Expresidiario Uribe tuitea contra twitter en defensa de Trump

A raíz de la polémica suscitada por la decisión de twitter y otras plataformas digitales de suspender definitivamente las redes sociales del saliente presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pedagogo Julián de Zubiría nos reiteró en un trino, otro tuit suyo del 28 de abril de 2018 en donde haciendo alusión al filósofo Karl Popper señalaba:

“La paradoja de la tolerancia exige ser muy intolerante con los intolerantes. De lo contrario, ellos no dejarán que florezca la sociedad tolerante.”

Como lo señalamos ayer Trump y Uribe comparten una misma visión del mundo, profunda y probadamente intolerante,  en la que todo el que no comparta sus dogmas pasa a ser merecedor de su implacable persecución y de los ataques de todo tipo replicados obedientemente por sus fanáticos. Trump y Uribe no son intolerantes,  son muy intolerantes y hacen uso de sus redes para satanizar a sus oponentes e instigar a sus seguidores a ejercer  violencias de todo tipo contra los mismos.

Ambos personajes se caracterizan por su intemperancia, la  irracionalidad, el egocentrismo, su mesianismo, su obsesión con el poder, su autoritarismo, su fanatismo, sus rasgos de guerreristas y de malos perdedores, su irresponsabilidad y su enorme capacidad enfermiza no solo para mentir, manipular y crearse “enemigos”, sino para venderle a los incautos teorías conspirativas sobre peligros y amenazas inexistentes, frente a las cuáles se autoproclaman,  (utilizando elementos de religiosidad) como únicos “elegidos” y “salvadores”.

Uribe Vélez sabe que ha proferido en tuiter expresiones peores y más repudiables que las de Trump, que lo harían perfectamente merecedor del mismo tipo de medidas adoptadas contra el hasta ahora inquilino de la Casa Blanca. Por ello se va lanza en ristre contra la red social del pajarito en defensa de su par ideológico de extrema derecha y fascista.

Nadie olvida su deleznable apología a la muerte de Carlos Areiza utilizando el calificativo de “bandido” y “buen muerto” e insinuando y situando, sin prueba alguna”, responsabilidades de su asesinato en Iván Cepeda.

Tampoco su “profética revelación” que tras la terminación del gobierno de Santos sobrevendrían durante el mandato de su pupilo, Iván Duque,  múltiples asesinatos que en efecto han tenido ocurrencia cegando vidas de centenares de ciudadanos, entre los que se cuentan desmovilizados de las FARC y líderes sociales. Uribe lo presagió y hasta ahora se ha cumplido al pie de la letra  “… la tragedia del asesinato… aplazado…”

Mucho menos puede echarse al olvido el trino donde a su subjetiva consideración de lo que es “violencia y terror” justifica que la autoridad a la que llama “serena, firme y con criterio social” recurra a “masacres” como las que han vuelto a ocurrir en Colombia desde 2018, sin que se hayan determinado y sancionado autores intelectuales y materiales de las mismas”.

Qué decir de lo coincidencialmente ocurrido con masacres de jóvenes como la ocurrida en Samaniego (Nariño) luego de que el expresidente, en ese momento bajo detención,  en su tuiter y utilizando palabras aparentemente inconexas como “virus” y ” juventud Farc”, las señalara como combatibles con un denominado “antibiótico de la verdad” por la “libertad de Colombia”.

Uribe, el totalitario, no es el adalid de “la libertad de expresión” ni “del estado democrático” que lo conviertan de manera creíble en defensor de libertades ciudadanas u oponente de “los gigantes tecnológicos” que le han permitido hasta ahora diseminar e inocular efectivamente su odio enfermizo, como para catalogar sus acciones como imposición de lo que él llama “retroceso”

El expresidiario Uribe,  carece además de legitimidad y autoridad moral para hablar de “censura” cuando permanentemente descalificaba y discriminaba frente a sus colegas a los reporteros de Noticias Uno cuando estos en ejercicio de su labor periodística intentaban formularle preguntas.

Mucho menos puede pontificar sobre el “Estado Democrático” presentándolo como “la negación de la justicia privada, por propias manos, que desemboca en retaliaciones y crueldad”, cuando jamás ha censurado, condenado y mucho menos llamado a parar el resurgimiento y accionar del neoparamilitarismo contra excombatientes y líderes sociales inermes, omisión con la que estos interpretan que avala sus crímenes de lesa humanidad.

Las plataformas tecnológicas privadas no están para castigar delitos ni están sustituyendo al Estado en ese cometido. Están imponiendo una especie de sanción social a quienes no son perseguidos penalmente por gobiernos que, como en Colombia, arropan criminales con el manto de la impunidad.

Las plataformas, en efecto, (y en eso coincidimos con Uribe)  puede decirse que “prestan un servicio público esencial, tan importante que en muchos casos han sustituido a los medios tradicionales de comunicación” y que “eso les impone obligaciones especiales”, pero entre estas últimas Uribe no quiere entender que están las de proteger a la sociedad de la influencia de mitómanos incendiarios como él y como Trump con enorme capacidad de desestabilización emocional y social y de instigación a conductas violentas como las que ocurrieron, con la anuencia del presidencia de los estadounidenses, en su recinto sagrado de la democracia.

Quién puede creer que el mismo Uribe que en tarima se atrevió a decir a quienes lo cuestionaban el amenazante “o hacen silencio o los callamos”, hoy pretenda mostrársenos y proclamarse como defensor de la libertad de expresión y representante legítimo de movimiento alguno contra la  CENSURA y,  mucho menos,  manifestarse creiblemente contra la ” justicia… por propias manos, que desemboca en retaliaciones y crueldad”. Uribe, apague los fósforos y recójase antes que desde el norte lo manden a recoger como lo hicieron con Manuel Antonio Noriega. Quién tiene rabo de paja…