Coronavirus y el club de aduladores de Claudia López

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Las loas para Claudia López no cesan. Está activado y funcionando a su máxima capacidad el club de aduladores y de marketing político de la alcaldesa. Bogotá ha sido de lejos el lugar del país con más casos de coronavirus, no obstante lo cual varios connotados influenciadores aplauden frenéticamente desde sus redes sociales tratando de invisibilizar o tergiversar, mediáticamente, la realidad.

Habría que decir en honor a la verdad y a la justicia, que fue mucho más plausible por pertinente, responsable, acertado y oportuno el alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo, quién desde su Distrito se adelantó al presidente en decretar la suspensión de toda actividad escolar y en la medida de cuarentena, a pesar de los pocos casos de coronavirus presentados en su jurisdicción. No obstante, el alcalde de la cuarta ciudad más importante del país no dispone de la prensa favorable y de las “buenas y generosas relaciones y amistades” que si tiene su similar de Bogotá.

Todo parece corroborar que en Colombia, y dependiendo del personaje, la prensa no sopla, sopla como viento favorable o simplemente actúa como viento en contra cuando se trata de invisibilizar, atacar o defender determinadas gestiones públicas. Por ejemplo, si durante el gobierno progresista de Petro el 41% de los casos de coronavirus se hubiesen presentado en Bogotá, éste estaría siendo objeto del más cruel y despiadado linchamiento público agenciado por grandes medios y “prestigiosos” comunicadores. Si fuese Petro quién en plena crisis sanitaria hablara de demoler, en lugar de dotar, el Hospital San Juan de Dios, no lo bajarían de terco, tóxico e irreflexivo. Sin embargo a Claudia la exaltan y ponderan muy a pesar de sus graves errores.

El primer acto de irresponsabilidad de la primera autoridad del Distrito Capital consistió en minimizar y/o subestimar el riesgo, expresando de manera pública que el coronavirus era solo una especie de gripa. Luego fue tan lenta como Duque para en lugar de adoptar medidas light, emprender acciones drásticas y de fondo como la situación lo ameritaba. No planteó por ejemplo el cierre de la capital o la cuarentena obligatoria sino un simulacro que tuvo consecuencias contrarias a lo que la situación ameritaba.

El mensaje que se envió a la ciudadanía con el referido simulacro, no tuvo efectos prácticos en términos de cambiar estadísticamente la situación de la capital. Ello en tanto no proyectó o transmitió la gravedad real de la situación al punto que muchos ciudadanos vieron en su medida tan solo una oportunidad para salir de la ciudad a vacacionar. Error grave de comunicación entre el gobernante y sus gobernados que Claudia, con la ligereza que la caracteriza, trató de minimizar a través de un mensaje de twitter en el que expresaba como motivo de orgullo que no hubiesen salido de la ciudad “más de un millón de vehículos” sino “solo… cerca de 120.000…”

Tamaña irresponsabilidad admitir que probablemente cerca de medio millón de personas (promediando 4 por carro) habitantes de la ciudad con mayor porcentaje de infectados hubiese salido a otras ciudades y pueblos, a probablemente esparcir aún más el virus, con el agravante de castigar la irresponsabilidad de esos ciudadanos impidiéndoles el reingreso y una libre circulación que su medida laxa no prohibió.

Pero amén de lo expuesto nadie tampoco menciona que la alcaldesa, no queriendo afectar la economía, entiéndase mejor el bolsillo, de las familias dueñas de Transmilenio, no hubiese tampoco adoptado medidas pertinentes y claras para evitar las aglomeraciones y presencia masiva en este medio de transporte de grupos de ciudadanos superiores en número a los que una disposición de presidencia de la República había taxativamente prohibido por razones de seguridad y salubridad publica. Por ejemplo, solo hasta el simulacro se levantó la restricción de pico y placa, lo que en los días previos incentivó y no desestimuló el uso del transporte masivo.

En sus típicas salidas populistas y ‘chimultrufiescas’, López buscando deslucir al presidente desde su puesto unificado de mando anunció el no pago de servicios públicos entre el 20 de marzo y el 20 de abril, anuncio que poco después le tocó reversar al ser advertida de que carecía de la competencia para adoptar tal medida y que estaba incurriendo en una auténtica “alcaldada”.

Lo cierto es que los números no favorecen la gestión ni de la alcaldesa ni del presidente. La capital debió blindarse con medidas oportunas que no se adoptaron y hasta hoy los casos formalmente reconocidos rondan los 88 de 210 lo que significa que Bogotá concentra un nada despreciable 41% de los casos de contagio en el país.

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