El miedo infundado que nos inocularon hacia una Asamblea Constituyente

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Nos vendieron miedo y el miedo paraliza. El miedo de perder lo que nos quitaron quienes ya nos están quitando lo poco que nos queda y nos han dejado.

La historia tiene un propósito. Nos habla al oído. Nos da señales. Nos aconseja. José Acevedo y Gómez en 1810 pronunció una frase que resultó profética para su tiempo pero que nos continúa hablando 209 años después:

“Si dejais perder estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y febril, antes de doce horas seréis tratados como sediciosos; ved los grillos, los calabozos y las cadenas que os esperan”.

Hoy la movilización social y casi espontánea en las calles de Colombia representa ese momento y esa ocasión única y febril que no se pueden dejar escapar. Sin embargo la dialéctica nos enseña que nada permanece sin transformarse. Con el paso del tiempo lo caliente puede enfriarse y eso lo sabe y a eso juega el gobierno. Le apuesta al desgaste de la protesta social como ya lo ha hecho antes, por ejemplo, con los paros de estudiantes, de maestros y de los indígenas del Cauca.

Por eso, hay que tener perfectamente claro que la movilización es un medio y no un fin en sí mismo. Es un punto de partida y no de llegada. Pero ¿medio para que? ¿punto de partida para que? Para efectuar transformaciones. Y es que en el máximo esplendor de la protesta social la mafia que tiene secuestrado el poder continúa legislando en contra de los intereses de quienes marchan y se hacen sentir en las calles.

Por ello debe haber un cambio de nota que impida que la monotonía aleje a la gente de las calles. Hay que escalar o pasar a otro plano la protesta social. No podemos ser tan ingenuos de continuar creyendo que un gobierno con un 78% de imagen negativa, acompañado de un congreso con 84% de desaprobación ciudadana y unos partidos políticos que los superan con un 86% (Fuente: YanHaas) son quienes van a emprender las transformaciones estructurales y de fondo que el país nacional necesita.

De la esencia y del espíritu de la Constitución del 91 después de más de 52 reformas en 28 años (una cada 5 meses) queda ya muy poco de útil. No podemos, por tanto, persistir en defender un Estado Social de Derecho que ya no existe como lo evidencia la inaplicación por la dictadura Policial de los derechos fundamentales. Hoy en Colombia lo que está vigente es el Estado Neoliberal que es un Estado Antisocial de Hecho o un Estado Antisocial de Derecha.

Ese Estado necesita ser cambiado y no hay vía distinta para hacerlo que una Asamblea Nacional Constituye.
Es que las reformas urgentes y de fondo que este país necesita no las va a hacer jamás ni Duque ni el Congreso. Si solo seguimos en las calles sin lograr nada hasta que todo se transforme en una gran frustración nacional, a futuro y cuando a la base social se le convoque contestarán con desesperanza ¿Para qué?

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