¿Es Venezuela en verdad un narcoestado?

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El presidente de Colombia ha esgrimido entre las razones para no aceptar la ayuda ofrecida por Venezuela -a nivel de equipamiento para diagnosticar el coronavirus- el estigma del narcotráfico que Estados Unidos enarboló contra Nicolás Maduro y sus más cercanos colaboradores.  Sin embargo, sin ningún pudor ni reparo Duque no sacó a relucir los mismos argumentos de pretendida moral ni rechazó ni antes ni mucho menos después de su elección la ayuda que le brindara el narcotraficante Ñeñe Hernández, asistente en primera fila a su ceremonia de posesión.

Es pertinente por tanto determinar si le asisten razones al presidente de Colombia no solo para despreciar la ayuda que podría significar salvar vidas de sus connacionales con base en las acusaciones de narcotráfico a su homólogo, sino también para facilitar desde su territorio y bajo los aplausos públicos de su Ministro de Defensa, una intervención militar norteamericana en Venezuela que, sin permiso del Senado o en su defecto del Consejo de Estado, violentaría no solo el artículo 173 Constitucional (numerales 4 y 5) sino también el artículo 9 Superior en lo que tiene que ver con “el respeto a la autodeterminación de los pueblos y… el reconocimiento de los principios del derecho internacional aceptados por Colombia.”

Sin embargo ¿Qué tan cierta resulta la afirmación de que Venezuela es un narcoestado? “Los datos de monitoreo del tráfico de drogas del gobierno de EE. UU… sugieren que Venezuela no es un país de tránsito primario para la cocaína con destino a EE. UU…” como lo corrobora la información que provee la
Base de Datos Antidrogas Consolidada Interagencial (CCDB) que para el Departamento de Defensa constituye la mejor fuente autorizada disponible de alta confianza para estimar el flujo conocido de drogas ilícitas.

La Oficina de Washington para América Latina (WOLA) revela fundamentándose precisamente en datos recientes de la CCDB que “210 toneladas… de cocaína pasaron por Venezuela en 2018. En comparación, el Departamento de Estado informa que más de seis veces más cocaína (1.400 toneladas métricas) pasaron por Guatemala el mismo año” lo que revela la poca importancia de Venezuela en el tráfico de narcóticos. También se clarifica, que cerca “del 90 por ciento de toda la cocaína con destino a los Estados Unidos se trafica a través de las rutas del Caribe Occidental y el Pacífico… (y) no a través de los mares del Caribe Oriental de Venezuela”.

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Las cifras además muestran, que entre 2012 y 2017 mientras la producción de cocaína en Colombia crecía en un 269% pasando de 918 a 2478 toneladas, su tránsito a través de Venezuela disminuía porcentualmente de 159 (17% de la producción colombiana de 2012) a 249 toneladas (10% de la producción colombiana en 2017), cifra esta última que si se compara con la de 2018 para el país bolivariano representa una disminución de 39 toneladas (15%) y marca no un crecimiento sino un decrecimiento de la participación de Venezuela en el proceso de exportación (y no de producción) del alcaloide.

Contrario a lo que se afirma como pretexto para agredir mediáticamente a Venezuela y fondear una flota amenazante frente a sus costas a manera de un eficaz sofisma de distracción frente a la delicada situación que atraviesa la sociedad norteamericana con la pandemia del coronavirus, “según los datos de CCDB, la cantidad de cocaína que fluye a través de Venezuela cayó… de 2017 a 2018, y parecía continuar disminuyendo ligeramente hasta mediados de 2019”.

Sobre las acusaciones que Estados Unidos hace sobre el gobierno de Venezuela, una autoridad en la materia como el italiano Giuseppe Arlacchi, también conocido como Pino Arlacchi, quién es reconocido por sus estudios sobre la mafia y quien fuera Director General de la Oficina de Naciones Unidas en Viena y Director Ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC u ODCCP) trinó en los siguientes términos:

Lo que queda en claro es quec acusar a Venezuela de ser un narcoestado es simplemente una excusa del tipo de la esgrimida por Estados Unidos cuando en 2003 sindicó a Irak de poseer armas de destrucción masiva como  justificación para invadirlo, eliminar a un gobernante incómodo para los intereses norteamericanos como Saddam Hussein y así apoderarse del gran botín que constituían las riquezas energéticas de ese país.

Puede leer el informe completo de WOLA desde el siguiente enlace:

Beyond the Narcostate Narrative: What U.S. Drug Trade Monitoring Data Says About Venezuela

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