Con mucho respeto: ¿Dónde están los congresistas alternativos?

En Barranquilla se está librando una batalla desigual, en defensa de la Universidad del Atlántico, para evitar el control hegemónico de su Consejo Superior por parte del clan Char. Sin embargo de esa gesta casi que heroica; de esa reeditada confrontación entre un Goliat y un David modernos muy pocos hablan y a nadie pareciera importarle.

En soledad, y asumiendo altos riesgos, un grupo denominado Egresados Visibles y otro de educadores denominado Delegados Alternativos se baten como titanes y con las uñas contra el más poderoso clan de la política de toda la región caribe y contra sus aliados en la dirección sindical en el sector educativo oficial, ante la pasmosa indiferencia de unos medios nacionales que, coincidiendo con muchos de sus iguales locales, optan por ignorarlos o invisibilizarlos.

Pero no es solo cuestión de medios. Los políticos progresistas y alternativos, que tanto cuestionaron a Sergio Fajardo por “irse a ver ballenas”, lamentablemente se mueven en dos lógicas que de ellos no se esperaría: la misma de los medios y Fajardo, esto es, hacerse los desentendidos y mirar para otro lado cuando hay que tomar partido por las causas justas (1) y, peor aún y replicando el comportamiento de la politiquería tradicional, fijarse en la periferia solo en épocas electorales y con el único objetivo de conquistar votos. No solo ocurre hoy sino que ya y recientemente ocurrió.

En julio de 2020, cuando el COVID-19 en su máximo pico causaba estragos y muerte entre la población más pobre de Barranquilla y el Atlántico y desnudaba el fracaso del modelo de salud del clan Char, un grupo plural de ciudadanos y organizaciones sociales constituyó la “Mesa de Participación Ciudadana, Bancada Alternativa” y demandó acciones de los senadores y representantes de Colombia Humana, el Polo Democrático y el Partido Verde.

Los parlamentarios de estos movimientos acudieron a una reunión virtual, echaron de primeros su carreta (discurso) y luego se disculparon por compromisos adquiridos y se retiraron, hasta el sol de hoy, sin escuchar a nadie y sin pronunciarse nacionalmente.

También ahora y ad portas de la elección del último miembro de los egresados ante el Consejo Superior de Uniatlántico, la batalla deben librarla los ciudadanos de Barranquilla, el Atlántico y el Caribe solos, como lo vienen haciendo contra todo tipo de trapisondas los candidatos de la organización independiente “Por un Egresado Visible”, Gustavo Rojas y Henry Gómez y como lo hacen cerca de 90 Delegados Departamentales de ADEA, perseguidos solo por criticar y exigir explicaciones de la macabra alianza entre los dueños de la ciudad y “sindicalistas” del magisterio.

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Desde los grandes medios y desde la dirigencia alternativa, con residencia en el centro del país, hay mucha eficacia para criticar y señalar (generalizando) a los barranquilleros y los atlanticenses como cómplices pasivos y activos de la corrupción, pero no hay una sola voz de respaldo en la denuncia del movimiento estratégico de asalto de la universidad que, de caras a futuras elecciones, podría significar para el Clan Char, el control absoluto de una universidad que maneja un presupuesto mayor al de la mayoría de los municipios del Atlántico (350 mil millones anuales) y que les provee, además, burocracia y votos. Los cómplices son pues otros.

Hemos sabido por ejemplo, que la Colombia Humana, cuyo único diputado se ubicó ya en la mayoría de la Asamblea Departamental del Atlántico gracias a los lazos de amistad y comadrazgo que unen a su cónyuge con la cuestionada gobernadora, Elsa Margarita Noguera De la Espriella (para no mencionar el apellido de su esposo), solo se atrevió en las últimas horas a sacar un video tibio en el que el miembro de la Duma Departamental, Nicolás Petro, ni siquiera se atrevió a dar la cara.

Así las cosas, la triste gran conclusión a la que llegan las bases profesionales de los alternativos en Barranquilla y el Atlántico es que a sus líderes naturales solo les importa denunciar y hablar en tarima sobre la corrupción y sobre quienes la ocasionan, cuando están coyuntural y electoralmente buscando, como los demás, votos cada 4 años para reelegirse. Triste panorama. El centralismo es una suerte de virus que afecta hasta a los denominados políticos progresistas en Colombia.

Por justicia, hay que decir, que el único dirigente nacional que hasta hoy ha tomado partido y se ha pronunciado  es el expresidente de FECODE y lider del Movimiento Social y Político SI PODEMOS, el educador Carlos Rivas Segura, quien abiertamente ha llamado al magisterio a cerrar filas en torno a defender la educación pública y la autonomía universitaria.