Reconciliación sin cambios

Reconciliación sin cambios

Este país agobiado y cansado producto de décadas de violencias, de abandono y represión estatales, no se reconcilia de la noche a la mañana, y tampoco la reconciliación es una cosa. Por eso es viable criticar el discurso “de pasar la página” así-como-así, tal cual el hombre le dice a la mujer que olvide lo que le ha hecho, que eso ya ha pasado. Las heridas quedan, y a sanarlas debemos dedicar los mayores esfuerzos.

Actos simbólicos como el convocado hoy por la señora Claudia López no pueden ser vendidos como la verdadera reconciliación, y ni siquiera como la apertura de un proceso. Parece más que convicción por la vida un verdadero entramado de religiosidad desmovilizadora. En la mañana la alcaldesa quiso lavarse las manos, demostrar que no era ella la responsable de la violencia de días anteriores, pidiendo un perdón que no le correspondía pedir, mientras el señor presidente seguramente meditaba, junto al todo-pode-roso Carrasquilla (más conocido como el señor de los bonos empobrecedores), como iba a justificar el “préstamo” de 1.4 billones a Avianca en detrimento de medianas y pequeñas empresas con capital nacional.

Quienes venden la reconciliación, la paz, el buen vivir, etcétera, etcétera, saltándose el proceso, son los mismos que creyeron que con la firma de un Acuerdo íbamos todos a ser felices, que todos nuestros problemas se iban a solucionar, y que, quedaba todo en la voluntad de la sociedad política. Hoy sufrimos la muerte de más de 100 excombatientes. Y para ser más actuales. En un momento se desarrolló el acto ecuménico, y seguidamente, pocas horas después, el ESMAD volvía a reprimir la manifestación juvenil y popular. Y como a Dylan y Javier, nos seguirán matando.

El producto no puede existir sin proceso de producción más que como momento abstracto, como la adopción de una parte como un todo. Así parezca lamentable, el camino hacia la reconciliación debemos pavimentarlo. Y en esa pavimentación debemos optar por eliminar aquello que no pueda ser conciliado con la paz, que no quepa en nuestra empresa común. De otra manera, moriremos realizando con regular periodicidad actos ecuménicos para pedir perdón por las violencias estatales subjetivas y objetivas, tanto la provocada por la doctrina aún vigente de la Seguridad Nacional, como la que brota de los eventos concretos.

La reconciliación sin autores, sin conceptualizaciones y sin reformular aquello que provocó la ruptura sólo es una ilusión, que es bastante peligrosa, y aún más si es vendida desde el sector no estatal.

El espaldarazo de Claudia a la impunidad de Duque

Claudia López y Angélica Lozano fueron en Senado y Cámara, respectivamente, ponentes del nefasto Código de Policía que empoderó a los miembros de una institución que antes de disponer de esa herramienta jurídica ya cometía abusos y arbitrariedades contra los ciudadanos, aunque no de manera tan desvergonzada como hoy. Hasta ahora no han pedido perdón a la ciudadanía por esa actuación, como parlamentarias, en buena parte responsable de lo que hoy ocurre en la capital.

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