Arrancó la “estabilización” con 300 paras pasándole cuentas a Bojayá

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Cómo si lo vivido en mayo de 2002 cuando más de un centenar de sus habitantes murió refugiada en una iglesia tras la explosión de un cilindro bomba arrojado por las FARC, Bojayá (Chocó) ha vuelto a ser noticia, esta vez por la incursión al mediodía del 31 de diciembre de 300 paramilitares, sin que se perciba un accionar preventivo y no reactivo de las fuerzas militares.

Bien podría afirmarse que era previsible lo ocurrido bajo un gobierno en que los grupos paramilitares se han reactivado y se dan el lujo de movilizar grandes cantidades de efectivos sin que la fuerza pública, convenientemente y como en el pasado tenebroso de Colombia, se percate de su presencia. Del accionar del nuevo comandante del ejército, General, Enrique ‘Mago’ Zapateiro, habían dudas que han empezado a ser despejadas: Ya, los paras y no el ausente ejército comenzaron a “estabilizar las regiones de Colombia” a punta de terror y prometiendo plomo.

En este escenario, la escogencia de Bojayá no es gratuita. Es simbólica y aleccionadora. A sus habitantes se les cobra el SI al plebiscito por la Paz del 2 de octubre de 2016 donde de 2074 votantes un 95,8% (1987) se expresaron afirmativamente en las urnas y solo un 4,2% (87 personas) lo hicieron siguiendo los dictámenes y deseos del uribismo.

Pero no sólo eso. Están pasándole factura a sus habitantes por los resultados de las presidenciales en donde Petro se impuso en primera vuelta sobre Duque por 847 votos (50%) contra 242 (14,28%) y casi triplicó su votación para derrotarlo en segunda vuelta por 1494 votos (72,20%) contra 532 (25,71%).

Los datos de la incursión paramilitar atribuida a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia AGC, dan cuenta de que arrancó por la zona de Pogue (Atrato medio) donde en sus dos mesas Petro arrasó con Duque en primera y segunda vuelta presidencial sacándole una ventaja bastante considerable y vergonzosa: 140 votos contra 1 en primera vuelta y 194 votos contra 0 en segunda vuelta.

Si algo ocurre en Bojayá la única responsabilidad recaerá sobre el gobierno y su ejército. Desde los documentos Santa Fe I y II (elaborados por la CIA como manual de actuación para América Latina y trabajado como doctrina de seguridad en la Escuela de las Américas) se conoce que el paramilitarismo es una forma paralela de actuación estatal que considera ‘enemigo interno’ a cualquier persona que se aparte de lo que quiere el establecimiento y/o ‘piense diferente’ y que para minimizar las consecuencias por condenas por violación de derechos humanos el Estado recurre a personal ajeno a la institucionalidad para hacerle el trabajo sucio.

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