Roedores, vídeos y otros distractores: De Platón, los Sofistas y Maquiavelo al Centro Democrático

Algún desprevenido estudiante de bachillerato podría preguntarse y preguntar a su maestro, sin saber y sin imaginar que solo con sus cuestionamientos está en el punto de partida de lo que probablemente considera inútil, ¿Para qué sirve la filosofía? ¿Qué sentido práctico tiene saber sobre qué reflexionaron hace cientos de años y en otras latitudes otros seres humanos?

La respuesta que podría resultar dificultosa para quien asume dicha cátedra exegéticamente, esto es, apegado a repetir mecanicamente lo que otros dijeron sin un sentido práctico, bien podría adquirir sentido desde la hermenéutica, es decir desde un intento de comprensión y aplicabilidad prospectiva. En otras palabras, el sentido de la filosofía es posibilitar un análisis relacional que persigue encontrar nexos entre el pasado y el presente. Intentemos desarrollar comprensiblemente la idea con un ejemplo concreto:

A la par que se discuten, en el remedo de ágora que es el congreso, temas sensibles para el país como el de una ley de financiamiento que esconde y disfraza una reforma tributaria regresiva y lesiva para el bolsillo de las mayorías pobres del país y que se debaten otros asuntos no menos importantes como el control estatal sobre redes sociales y la persecución a medios de comunicación no afines al gobierno de turno (con sabor a censura y dictadura) o, peor aún, iniciativas que atentan contra el proceso de paz, paradójicamente los titulares de prensa centran su atención y dirigen la opinión hacia un hecho irrelevante como el de unos ratones que les fueron lanzados a unos congresistas.

Inmediata e irremediablemente es imposible dejar de pensar y de relacionar lo ocurrido con filosofía y, justo ahi, emerge el recuerdo del Mito de la Caverna de Platón, la mentira y el engaño que caracterizaban a los sofistas en su pretensión de desviar a través de la oratoria la preocupación sobre lo esencial (la búsqueda de la verdad) y las reflexiones de Maquiavelo que anteponía a lo concreto (el ser humano), lo abstracto (el estado) y que, además, encontraba como lícito lo que no lo era en función a “intereses superiores” y casi que no terrenales (El fin justifica los medios).

Primero, a través de un vídeo de Petro irrelevante se desvió la atención sobre los ‘peces gordos’ implicados en el caso Odebrecht y ahora son, curiosamente otro tipo de roedores, los usados para enmascarar temas de fondo y de verdadera relevancia nacional. Se enmascara lo importante con lo superfluo.

Los colombianos vivimos sujetos en una especie de inmensa caverna cuyo telón son los medios o miedos masivos de comunicación, hábiles para proyectar sombras y ecos que nos distraen y nos impiden ver la realidad verdadera de lo que ocurre a nuestras espaldas.

Estamos gobernados por hábiles hombres que se valen de toda suerte de artificios y de sofismas de distracción para no ser expuestos como lo que son: mentirosos que sin ningún escrúpulo son capaces de hacer lo que sea necesario (lícito o ilícito) para perpetuarse en el poder y usufructuar de el.

En ese contexto tocaría hacer un llamado de atención: No nos dejemos distraer mas. Dejemos de mirar sombras y fijemos nuestros sentidos más bien en lo que esconden las sombras distractoras y en develar la verdad y sacar a la luz, a nuestra luz conceptual, la ‘calidad’ de hombres y mujeres que durante varios siglos nos han malgobernado y engañado. Atendamos más al fondo que a la formas. Esa es nuestra tarea.

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