El respaldo de Uribe a la Corte Suprema de Justicia

Tras la decisión de privación de libertad, adoptada en su contra por parte de la Corte Suprema de Justicia, los ataques irracionales de Álvaro Uribe Vélez y de su círculo cercano contra el alto tribunal de justicia, no han cesado ni un momento.

El propio Uribe y terceros a priori (sobre todo) subjetivamente y sin conocimiento del expediente, de las pruebas allegadas al mismo y de las razones para decidir de los togados, han emprendido una arremetida orientada a desinformar, a injuriar y calumniar sin pruebas a los jueces, con la complicidad de “medios” y “comunicadores” que actúan como caja de resonancia de los intereses del procesado, otorgándole a sus insolencias plena credibilidad.

Los magistrados, la Corte y la justicia han sido mancilladas y violentadas impunemente por epítetos que van desde la utilización del término “mafioso” y “secuestradores” hasta la insinuación de que responden a ideologías subversivas. Ello, sumado al curioso resurgimiento e incremento de las masacres paramilitares, parecieran ser los coletazos o las reacciones naturales ante un aparato judicial que actúa sin miramientos y sin concesión de inmunidades que se transforman en impunidades indeseadas en una sociedad democrática y civilizada.

Desatado el sicariato moral y material que nos retrotrae a las tenebrosas épocas de Pablo Escobar Gaviria, quien lo utilizaba para evadir y huir del alcance de la justicia, es pertinente decir que no siempre Uribe Vélez pensó lo que hoy expresa de su juez natural frente a la comisión de conductas punibles cometidas mientras se desempeñaba como congresista.

El 25 de julio de 2018 expresaba a través de su cuenta de Twitter:

“Nunca he eludido a la Corte Suprema para que ahora inventen que la renuncia al Senado es para quitarle la competencia.

La acusación sobre testigos que me hacen la basan en hechos realizados a tiempo que ejerzo como senador, lo cual mantiene la competencia de la Corte”.

 

Siete días después, el 1 de agosto de 2018, señalaba también a través de otro trino:

“…Por razones de honor nunca ha estado en mi mente que la Corte Suprema deje de conocer el caso para el cual me citan a indagatoria”.

 

No siempre pues, esta Corte Suprema de Justicia que lo juzga, le pareció a Uribe deleznable. El ex senador, desenmascarado y con múltiples procesos que empiezan a desentrabarse y que amenazan con mostrar al mundo su verdadera dimensión, ya no puede ni le conviene hablar de razones de un honor del que carece. El frentero, el dispuesto a defender su honorabilidad sabe a través de sus abogados que el cúmulo de pruebas recaudado hacen inexorables múltiples condenas.

Por eso, en un último intento de ser juzgado y absuelto por una justicia hecha a su medida olvida convenientemente sus trinos del pasado, no honra su palabra y busca desesperadamente que quien lo “juzgue” sea el Fiscal General de La Nación, el entrañable amigo personal del fiasco de “presidente” que el mismo puso para gobernar por interpuesta persona y para asegurarse poder, negocios y ser intocable.

Para quienes lo conocen, no son raros estos virajes o maromas de Uribe. En algún tiempo fue partidario de negociar con las Farc y de variar la Constitución para garantizarles el mismo tipo de justicia del que hoy gozan y que él, oportunista o resentidamente, hoy critica. Uribe es cambiante, pero sus cambios no responden a procesos dialécticos como el mismo ha querido darlo a entender sino a rasgos de su personalidad mitómana y oportunista.

Haga lo que haga ya no podrá evadir el alcance de la justicia. Imaginamos, sin ser abogados, que hasta su conveniente absolución por Barbosa podría ser apelada y llegar en casación a la Corte Suprema de Justicia o a escenarios como el de la Corte Penal Internacional, que conoce ya de su amplio prontuario, si lograran el cometido de eliminar a la Corte Suprema,