Universidad Del Atlántico: aportes para el análisis de coyuntura (i)

Universidad del Atlántico: aportes para el análisis de coyuntura (I)

Lo de hoy no me sorprende. Desde que el Consejo Superior reformó su reglamento para diseñarse un quórum a la medida de sus deseos, era evidente ese afán antidemocrático de querer adelantar unas elecciones que no demostraban ofrecer las garantías que debe tener un ejercicio democrático de ese tipo. Todo lo quieren imponer so pretexto de la gobernabilidad, y escudándose en motivos de falsa democracia.

Esa primera reforma que conduciría a la introducción del voto electrónico en el estatuto electoral, entonces sorprendía. Pero tiempo después, desde que se contrató la realización de los comicios virtuales con una empresa que no tenía la experiencia que certificó para ese tipo de servicios, ya el torcido estaba fraguado. Luego el comité electoral, en cabeza de Danilo Hernández, propuso un cronograma electoral exprés, para que los candidatos se tomaran su mejor foto y se inscribieran. Esas jornadas de debates se convirtieron en un circo. La tradición democrática de las elecciones estudiantiles ya había sido contenida con la virtualidad.  Cabe decir que esa estudiante que posa de representante de los estudiantes ante dicho comité también es responsable de lo que pasó, de la entrega total, de la unanimidad de un clan político en la universidad, pues su firma reposó en todas las actuaciones, y nunca expresó descontento alguno ni invitó a sus representados a conocer de su gestión.

Hasta ahí llegó mi capacidad de asombro; por vía judicial suspendieron el proceso, a pocos días de la votación, y sólo se resolvió la contienda días después, cuando el semestre académico había finalizado. No obstante, el comité electoral decidió desde hace varios días, a través de una resolución, reanudar el proceso electoral desde la fase en la que se encontraba en el momento de la suspensión: las votaciones. Y colocó como fecha de celebración de la democracia el día 7 de octubre. A la fecha son muy pocos los estudiantes activos, según la definición estatutaria del término: los estudiantes debidamente matriculados, financiera y académicamente en un programa universitario.

Hoy llegó el día, y nos encontramos en la mañana con la noticia de que una jueza había otorgado medida cautelar en el auto admisorio de una tutela, que ordenaba a la Udela suspender el proceso electoral, con el fin de que no ocurriese un perjuicio irremediable a partir de la posible vulneración de los derechos incoados por el accionante. A pesar de la orden judicial clara, ni el comité electoral ni ninguna otra autoridad de la Universidad del Atlántico se manifestó en razón de acatar la orden judicial, ni en el sentido de expresar a la comunidad estudiantil explicación alguna de lo acaecido.

Quienes sí estuvieron muy activos fueron los candidatos (y sus borregos) afines a la actual administración (cabe decir; cualquiera que sea, todas tienen que responderle a los Char), asegurando a sus votantes que debían ejercer su derecho al voto, que esa orden era falsa, que nunca existió, y que hasta que el comité electoral no se pronunciara, las elecciones continuaban.

Mientras tanto, los sectores que desde hace años vienen oponiéndose al secuestro con fines politiqueros de nuestra alma mater, llamaban al movimiento estudiantil a cerrar filas ante el inminente atropello y el desacato judicial.

Ninguno sabía que la misma jefe de despacho que horas antes había ordenado suspender el proceso, transcurrida la tarde iba a aceptar la acumulación de tutelas por medio de un auto en el que aprovechó para dejar sin efectos la medida comentada. ¿Qué cambió desde el momento en qué ordenó suspender las elecciones y cuando decidió dejar sin efectos su propia decisión? ¿Qué va a estudiar en la resolución de fondo de la tutela, si ya el daño está consumado?

La administración de la Universidad no se atemorizó en ningún momento con las consecuencias de su desacato; de antemano sabía que podía revertir la orden. Y así lo hizo saber a sus candidatos, que nunca dejaron de hacer campaña exhortando a los estudiantes a votar por ellos. ¿Qué candidato sensato al enterarse de una orden judicial de ese tipo iba a decirle a los electores que el proceso seguía? El cambio de criterio tan repentino y sospechoso de la juez provocó un enorme daño al proceso, en el sentido de inducir al error a quienes se habrían abstenido de ejercer el derecho al voto.

No me sorprende. Sí me indigna.

La discusión tendiente a recuperar nuestra alma mater del secuestro politiquero y mafioso está abierta.