Pastor: Uribe en nada se parece a Jesús, es su antítesis. (Parte 2)

Háblenos pues de las diferencias entre Uribe y Jesús desde una perspectiva estrictamente bíblica

Me parece muy importante eso. Para el cristiano el referente obligado debe ser la escritura. A pesar de que detrás de la secta se mueve un espíritu de mentira, capaz de engañar y arrastrar a quienes desobedecen a Dios (Efesios 2:2), quienes no han recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu de Dios pueden a partir de la Palabra de Dios y con discernimiento espiritual (1era Corintios 2:12-14) desenmascarar y confrontar a la secta por la abierta oposición que existe a la biblia.

Sobre la venganza

Dice el uribismo, que conoce y usa la palabra de Dios porque la conocen y la usan pero para engañar y manipular como quiso hacerlo satanás con Jesús (Lucas 4), que la venganza es lícita y tratan de justificarla en la expresión del antiguo pacto que establece en Éxodo 21:23-24 el “… vida por vida, ojo por ojo, diente por diente…” (Ley del talión). No obstante, desconocen muchos otros mandamientos del antiguo pacto que ordenan no vengarse o hacer según como nos hayan hecho (Proverbios 20:22 – Proverbios 24:29) o atentar contra la vida de otro o aborrecerlo o guardarle rencor (Levítico 19:16-18)

Más grave aún, al acudir y/o reivindicar la venganza el uribismo desconoce el nuevo pacto (el de la gracia) y a Cristo mismo. Jesús no nos invita a combatir agresión con agresión y mal con mal, sino a resistir, soportar y esperar redención en Él y solo en Él (Mateo 5:38-42) dejando sin validez la ley del talión.

La palabra de Dios, contraria a lo que pregona el uribismo, nos insta o invita, además, a hacer lo bueno, a estar en paz, a no vengarnos y a dejar la venganza en manos de Dios (no de un hombre); a no dejarnos vencer de lo malo y a hacer el bien, incluso y con mayor razón a nuestros enemigos (Romanos 12:17-21 – Lucas 6:27-30)

Sobre la incitación al odio

También dentro de los principios y práctica del uribismo, permanentemente, se incita al odio y jamás se invita al amor. La palabra de Dios no invita a odiar. Por el contrario invita a persistir en el amor y a no dejarlo enfriar en nuestros corazones, a pesar de la maldad que exista en el mundo, para mediante el amor lograr la salvación (Mateo 24:12-13). De acuerdo a la palabra el ferviente amor (no el odio) cubre multitud de pecados (1era Pedro 4:8).

Jesús mismo afirma que sus verdaderos discípulos e hijos se reconocen porque aman (no odian) y entrega como un nuevo mandamiento el amar (Juan 13:34-35), del cual se desprende el hacer lo justo (1era Juan 3:10-12) , entendiendo que el amor no hace daño al prójimo y es el cumplimiento de la ley (Romanos 13:10)

Más allá de lo anterior Cristo mismo nos invita (cosa que no se hace el uribismo) a amar y no aborrecer u odiar al enemigo. Jesús nos invita a bendecir, a hacer bien y a orar por aquellos que nos ultrajan (hacen daño) y persiguen para poder ser llamados hijos de Dios y tener mérito ante los ojos del Señor (Mateo 5:43-48). Jesús también invita a amar a los enemigos y hacer con ellos misericordiosos como quisiéramos que se hiciera con nosotros; a no juzgar (1era Corintios 4:5) ni a condenar sino por el contrario, a perdonar (Lucas 6:27-38)

Dice la palabra, adicionalmente, que el que aborrece u odia es homicida; no tiene derecho a la vida eterna. (1era Juan 3:15) y se hace además mentiroso (1era Juan 4:20.21) y en tanto homicida y mentiroso, hijo del diablo (Juan 8:44) que tiene como misión, al igual que sus hijos, hurtar, matar y destruir personas y almas (Juan 10:10).

Sobre la invitación a no perdonar

Para el uribismo no debe haber lugar para el perdón (impunidad). Los miembros de la secta no admiten la posibilidad de conversión ni aceptan el arrepentimiento o el cambio de los extraviados. Son radicales. Su mundo es negro o blanco. No hay matices ni términos medios. Quien no es con ellos contra ellos es . Creen que así como ellos se apegan a su pensar y actuar y no lo cambian, con los demás ocurre igual. La palabra de Dios por el contrario indica que debemos perdonar a quienes nos hagan daño (Lucas 17:3), no una vez sino todas las veces que sean necesarias (Mateo 18:21-22).

Sobre la paz y la guerra

El uribismo no cree ni quiere paz. Su única opción, alternativa o plan es guerra (porque produce muerte). Para ellos la paz se impone y logra solo con el aniquilamiento físico (muerte) del contradictor y a través de la guerra. Vale solo la razón de la fuerza, pero no la fuerza de la razón. No hay razones diferentes a sus razones o verdades irrefutables. Todo se resuelve solo a través de la contienda o el enfrentamiento.

La palabra por el contrario nos invita a estar en paz con todos los hombres (Romanos 12:19), nos insta a buscar la paz y seguirla como algo bueno, justo y necesario (1era Pedro 3: 11-12) y nos invita a no ser contenciosos en nuestro corazón, ya que el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz (Santiago 3:14-18).

La palabra de Dios invita a no permanecer en actitud de contienda o pelea permanente, a ser intemperantes e intolerantes sino amables para con todos en el propósito de corregir con mansedumbre a los que se oponen a Dios, pues desconocemos si Dios a los que hoy consideramos enemigos o contrarios les va a conceder arrepentimiento para conocer la verdad como hizo con Saulo de Tarso (perseguidor de los cristianos), quien luego de su encuentro con Dios se volvió su servidor bajo el nombre de Pablo (2da Timoteo 2:24-25)

Espiritualmente no hay pues comunión o identidad alguna entre Jesús y Uribe como no la hay entre la luz y las tinieblas; entre el cristianismo y el uribismo. No hay comunión entre el cristiano verdadero y los postulados uribistas. El uribismo, como se ha demostrado, es diametralmente opuesta y contraria a las enseñanzas bíblicas (Por sus frutos los conoceréis). Es contraria a Cristo y con un respaldo espiritual contrario a Dios busca que las personas piensen y actúen en contravía a la palabra como se ha demostrado al contrastar sus pensamientos con lo consignado en la biblia.

¿En conclusión no hay nada en común entre uno y otro personaje, entre una y otra doctrina?

Por supuesto que no. Quien opta por practicar consciente o inconscientemente lo que el uribismo pregona, sin darse cuenta, renuncia a ser cristiano; niega a Cristo y desecha lo divino por lo humano.

Sin embargo, hay que orar y pedir a Cristo liberación por estas personas. Entender que están siendo engañadas espiritualmente por principados, potestades, gobernadores de las tinieblas y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12) y ellos solo buscan la perdición de las almas.

La palabra da testimonio que el poder engañoso (espiritual) que actúa para que las personas crean a la mentira, busca que todos aquellos que se complacieron en la injusticia y que no creyeron a la verdad (Jesucristo) sean condenados (2da Tesalonicenses 2:11-12).

El pueblo que no sigue a Cristo y que incurre en idolatría adorando a lo creado (líderes) antes que al creador; que cifra sus esperanzas y adora y venera a personas antes que al Señor, hace una mala elección. Entre la vida y el bien y la muerte y el mal hay que escoger lo primero y no lo segundo. (Deuteronomio 30:15-19). Quien se proclama creyente, por tanto debe ajustarse a lo que la palabra de Dios ordena y adorar y obedecer solo a Dios.

El comportamiento de los uribistas, su negación a razones y a hechos obvios y evidencias se explica desde el velo espiritual que cubre sus ojos y les impide como esclavos de la mentira poder ver la realidad. Sencillamente el pueblo que no tiene a Cristo en el corazón para seguirlo, es necio y tiene ojos y no ve y oídos y no oye (Jeremías 5:21) y requiere volverse de su mal camino y buscar a Jesús, proceder a arrepentimiento y esperar que el único que puede quitarles el velo que les impide ver, esto es Cristo, se los quite (2da Corintios 3:14-18)

Una apreciación final

Como bien dice Gálatas 6:7 “… Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Apártate de los burladores si eres uno de ellos. El que tiene oídos para oír oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (Apocalipsis 2:11)

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