Entre Iota y el Idiota que nos puso Uribe

Los efectos devastadores de un Huracán son más previsibles que la estupidez humana. Por esa razón,  quizás, muchos colombianos votaron a la presidencia de un país con tantos y tan complejos problemas como Colombia por un servil pusilánime sin experiencia y descriteriado, solo porque a un perverso anciano se le ocurrió que tenía que “salvarnos” de una amenaza que existe nada más en su cabeza perturbada por su constante disociación psicótica y su sociopatía.

El huracán Iota arrasó con nuestro territorio insular en el Caribe y el Idiota que colocó Uribe en la presidencia, igual a como aconteció con su padre en la tragedia de Armero, no hizo absolutamente nada para proteger la vida y bienes de los ciudadanos a los que debió amparar como servidor público. Duque se supera día a día,  rompe records e impone marcas insuperables en materia de incompetencia.

En su permanente estado de negación y mientras juega a tener más apariciones en TV que Jota Mario, Pacheco y Gloria Valencia, ha permitido, de manera criminal, el asesinato y las masacres o muertes colectivas,  como las llama no eufemística sino estúpidamente; ha tomado medidas absurdas en el manejo de la pandemia que han costado miles de vidas y quién sabe que trivialidad le impidió ver la amenaza anunciada que se materializó con devastación sobre San Andrés y Providencia.

Y aunque este impedido, que a su paso deja una estela de muerte y desolación, diga que no le cabe responsabilidad sobre la ocurrencia de fenómenos naturales, su heredada ausencia de una lógica de prevención de desastres no es la única responsabilidad que le es atribuible. Hay otras más que incluso le son extensibles a la élite que lo respalda y lo vendió como salvación cuando mo ha traído más que desolación a Colombia.

Explicamos. Los cada vez más frecuentes huracanes son el producto, en su orden, del cambio climático, del calentamiento global y del efecto invernadero. Estos fenómenos los originan prácticas defendidas y promovidas a muerte por el uribismo como el extractivismo, la utilización de energías de origen fósil, la extensión de la frontera ganadera y agrícola, a partir de la quema de selvas y bosques (deforestación), y la notable contribución que en cantidades de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano, aportan la ganadería y los ganaderos a la atmósfera.

Luego, no están tan exentos de culpa quienes privilegian los negocios y el dinero sobre el medio ambiente y la minería y la política de la muerte sobre la de la vida sin medir consecuencias y bajo el lema del “todo se vale” para generar riquezas y de que el dinero (fin) justifica cualquier medio para su consecución, incluso eliminar físicamente a quienes se oponen a su “proyecto de sociedad” que no es otro que el que comporta una voraz y despiadada destrucción de la naturaleza.

Que nadie lo olvide. La tragedia que hoy vivimos es el producto tanto de malas decisiones electorales como de una neutralidad en las pasadas elecciones presidenciales por parte de algunos ciudadanos y, también, producto de nuestra pasividad para soportarlo todo casi que de manera estoica. Colombia no necesita un DÍA SIN IVA sino muchos DÍAS SIN IVÁn.