Extranjeros: No visiten la Colombia uribista de los “asesinatos aplazados” y las muertes sin pena

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Colombia es un país hermoso, de paisajes únicos y con mucha gente buena, amable y hospitalaria, pero no todos son así. Hay una pequeña minoría empoderada y armada que tiene licencia para los peores de los crimenes que se puedan imaginar. Tal es lo que se esconde detrás del atroz crimen de la ambientalista Nathalia Jiménez y su esposo Rodrigo Monsalve en Palomino (Guajira) o de la muerte de Lucy Villareal en Tumaco (Nariño). Por eso responsablemente le aconsejamos a los extranjeros que piensan en turismo: Por ahora, no visiten Colombia.

Colombia volvió a ser un país peligroso. Desde la nueva llegada del uribismo a la casa de Nariño se reactivaron las amenazas y las muertes. Los asesinatos aplazados de los que habló Álvaro Uribe Vélez el 17 de julio de 2018 volvieron cobijados por la impunidad que les garantiza el actual gobierno. En Colombia está proscrita constitucionalmente la pena de muerte pero se practica y permite la muerte sin pena.

Para el público ingenuo Uribe adelantó un proceso de desmovilización de los grupos paramilitares que tienen su génesis en las Convivir y en la Antioquía que tuvo por gobernador a Uribe Vélez. Sin embargo, quedaron estructuras en una suerte de hibernación. Asesinando de manera selectiva para no despertar sospechas y reacciones y listas para el momento en que pudieran volver a empezar a dejar su estela de sangre, con la seguridad de que lejos de ser combatidos por las fuerzas militares y de policía serían, como en épocas pretéritas, cobijados y auxiliados por estas.

La bandera más mentirosa del uribismo fue que con la política de seguridad democrática se podía volver a viajar por carretera sin temor a las “pescas milagrosas” de la guerrilla. Hoy son los sectores en armas afines al gobierno, los que detienen, encapuchan, torturan y asesinan en terrenos donde ellos imponen vedas para ciudadanos, que discrecionalmente pueden (a raíz del odio inoculado por el uribismo) ser asumidos como contrarios a la ideología del gobierno y ser asesinados por ello.

Cualquiera en cualquier parte puede ser una potencial o futura víctima. Hasta los extranjeros que bien podrían ser confundidos con integrantes de grupos antinarcóticos internacionales y desaparecer o aparecer muertos o mutilados por los únicos psicópatas en el mundo que se sienten respaldados por un gobierno. Todos los días asesinan y tras las exhaustivas investigaciones no hay individualización de autores intelectuales y materiales ni detenciones. No pasa nada. Absolutamente nada diferente a las sonrisas sádicas de los asesinos y sus cómplices.

Cuando el periodismo y el gobierno se burlan de la tragedia y la muerte ajenas

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En Colombia se ejerce un tipo de periodismo que refleja la degradación de las élites propietarias de los grandes medios de comunicación. Los periodistas al servicio de las referidas castas practican su labor (en la inmensa mayoría de las veces) no desde la ética, la objetividad y la responsabilidad social sino desde la trivialidad y/o la banalidad, como hábiles constructores de distractores que desvían la atención de la opinión pública de las graves tragedias del país y sus causantes.

Asesinan en circunstancias dantescas a la ambientalista Nathalia Jiménez y a su esposo Rodrigo Monsalve en Palomino (Guajira) y el país expectante esperaría encontrar en la radio a auténticos líderes de opinión que asumieran una posición de rechazo enérgico frente a la muerte cotidiana de inocentes, pero no es así. Lejos de ello se encuentra con todo lo contrario. Lo que es causa de dolor y tristeza para las familias, los allegados de las víctimas y los colombianos en quienes aún subsiste algo de sensibilidad y empatía, es tomado como tema para hacer chistes de muy mal gusto al aire.

El  interés del periodista Julio Sánchez Cristo lejos de situarse, en la entrevista que hace al Ministro de Defensa, como gran responsable de permitir el creciente deterioro de la situación de orden público en el país y del ensañamiento de los asesinos a lo largo y ancho de Colombia, sin que las “investigaciones exhaustivas” conduzcan a nada o a nadie, centra su atención en la “tragedia” que para Carlos Holmes Trujillo significa no estar en la Feria de Cali y tener que viajar a presidir un Consejo de Seguridad. Sobrevienen las risas hirientes con tono de complicidad y más nada.

A tal
punto ha llegado la deshumanización y la insensibilización en el país ante la muerte, que quienes en un importante medio hacen chistes en torno a un crimen y participan de la burla ni siquiera se percatan de las sensibilidades que hieren o simplemente no les interesa o no les importa el elemental respeto por los oyentes desde los pedestales en que los han encumbrado aquellos a quienes sirven y una audiencia con poco o ningún criterio para discernir entre buenos o pésimos periodistas.

No cualquiera debería tener la posibilidad de colocarse detrás de un micrófono, de una cámara o de un computador a ejercer el periodismo y mucho menos hacer sentir vergüenza ajena a quienes nos toca soportar sus prácticas indolentes y llenas de despropósito. Julito por lo menos debería presentar excusas tanto a la familia de Nathalia y Rodrigo como a sus oyentes por semejante aberración radial que evidencia que algo está fallando con la formación humanística de los comunicadores sociales en las universidades.