Haciéndole el juego a “periodistas” y medios hegemónicos

Periodista-Fake-News

Objetivo logrado: el centro de la discusión pública se había fijado, por cuenta de Wikileaks, en el Uribismo soterrado de Sergio Fajardo. Inmediatamente este salió a los medios a tratar de salvaguardarse como posibilidad electoral “independiente” para 2022, pero sus explicaciones absurdas y torpes de poco sirvieron.

Era necesario entonces un mejor comunicador que cumpliera lo que Fajardo no había podido cumplir: Defender lo indefendible echándole toda el agua sucia a otro, en este caso a Petro. Se necesitaba redireccionar los reflectores para volver a dejar en la sombra a Fajardo y apuntarlos acusatoriamente hacia Petro, con el objetivo de revertir en el reparto su papel de víctima al de victimario. Debía para ello evitar hacerse alusión alguna a Fajardo y justo apareció Daniel Coronell a pontificar sobre la inconveniencia de Petro como presidenciable y de su “mal gobierno” en Bogotá.

Detrás de la audaz y calculada maniobra del comunicador y quienes se mueven tras bambalinas sobrevinieron las respuestas, los dimes y diretes y el aprovechamiento político de la situación para la victimización del periodista y para mostrar a los partidarios de Petro como personas intolerantes, sectarias, insultantes y violentas. Si ello no se desataba espontáneamente, era menester propiciarlo artificialmente, cómo se hizo, a partir de burlas y provocaciones a quienes respondían buscando que la emotividad escalara más que los argumentos.

Dentro del libreto la idea era que se posibilitara equiparar Uribismo y Petrismo e inocular mayores dosis de miedo de las que ya han prescrito (desde los laboratorios comunicacionales del establecimiento) los expertos en crear falsas matrices de opinión y en aplicar a la perfección aquel efectivo principio de la propaganda nazi que señala que una mentira repetida muchas veces termina convirtiéndose (en el inconsciente colectivo) en una verdad, aunque esté bastante distante de serlo.

El plan funcionó mejor de lo esperado: se le tiró el salvavidas del olvido a Fajardo, en una sociedad con memoria de corto plazo bastante frágil (y casi que rayando en lo amnésico) y, por otra parte, se contribuyó a desprestigiar a los partidarios del progresismo y de un cambio real y no cosmético de la forma de hacer política y de administrar lo público en Colombia.

Cómo en las carreras de galgos, se utilizó un perfecto distractor (una liebre mecánica) detrás del cual corrieran (incluido el líder) todos en procura de alcanzar lo inalcanzable, en este caso, que Coronell renunciara a apelar a la mentira y a la imprecisión de sus datos y estadísticas y reconociera que Petro había sido buen alcalde y que se había equivocado al juzgarlo como lo contrario.

¿Quién es culpable de la situación? ¿El incitador, o quién cae en la trampa y se deja incitar? Desde nuestra perspectiva el segundo y en dos niveles de responsabilidad diferenciados:

El primero el de los líderes de opinión de la izquierda y los sectores democráticos, que en lugar de fortalecer la alternatividad en la comunicación y la información, cliquean y le dan importancia, tráfico y visitas a los comunicadores del establecimiento.

En segundo lugar, el colombiano común y corriente y/u opinión pública que sigue los mismos comportamientos equívocos de los líderes en su relación con los grandes miedos (no medios) de comunicación, cuando lo que tendrían y deberían hacer es invisibilizar el periodismo sesgado (no siguiendóles su juego calculado) y respaldar mucho más a quienes (en la mayoría de los casos precariamente) intentan romper los cercos y matrices mediáticas que se trazan desde el poder económico y político en el país.

Sin embargo, Petro y sus 8 millones de votantes preferirán seguir empoderando a los mismos de siempre dándoles entrevistas, clics y retuiteando y comentando sus artículos y columnas en SEMANA, EL TIEMPO, EL ESPECTADOR, RCN, W Radio y la FM, entre otros, en lugar de hacer lo propio con los de la modesta OPINIÓN Y NOTICIAS, para solo citar un ejemplo. Ni Coronell, ni los Samper, ni los Abad, ni los Viaddo, ni las Davila y Gurisatti tendrían impacto alguno sino la gente no los leyera y siguiera.

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