Lecciones maestras de un patrullero de la policía

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Ángel Zúñiga Valencia sin duda equivocó su profesión. De acuerdo a sus palabras, durante 10 años ha sido patrullero y vestido el uniforme de la Policía Nacional. Hoy, en una demostración de enorme y valiosa sensibilidad, de manera no fingida sino espontánea, hizo a más de uno recuperar la fe y la esperanza en que no todo está perdido para nuestro país y que se puede creer aún en que la bondad se sobreponga y triunfe sobre la maldad.

No es docente, pero aun sin serlo, le bastaron apenas algunos minutos para dar varias grandes lecciones, que ojalá nunca se borren, a todo país. Su lección condensó una alta dosis de dignidad, pero fue al mismo tiempo una lección de valores para ejemplificar lo que es humanidad, integridad, grandeza y empatía.

Arriesgó su empleo y quizás hasta su libertad, pero también nos enseñó que el valor no necesariamente tiene que ser entendido como la capacidad de confrontación con el propósito de causar daño al otro sino también como la posibilidad de tomar decisiones riesgosas bajo la convicción inamovible de estar haciendo lo correcto.

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El humilde patrullero dictó además cátedra acerca de las diferencias entro lo legal, lo legítimo y lo justo. ¿Era legal la orden de desalojo? Quizás. ¿Era legítimo que la policía la ejecutara? Tal vez. Pero ¿Era justo en plena pandemia actuar con un corazón de piedra y lanzar gente a la intemperie? ¡No! Zúñiga entre lo legal y lo justo nos enseñó a todos que debe primar.

Pero en esta lección perfecta y completa también nos habló de identidad. De tener claro de dónde se viene y nos enseñó lo que significa ser un servidor público. Los servidores públicos y las instituciones están para eso, para servir y no para atropellar a aquellos de dónde emana su poder y su salario. Ningún poder constituido está para atropellar al poder que lo constituye. Bolívar lo ejemplificó con su frase “Maldito el soldado que vuelva las armas de la República contra su pueblo”.

Con más personas del talante de este patrullero en instituciones como la Policía y el Ejército, el respeto y la admiración de la ciudadanía crecería y jamás se hubiesen presentado episodios como los de los falsos positivos.

“Lex injusta non est lex”, decía Santo Tomás de Aquino. Henry David Thoreau señaló que “bajo un gobierno que encarcela injustamente, el lugar apropiado para un hombre justo es también la prisión”, mientras que el papa Juan XXIII en su encíclica “Pacem in Terris” señalaba que “las leyes contrarias a los derechos humanos, no son válidas”. Zúñiga Valencia, seguramente sin saber de su existencia pero con una formación de padres y profesores cimentada en valores nos enseñó que muchas veces desobedecer es lo correcto

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