrez y Viera (que se nos barranquillerozó) hablan de otra idea, que merece continuidad y que no es del técnico que se va pues en honor a la verdad, Comesaña la retomó de Alexis Mendoza.

Tras los anuncios de cuál será el cuerpo técnico de Luis Fernando Suárez, preocupa que no se quede el uruguayo Jorge Franco en la preparación física del equipo (pese a no haberse ido con Julio) y, más grave aún, que se desista de los servicios de un hombre del patio, de ascendencia y respeto dentro del grupo y conocedor del fútbol, del medio y de la institución como nadie: Luis Ernesto Grau

Parte de Junior desde sus 16 años y finalista en 1980 (Campeón), 1982, 1983, 1993 (Campeón), 1995 (Campeón) y ahora también campeón como asistente técnico en 2018, Grau es uno de los personajes claves y uno de los hombres del patio y exjugadores que más sabe de fútbol al lado de Javier Castell.

Sin demeritar a Armando “piripi” Osman, Luis Fernando Suárez, si es un hombre inteligente, como no nos cabe duda que lo es, debería no solo hacer el empalme con Grau, sino ampliar su cuerpo de asesores técnicos y dejarlo dentro de un necesario proceso de transición.

Hay que aprender de experiencias anteriores. Ya en Junior antes estuvieron otros técnicos paisas con grandes pergaminos y a excepción de Carlos “piscis” Restrepo (que estuvo respaldado por el Pibe, Pacheco, Mackenzie y Valenciano) ninguno triunfó al partir de no reconocer que Barranquilla y Junior son ‘otro cuento’. Ya técnicos de buen nombre como Sachi Escobar y Alexis García pasaron por Junior y se fueron sin pena ni gloria.

Los barranquilleros respaldamos y esperamos mucho de Suárez pero, debemos confesarlo, los anuncios de arranque no han sido buenos en cuanto a la confirmación del cuerpo técnico y ya en Barranquilla estamos lo suficientemente crecidos como para aceptar que a Junior nos lo conviertan en un nuevo Shopping* que cumpla la función de proveer empleo a paisas pasando por encima de nuestra gente.

*El Shopping es un centro comercial de los paisas que provee empleo en su mayoría a antioqueños

Las verdaderas razones por las que Comesaña se fue del Junior (videos)

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Comesaña había tomado y anunciado públicamente decisiones trascendentales para su vida y la de su familia: Se radicaría a vivir en Barranquilla y estaba a la espera, como tantas otras veces, de arreglar con Junior. El arreglo no dependía del aspecto económico como muchos podrían pensar. A su edad prefiere la tranquilidad de trabajar en un medio al que conoce que ir a empezar de cero a otra parte.

Que se quedara dependía más de que se le tratara con respeto y se le diera el lugar que con su historia se ha forjado y ganado en el club. En otras palabras esperaba que esta vez sí se le respetara y valorara. Sin embargo, se repitió la historia: otra vez hubo indelicadezas en el trato.

Pasó Igual que en diciembre 5 de 2017 cuando mientras a las 5:55 PM ya Antonio había arreglado con Julio, su hermano Alex cometió la imprudencia de anunciar en un trino de twitter a Alexis Mendoza a las 7:27 PM y no le dejó más opción al colombo uruguayo, que dar un paso al costado. Después todos conocen la historia, Alexis fracasó y en abril de 2017
Julio retornó y retomó un proceso que no ha debido interrumpir nunca .

Esta vez, el club aún no se había reunido con Comesaña y ya se decía en medios, filtrado por allegados a Junior y al alcalde, que Luis Fernando Suárez sería el reemplazo del timonel tiburón. Comesaña decidió declinar la propuesta de Junior. Aunque por decoro y respeto no se refirió al tema, su decisión se debió a lo que ofreció Junior y no respecto a dinero sino a respeto por la continuidad de un proceso y de una idea de juego.

Mientras Colón de Santa Fe ofreció a un entrenador desconocido para el medio argentino año y medio de contrato, Junior solo ofreció un año, lo que ni más ni menos es algo que equivale a decir que a pesar de los resultados continuamos sin creer en un proceso que dio títulos, dividendos económicos, prestigio y, sobre todo, con el que se potenció la cantera y se le dejaron importantes activos (futbolistas jóvenes) al club. Eso, y no asuntos económicos molestaron a Comesaña, que como bien lo ha dicho Iván René Valenciano, nunca ha sido suficientemente valorado y respaldado por las directivas de Junior.

De todo esto queda en claro que los dueños y directivos de Junior no aprenden. Ad portas de una Libertadores prefieren arrancar de cero, improvisar y arriesgar que darle continuidad, insistimos, a una forma de jugar y a un proceso exitoso que bien se merecía ser apoyado y continuado. Con la no continuidad de Comesaña se pierde no solo a un técnico sino a un preparador físico como Jorge Franco que hizo una labor impecable.

En Junior infortunadamente las cosas marchan al revés, mientras a Comesaña, el técnico más ganador en la historia del club y el que más jugadores ha puesto a debutar, llevándolos, consolidandolos y potenciándolos desde las inferiores (cantera) se le niega un contrato que por lo menos iguale al de Colón de Santa Fe, a un técnico paisa y perdedor en Junior como Alexis García, se le brindó en su momento un respaldo por parte del dueño del equipo, que jamás se les dio a otros técnicos, como Alexis Mendoza, Alberto Gamero, Giovanni Hernández y Julio Comesaña, que por el contrario fueron maltratados e irrespetados en Junior.

A Suárez, sin ocultar sus capacidades, le corresponde la nada fácil labor de emular a Comesaña no solo en lo referente a resultados sino a practicar un fútbol vistoso para una afición exigente. Le deseamos éxitos y suerte.

Dejamos por lo pronto las palabras que Julio Comesaña debió y merecía escuchar de Fuad Char y que el máximo accionista del Junior consideró que eran más apropiadas para Alexis García,

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Carta abierta a los directivos de Junior

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Apreciados y respetados señores.

La clave de haber llegado a dos finales simultáneas y de haber colocado como nunca antes el nombre de Junior de Barranquilla en lo más alto del fútbol suramericano se debe en gran parte a ustedes.

Terminada la campaña 2017 sin éxitos deportivos (más si económicos y futbolísticos), lo logrado en este 2018 se debió en gran parte a la determinación de (más allá de los resultados) proponerle a Comesaña que continuara. Al final el no aceptó y hubo necesidad de recurrir a Alexis Mendoza. Sin embargo, cuando los resultados no acompañaron a Alexis, se retomó el proceso con Julio. Ahí estuvo la llave del éxito. Mantener un grupo, una idea de juego y un técnico.

Lo que funciona no se toca. Por ello, no se puede volver atrás, a épocas de manejo indelicado de situaciones y decisiones como las que hicieron que Alexis renunciara y que Giovanni Hernández se enterara de su despido a través de medios de comunicación. Así no se hacen las cosas y de los errores hay que aprender.

Comesaña ya llegó a la ciudad, tiene contrato hasta diciembre 31 de 2018 y ofertas de Colón de Argentina y sin mayor esfuerzo se nota que más allá de lo económico quiere quedarse. Lo que se impone entonces, es que los dueños del equipo le den su lugar y lo inviten a reunirse con el objetivo puesto en darle continuidad a un proceso exitoso y a afrontar los retos que se vienen (de defensa del título e ir por la Libertadores). La experiencia no se improvisa ni se desprecia.

Solo después de dialogar y en el evento no deseable de no llegar a acuerdos, es que debe pensarse (pero jamás revelarse) otros nombres para la dirección técnica de Junior. Nombres pueden haber muchos, pero por respeto hacia Comesaña no debe mencionarse ninguno hasta que el propio Julio, como prioridad del club, descarte seguir.

Si Julio no continúa en la dirección técnica, hay que tratar de mantenerlo igual en un cargo como el de General Manager para que nos ayude a guiar procesos y a direccionar las inferiores permitiendo continuar con uno de sus mayores legados en el fútbol: sacar desde la cantera a los mejores para el profesionalismo.

Sino continúa, pero solo hasta entonces, si hay que pensar en hombres ligados a la historia del club y ganadores como Edgardo Bauza o en alternativas como Arturo Reyes, Luis Fernando Suárez o Jorge Luis Bernal.

El sorteo ayer del grupo de Copa Libertadores y conocer lo díficil que será por la calidad de los rivales competir de tú a tú, impone ante el país, la región y la ciudad la obligación para los directivos de seguir por la senda correcta, por el camino encontrado; lo que pasa por darle continuidad en el tiempo a un proceso y a una idea de juego que ha puesto el prestigio del club en un pináculo antes no alcanzado.

No se puede “después de matar al tigre tenerle miedo a la piel”. Las expectativas de la afición de la región y del país son altísimas ante Junior y no se puede ahora ser inferior a ellas. No se debe ni se puede ya pasar de la gloria al ridículo.

Hay que tratar en lo posible de mantener la nómina y estructura del equipo y, si se van jugadores, hay que invertir en figuras en los puestos claves: uno o dos delanteros de peso y con gol, un diez de alta categoría y otros refuerzos para el medio. Hay que dejar de concebir como gastos la inversión. El incremento de los premios por partido jugado y por ganar la Copa o llegar a instancias finales bien vale la pena. Junior se cotizó y la publicidad exhibida en su camiseta vale mucho. El equipo es una marca que hay que continuar posicionando.

Aparte de lo anterior, los directivos deben valorar el hecho que con lo alcanzado en este semestre, hay reconciliación con la afición. De la desesperanza por no ganar nada en 7 años se pasó a la ilusión de saber que se puede empezar a ser el más importante club de Colombia y uno de los más grandes de Suramérica. Vamos Junior! Vamos por Más!

Algunos elementos de juicio para un balance del reciente paro estudiantil

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Advertimos, en una carta que nos envían estudiantes de una de las Universidades Públicas del país y que hoy publicamos, una especie de desazón tras los acuerdos que el movimiento estudiantil firmó recientemente con el gobierno nacional.

Este tipo de sensaciones son lógicas y previsibles y suelen ocurrir cuando las metas y los propósitos que se persiguen son muy altos y también, valga reconocerlo, cuando los mecanismos democráticos que se emplean no son suficientes para que los diferentes actores que participen del paro se sientan partícipes de las decisiones que se adopten.

Sin embargo, más allá de la legitimidad de la natural molestia que sobreviene por las forma como el paro concluye, no hay que perder de vista todos los elementos positivos que quedan de esta gran y admirable movilización. Tratemos de enumerar algunos.

Primero, se logró colocar en el centro de la discusión publica el tema de la financiación de la educación superior y eso lo logró el estamento estudiantil.

Segundo, se logró el reconocimiento (no aceptado y/o desconocido) de la crisis de fondo y/o estructural de la educación superior en el país.

Tercero, se aplazaron, por lo menos temporalmente, los propósitos ciertos de asfixia presupuestal de la educación superior con propósitos de cierre y privatización. Este es un muy importante e inadvertido logró sobre todo si se tiene en cuenta que el interlocutor es un gobierno retardatario y marcadamente reaccionario lo que dificulta enormemente cualquier proceso de negociación.

Cuarto, y quizás lo mas importante, los estudiantes lograron la más amplia movilización nacional en defensa de la educación superior de que se tenga conocimiento en las últimas décadas, logrando la solidaridad y vinculación al movimiento de amplios sectores de la sociedad, incluyendo, en un hecho sin precedentes, a estudiantes de universidades privadas del país.

En este último punto queremos detenernos para explicitar que los estudiantes lograron demostrar que, si no se dejan llevar por la desesperanza y optan por persistir y mejorar lo organizativo, pueden llegar a ser un importante y decisivo factor de poder en el país.

Recalcamos: pueden llegar a ser. Son potencialmente un factor de poder. Quiénes no cuentan con la formación política deberían entender que no son gobierno ni poder para aspirar a obtener en un primer y único proceso de movilización nacional el 100% de sus propósitos como estamento.

Deberían igualmente entender que las diferencias y contradicciones son ineludibles y van a existir y a sobrevenir, pero que frente a las mismas, hay que aprender a tramitarlas democráticamente, sin canibalismo ni antropofagia, entendiendo que siempre hay que persistir e insistir en la unidad, a pesar de.las diferencias y que los verbos rectores del accionar tienen que ser sumar y multiplicar antes que restar y dividir. Optar por lo último, es trabajar del lado del establecimiento.

Por último, y sin que se entienda necesariamente como una invitación a la militancia partidista, los estudiantes deben entender que el problema de fondo de la universidad y del país es político. Tiene que ver con dos visiones antagónicas del manejo del estado y de conceptualización de lo público y que, además, no es esperable, ni del gobierno, ni del congreso, ni del mezquno poder económico y político del país, concesión alguna.

Los estudiantes como parte importante del constituyente primario deberían de alguna manera emular y trascender el papel del movimiento estudiantil por la séptima papeleta que dio origen a nuestra actual constitucion y plantearse ser factor decisivo y determinante en cambios estructurales y de fondo en el país. Recordando a Jaime Garzón:

“Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos. ¡Nadie!”.

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Nos escriben los estudiantes universitarios

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En los últimos años, pero sobre todo en los últimos días, pareciera existir una disputa a muerte por el reconocimiento de los estudiantes. Organizaciones estudiantiles que se auto-proclaman defensoras de los estudiantes y de la Universidad Pública en Colombia, parecen más preocupadas por sus propios intereses, quedando en un segundo plano los estudiantes y la Universidad Pública.

Este es el panorama en la mayoría de Universidades Públicas del país, pero en este articulo nos preocuparemos por explicar el caso concreto de la Universidad del Atlántico.

Esta última semana, después de que saliera la noticia sobre un acuerdo por parte del Gobierno Nacional y las Vocerías estudiantiles, distintas organizaciones estudiantiles y estudiantes de a pie han expresado su malestar con la firma de dicho acuerdo por parte de los voceros de la UNEES (plataforma que recoge 64 IES y 5 organizaciones sociales), a los que les dicen “vendidos” e incluso, llegan a igualarlos con otras organizaciones como Acrees y Fenares.

Nueve voceros de la UNEES firmaron el acuerdo so pretexto de ‘no perder lo logrado’ y con el ánimo inocente de mostrar resultados que dieran esperanza a los estudiantes, sin avizorar las críticas y las confusiones que se generarían. Si se analiza, el acuerdo en cifras es histórico, significativo, un logro sin discusión. El malestar descansa en el hecho de no haber sido socializado el acuerdo con las bases estudiantiles, en procesos asamblearios y de discusión. Esa es una discusión que tenemos (y debemos) dar en el menor tiempo posible.

Sin embargo, el objetivo de este artículo no es hacer juicios valorativos acerca del acuerdo, ni mucho menos cuestionar la inocencia y legitimidad de los voceros de la UNEES.

En estos momentos lo fundamental es develar lo que está pasando en la Universidad del Atlántico; el complot de algunas organizaciones estudiantiles, oportunistas y malintencionadas, por acabar política y moralmente al vocero nacional de la Universidad del Atlántico ante la UNEES, Juan Luis De la Hoz, quien en el marco de un dinamizador “ampliado” fue víctima de un “juicio político” grotesco, inmoral y oportunista, en el que el enjuiciado ni siquiera hacía presencia, pues no se encontraba en la ciudad de Barranquilla.

No se puede concebir que el ánimo de reconocimiento y posicionamiento político lleve a cometer tales actos de insensatez y oportunismo, máxime cuando la víctima del “juicio político” confiesa no haber firmado jamás el acuerdo, con lo que queda en claro que se prescindió de su presunción de inocencia y no se le otorgó ni siquiera el beneficio de la duda.

En estos momentos, después de haber concretado un acuerdo significativo e histórico para el movimiento estudiantil y el pueblo colombiano en general, se hace necesaria la estrecha unidad de todos los sectores democráticos, progresistas, de avanzada y revolucionarios que interactúan en nuestra Universidad. La unidad es fundamental para hacer seguimiento a la implementación de dichos acuerdos y, tampoco olvidemos que contra una administración politiquera no se puede luchar humanamente inconexos.

Es momento de reflexionar sobre el quehacer del movimiento estudiantil atlanticense, superponer los intereses organizativos en detrimento de los intereses y necesidades del estudiantado se constituye en un error, y por consiguiente en infantilismo. No perder la legitimidad, sino por el contrario, fortalecerla y ampliarla es un deber que tienen las organizaciones estudiantiles de la Universidad del Atlántico.

¡Unidad para vencer!

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¿Hasta cuando el ESMAD actuará impunemente en Colombia?

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Que se hayan dado a conocer, van por lo menos cuatro estudiantes que han recibido impactos de proyectiles en sus rostros por parte de miembros del ESMAD, en acciones que han comprometido sus vidas y hasta sus ojos. Algunos han quedado desfigurados como en el caso de un jóven que participaba en una protesta antitaurina en la capital del país.

Este tipo de comportamientos criminales no es aislado, incluso en alguna ocasión reciente, también en Bogotá, un mecánico que regresaba a su casa y accidentalmente pasaba por una protesta en la que no participaba fue impactado en la nuca por un proyectil de gas lacrimógeno que lo mató, como lo lograron demostrar sus familiares con vídeos de cámaras de seguridad del sector. Nadie respondió.

Indagando sobre orígenes de este cuerpo policial, nos encontramos con la sorpresa de que el llamado Escuadrón Móvil Antidisturbios ESMAD fue creado por el retardatario y reaccionario ex presidente conservador Andrés Pastrana Arango en 1999, con un carácter transitorio como el de tantas otras cosas en el país que gracias a nuestra amnesia y conformidad se volvieron permanentes (Ejemplo: el 4 por mil)

Cómo su nombre lo indica el ESMAD debería actuar en casos de disturbios para contener y no para, a través de policías infiltrados en la protesta social, generar disturbios y reprimir violenta y desmedidamente a los manifestantes. No obstante, es esto y muchas cosas aún peores las que hace, al punto de ser llamado y reconocido en las barriadas como
Escuadrón de Sicópatas Para Maltratar y Asesinar Disparando.

Y es que en los procesos de selección y adiestramiento que efectúa la Policía Nacional de Colombia pareciera ser que los criterios de escogencia fueran: No pensar (1), obedecer ciegamente (2), ser altos en relación con el promedio de estatura del país (3), carecer de escrúpulos y sentimientos al momento de actuar (4) y/o, más grave aún, no pasar una prueba psicológica de empatía y demostrar en la misma frialdad, inconmovilidad ante el dolor y sufrimiento ajenos y esa especie de gozo al infligir dolor a otro característico de los sádicos y psicópatas(5).

Ninguna persona en estado mental normal, se sobreentiende, debería experimentar placer en el dañar y lastimar a sus semejantes. Por ello, con las actuaciones del ESMAD surgen necesariamente varios interrogantes que deberían estar en el centro de la discusión publica:

¿Vivimos los colombianos en democracia o en dictadura? ¿La democracia se reduce al acto de votar o pueden los ciudadanos participar en las decisiones que los afectan? ¿Está garantizada o proscrita y criminalizada la protesta social? ¿Pueden los ciudadanos reunirse, asociarse, movilizarse y expresarse o les está prohibido y/o vedado? ¿Están las autoridades instituidas para garantizar la vida de los ciudadanos o para atentar contra la misma como valor supremo? ¿Existen o no existen límites para el uso legítimo de la fuerza por parte del Estado y de sus agentes?

Esta última pregunta cobra vital preponderancia si se tiene en cuenta que la fuerza debería solo ser utilizada en caso de oposición o agresión a la fuerza policial y solo con propósitos de neutralización y reducción, lo que no legítima una práctica ya común en Colombia en procesos policiales en donde aún en estado de indefensión o de sometimiento continúa usándose con brutalidad la fuerza, sin que se censuren o castiguen ejemplarizantemente este tipo de procedimientos arbitrarios e ilegales.

Sería conveniente, aún después de logrados acuerdos con los estudiantes y de levantado el paro que estos adelantan, que en nombre de la sangre derramada por Esteban Mosquera, Juan Sebastian, Keiry y tantos otros estudiantes más que murieron o fueron lesionados gravemente a manos del ESMAD se abriera el debate sobre cuál es el tipo de policía que requieren y se merecen los colombianos en épocas de postconflicto.

Roedores, vídeos y otros distractores: De Platón, los Sofistas y Maquiavelo al Centro Democrático

Algún desprevenido estudiante de bachillerato podría preguntarse y preguntar a su maestro, sin saber y sin imaginar que solo con sus cuestionamientos está en el punto de partida de lo que probablemente considera inútil, ¿Para qué sirve la filosofía? ¿Qué sentido práctico tiene saber sobre qué reflexionaron hace cientos de años y en otras latitudes otros seres humanos?

La respuesta que podría resultar dificultosa para quien asume dicha cátedra exegéticamente, esto es, apegado a repetir mecanicamente lo que otros dijeron sin un sentido práctico, bien podría adquirir sentido desde la hermenéutica, es decir desde un intento de comprensión y aplicabilidad prospectiva. En otras palabras, el sentido de la filosofía es posibilitar un análisis relacional que persigue encontrar nexos entre el pasado y el presente. Intentemos desarrollar comprensiblemente la idea con un ejemplo concreto:

A la par que se discuten, en el remedo de ágora que es el congreso, temas sensibles para el país como el de una ley de financiamiento que esconde y disfraza una reforma tributaria regresiva y lesiva para el bolsillo de las mayorías pobres del país y que se debaten otros asuntos no menos importantes como el control estatal sobre redes sociales y la persecución a medios de comunicación no afines al gobierno de turno (con sabor a censura y dictadura) o, peor aún, iniciativas que atentan contra el proceso de paz, paradójicamente los titulares de prensa centran su atención y dirigen la opinión hacia un hecho irrelevante como el de unos ratones que les fueron lanzados a unos congresistas.

Inmediata e irremediablemente es imposible dejar de pensar y de relacionar lo ocurrido con filosofía y, justo ahi, emerge el recuerdo del Mito de la Caverna de Platón, la mentira y el engaño que caracterizaban a los sofistas en su pretensión de desviar a través de la oratoria la preocupación sobre lo esencial (la búsqueda de la verdad) y las reflexiones de Maquiavelo que anteponía a lo concreto (el ser humano), lo abstracto (el estado) y que, además, encontraba como lícito lo que no lo era en función a “intereses superiores” y casi que no terrenales (El fin justifica los medios).

Primero, a través de un vídeo de Petro irrelevante se desvió la atención sobre los ‘peces gordos’ implicados en el caso Odebrecht y ahora son, curiosamente otro tipo de roedores, los usados para enmascarar temas de fondo y de verdadera relevancia nacional. Se enmascara lo importante con lo superfluo.

Los colombianos vivimos sujetos en una especie de inmensa caverna cuyo telón son los medios o miedos masivos de comunicación, hábiles para proyectar sombras y ecos que nos distraen y nos impiden ver la realidad verdadera de lo que ocurre a nuestras espaldas.

Estamos gobernados por hábiles hombres que se valen de toda suerte de artificios y de sofismas de distracción para no ser expuestos como lo que son: mentirosos que sin ningún escrúpulo son capaces de hacer lo que sea necesario (lícito o ilícito) para perpetuarse en el poder y usufructuar de el.

En ese contexto tocaría hacer un llamado de atención: No nos dejemos distraer mas. Dejemos de mirar sombras y fijemos nuestros sentidos más bien en lo que esconden las sombras distractoras y en develar la verdad y sacar a la luz, a nuestra luz conceptual, la ‘calidad’ de hombres y mujeres que durante varios siglos nos han malgobernado y engañado. Atendamos más al fondo que a la formas. Esa es nuestra tarea.