Injerencia uribista en elecciones de USA no quedará impune

 

Trump hizo suyas las prácticas del uribismo y las aplicó en la pasada campaña presidencial. La mentira con propósitos de infundir miedo y motivar el voto de rechazo a una “amenaza”, no real sino artificialmente creada, demuestra, al igual que la apelación a la descalificación de sus adversarios como “comunistas” o “castrochavistas”, que los uribistas fueron asesores de cabecera de los republicanos para manipular el voto latino en Estados Unidos.

 

Tal intromisión en los asuntos internos de otra nación, por parte de personas afines y cercanas a Álvaro Uribe Vélez, también se evidenció en la utilización de la mentira en sindicaciones sin fundamentos acerca de un fraude electoral del que no pudieron aportarse pruebas  y cuyos propósitos eran no solo desconocer la legitimidad del triunfo rival sino también exacerbar los ánimos entre los partidarios republicanos.

 

La idea era sin duda, frente al fracaso estruendoso de la vía jurídica para revertir el resultado adverso, variar la estrategia y pasar de las acciones en derecho a las acciones de hecho como la toma del capitolio con propósitos de evitar por la fuerza la certificación del triunfo de Biden y consumar un autogolpe de estado que garantizara, de facto, la continuidad de Trump en el poder, burlando la voluntad popular expresada en las urnas, la decisión del colegio electoral y truncando el papel del congreso.

 

Trump tras la liberación de Álvaro Uribe Vélez, lo llamó en un trino héroe (hero) y aliado (ally). Ambas visiones del mundo se necesitan y se complementan. Tanto el uribismo como el trumpismo son proyectos políticos que se caracterizan por el culto a la personalidad de un líder irracional, egocéntrico y mesiánico, obsesivo con el poder, autoritario, fanático, violento, guerrerista, mal perdedor, irresponsable, machista, clasista, racista y con una capacidad enfermiza para mentir, manipular y crearse y venderle a ciudadanos incautos teorías conspirativas sobre peligros y amenazas inexistentes, frente a las cuáles se proclaman,  utilizando elementos de religiosidad, como elegidos y “salvadores”.

 

Sin entrar a dudarlo, muchas de las acciones de Trump y de sus seguidores, muy seguramente no serán cubiertas por el mismo manto de impunidad que le garantiza al uribismo controlar, con personajes afines y controlables, la comisión de acusaciones de la cámara de representantes, la fiscalía, la procuraduría, la contraloría, la defensoría del pueblo y buena parte de una débil rama judicial a la que se amenaza y presiona desde los medios, el poder policial y militar y una militancia altamente intolerante y violenta.

 

La vergüenza a las que se sometió ante el mundo a las instituciones norteamericanas obliga a que las acciones de Trump, de la extrema derecha supremacista y de los sectores más retardatarios de la sociedad estadounidense no queden en la impunidad, como tampoco lo quedarán las de sus aliados en Colombia  según lo anunciado por la asesora demócrata Michelle Manat a CNN en Español.

 

Álvaro Uribe Vélez tiene cuentas pendientes en Estados Unidos por saldar, hasta ahora desestimadas y colocadas en el congelador por haber sido un útil elemento en la región para la defensa de los intereses estratégicos norteamericanos, como en su momento también lo fueron Manuel Antonio Noriega y el propio Osama Bin Laden. Sin embargo, en su soberbia,  desesperación e ínfulas de poder, Uribe traspasó límites que tendrán consecuencias ahora bajo una presidencia, un senado y una cámara bajo control demócrata y en un país dónde el fiscal y los jueces no se dejan intimidar.

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