Carta abierta a los directivos de Junior

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Apreciados y respetados señores.

La clave de haber llegado a dos finales simultáneas y de haber colocado como nunca antes el nombre de Junior de Barranquilla en lo más alto del fútbol suramericano se debe en gran parte a ustedes.

Terminada la campaña 2017 sin éxitos deportivos (más si económicos y futbolísticos), lo logrado en este 2018 se debió en gran parte a la determinación de (más allá de los resultados) proponerle a Comesaña que continuara. Al final el no aceptó y hubo necesidad de recurrir a Alexis Mendoza. Sin embargo, cuando los resultados no acompañaron a Alexis, se retomó el proceso con Julio. Ahí estuvo la llave del éxito. Mantener un grupo, una idea de juego y un técnico.

Lo que funciona no se toca. Por ello, no se puede volver atrás, a épocas de manejo indelicado de situaciones y decisiones como las que hicieron que Alexis renunciara y que Giovanni Hernández se enterara de su despido a través de medios de comunicación. Así no se hacen las cosas y de los errores hay que aprender.

Comesaña ya llegó a la ciudad, tiene contrato hasta diciembre 31 de 2018 y ofertas de Colón de Argentina y sin mayor esfuerzo se nota que más allá de lo económico quiere quedarse. Lo que se impone entonces, es que los dueños del equipo le den su lugar y lo inviten a reunirse con el objetivo puesto en darle continuidad a un proceso exitoso y a afrontar los retos que se vienen (de defensa del título e ir por la Libertadores). La experiencia no se improvisa ni se desprecia.

Solo después de dialogar y en el evento no deseable de no llegar a acuerdos, es que debe pensarse (pero jamás revelarse) otros nombres para la dirección técnica de Junior. Nombres pueden haber muchos, pero por respeto hacia Comesaña no debe mencionarse ninguno hasta que el propio Julio, como prioridad del club, descarte seguir.

Si Julio no continúa en la dirección técnica, hay que tratar de mantenerlo igual en un cargo como el de General Manager para que nos ayude a guiar procesos y a direccionar las inferiores permitiendo continuar con uno de sus mayores legados en el fútbol: sacar desde la cantera a los mejores para el profesionalismo.

Sino continúa, pero solo hasta entonces, si hay que pensar en hombres ligados a la historia del club y ganadores como Edgardo Bauza o en alternativas como Arturo Reyes, Luis Fernando Suárez o Jorge Luis Bernal.

El sorteo ayer del grupo de Copa Libertadores y conocer lo díficil que será por la calidad de los rivales competir de tú a tú, impone ante el país, la región y la ciudad la obligación para los directivos de seguir por la senda correcta, por el camino encontrado; lo que pasa por darle continuidad en el tiempo a un proceso y a una idea de juego que ha puesto el prestigio del club en un pináculo antes no alcanzado.

No se puede “después de matar al tigre tenerle miedo a la piel”. Las expectativas de la afición de la región y del país son altísimas ante Junior y no se puede ahora ser inferior a ellas. No se debe ni se puede ya pasar de la gloria al ridículo.

Hay que tratar en lo posible de mantener la nómina y estructura del equipo y, si se van jugadores, hay que invertir en figuras en los puestos claves: uno o dos delanteros de peso y con gol, un diez de alta categoría y otros refuerzos para el medio. Hay que dejar de concebir como gastos la inversión. El incremento de los premios por partido jugado y por ganar la Copa o llegar a instancias finales bien vale la pena. Junior se cotizó y la publicidad exhibida en su camiseta vale mucho. El equipo es una marca que hay que continuar posicionando.

Aparte de lo anterior, los directivos deben valorar el hecho que con lo alcanzado en este semestre, hay reconciliación con la afición. De la desesperanza por no ganar nada en 7 años se pasó a la ilusión de saber que se puede empezar a ser el más importante club de Colombia y uno de los más grandes de Suramérica. Vamos Junior! Vamos por Más!

Algunos elementos de juicio para un balance del reciente paro estudiantil

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Advertimos, en una carta que nos envían estudiantes de una de las Universidades Públicas del país y que hoy publicamos, una especie de desazón tras los acuerdos que el movimiento estudiantil firmó recientemente con el gobierno nacional.

Este tipo de sensaciones son lógicas y previsibles y suelen ocurrir cuando las metas y los propósitos que se persiguen son muy altos y también, valga reconocerlo, cuando los mecanismos democráticos que se emplean no son suficientes para que los diferentes actores que participen del paro se sientan partícipes de las decisiones que se adopten.

Sin embargo, más allá de la legitimidad de la natural molestia que sobreviene por las forma como el paro concluye, no hay que perder de vista todos los elementos positivos que quedan de esta gran y admirable movilización. Tratemos de enumerar algunos.

Primero, se logró colocar en el centro de la discusión publica el tema de la financiación de la educación superior y eso lo logró el estamento estudiantil.

Segundo, se logró el reconocimiento (no aceptado y/o desconocido) de la crisis de fondo y/o estructural de la educación superior en el país.

Tercero, se aplazaron, por lo menos temporalmente, los propósitos ciertos de asfixia presupuestal de la educación superior con propósitos de cierre y privatización. Este es un muy importante e inadvertido logró sobre todo si se tiene en cuenta que el interlocutor es un gobierno retardatario y marcadamente reaccionario lo que dificulta enormemente cualquier proceso de negociación.

Cuarto, y quizás lo mas importante, los estudiantes lograron la más amplia movilización nacional en defensa de la educación superior de que se tenga conocimiento en las últimas décadas, logrando la solidaridad y vinculación al movimiento de amplios sectores de la sociedad, incluyendo, en un hecho sin precedentes, a estudiantes de universidades privadas del país.

En este último punto queremos detenernos para explicitar que los estudiantes lograron demostrar que, si no se dejan llevar por la desesperanza y optan por persistir y mejorar lo organizativo, pueden llegar a ser un importante y decisivo factor de poder en el país.

Recalcamos: pueden llegar a ser. Son potencialmente un factor de poder. Quiénes no cuentan con la formación política deberían entender que no son gobierno ni poder para aspirar a obtener en un primer y único proceso de movilización nacional el 100% de sus propósitos como estamento.

Deberían igualmente entender que las diferencias y contradicciones son ineludibles y van a existir y a sobrevenir, pero que frente a las mismas, hay que aprender a tramitarlas democráticamente, sin canibalismo ni antropofagia, entendiendo que siempre hay que persistir e insistir en la unidad, a pesar de.las diferencias y que los verbos rectores del accionar tienen que ser sumar y multiplicar antes que restar y dividir. Optar por lo último, es trabajar del lado del establecimiento.

Por último, y sin que se entienda necesariamente como una invitación a la militancia partidista, los estudiantes deben entender que el problema de fondo de la universidad y del país es político. Tiene que ver con dos visiones antagónicas del manejo del estado y de conceptualización de lo público y que, además, no es esperable, ni del gobierno, ni del congreso, ni del mezquno poder económico y político del país, concesión alguna.

Los estudiantes como parte importante del constituyente primario deberían de alguna manera emular y trascender el papel del movimiento estudiantil por la séptima papeleta que dio origen a nuestra actual constitucion y plantearse ser factor decisivo y determinante en cambios estructurales y de fondo en el país. Recordando a Jaime Garzón:

“Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos. ¡Nadie!”.

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Nos escriben los estudiantes universitarios

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En los últimos años, pero sobre todo en los últimos días, pareciera existir una disputa a muerte por el reconocimiento de los estudiantes. Organizaciones estudiantiles que se auto-proclaman defensoras de los estudiantes y de la Universidad Pública en Colombia, parecen más preocupadas por sus propios intereses, quedando en un segundo plano los estudiantes y la Universidad Pública.

Este es el panorama en la mayoría de Universidades Públicas del país, pero en este articulo nos preocuparemos por explicar el caso concreto de la Universidad del Atlántico.

Esta última semana, después de que saliera la noticia sobre un acuerdo por parte del Gobierno Nacional y las Vocerías estudiantiles, distintas organizaciones estudiantiles y estudiantes de a pie han expresado su malestar con la firma de dicho acuerdo por parte de los voceros de la UNEES (plataforma que recoge 64 IES y 5 organizaciones sociales), a los que les dicen “vendidos” e incluso, llegan a igualarlos con otras organizaciones como Acrees y Fenares.

Nueve voceros de la UNEES firmaron el acuerdo so pretexto de ‘no perder lo logrado’ y con el ánimo inocente de mostrar resultados que dieran esperanza a los estudiantes, sin avizorar las críticas y las confusiones que se generarían. Si se analiza, el acuerdo en cifras es histórico, significativo, un logro sin discusión. El malestar descansa en el hecho de no haber sido socializado el acuerdo con las bases estudiantiles, en procesos asamblearios y de discusión. Esa es una discusión que tenemos (y debemos) dar en el menor tiempo posible.

Sin embargo, el objetivo de este artículo no es hacer juicios valorativos acerca del acuerdo, ni mucho menos cuestionar la inocencia y legitimidad de los voceros de la UNEES.

En estos momentos lo fundamental es develar lo que está pasando en la Universidad del Atlántico; el complot de algunas organizaciones estudiantiles, oportunistas y malintencionadas, por acabar política y moralmente al vocero nacional de la Universidad del Atlántico ante la UNEES, Juan Luis De la Hoz, quien en el marco de un dinamizador “ampliado” fue víctima de un “juicio político” grotesco, inmoral y oportunista, en el que el enjuiciado ni siquiera hacía presencia, pues no se encontraba en la ciudad de Barranquilla.

No se puede concebir que el ánimo de reconocimiento y posicionamiento político lleve a cometer tales actos de insensatez y oportunismo, máxime cuando la víctima del “juicio político” confiesa no haber firmado jamás el acuerdo, con lo que queda en claro que se prescindió de su presunción de inocencia y no se le otorgó ni siquiera el beneficio de la duda.

En estos momentos, después de haber concretado un acuerdo significativo e histórico para el movimiento estudiantil y el pueblo colombiano en general, se hace necesaria la estrecha unidad de todos los sectores democráticos, progresistas, de avanzada y revolucionarios que interactúan en nuestra Universidad. La unidad es fundamental para hacer seguimiento a la implementación de dichos acuerdos y, tampoco olvidemos que contra una administración politiquera no se puede luchar humanamente inconexos.

Es momento de reflexionar sobre el quehacer del movimiento estudiantil atlanticense, superponer los intereses organizativos en detrimento de los intereses y necesidades del estudiantado se constituye en un error, y por consiguiente en infantilismo. No perder la legitimidad, sino por el contrario, fortalecerla y ampliarla es un deber que tienen las organizaciones estudiantiles de la Universidad del Atlántico.

¡Unidad para vencer!

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