Necropolítica: inmunidad de rebaño y retraso de la vacunación contra el COVID-19

Ni politiqueras, ni oportunistas. Las críticas que se le han hecho al presidente Iván Duque, por el manejo de la pandemia, han sido fundamentadas y justificadas. El negligente desinterés del gobierno nacional por garantizar y solucionar en el menor tiempo posible la provisión de vacunas a los colombianos podría explicarse desde la creencia que puede alcanzarse una “inmunidad colectiva y/o de rebaño” a través del contagio gradual de un porcentaje importante de la población.

En Colombia, esa opción parecería incluso anteponerse y tener prevalencia sobre la de la inmunización a través de un proceso de vacunación, que es la que se sustenta en criterios científicos y por la que han optado tanto la OMS como la mayoría de países del mundo. Pero en esa especie de lógica o razonamiento equívoco el gobierno nacional no se encuentra solo. A la misma, se allanan o pliegan alcaldías como la de Barranquilla, cuyo exsecretario de salud, Luis Alexander Moscoso, hoy funge (en calidad de préstamo) como viceministro de salud.

En las intervenciones ante los medios de comunicación de la ciudad, por ejemplo, tanto el Secretario de Salud encargado de la capital del Atlántico, Humberto Mendoza, como el alcalde Jaime Pumarejo Heins, no hacen esfuerzo alguno por ocultar que responden y confían en esa misma idea absurda de alcanzar una “inmunidad de rebaño”, desprovista de evidencia fáctica que la respalde y en la que por tanto existe una prevalencia o sobredimensionamiento de la creencia y de la fe sobre la ciencia y la razón.

En esta perspectiva, los barranquilleros, sin saberlo, y a un altísimo costo medido en vidas perdidas,  no han sido más que una suerte de ratoncitos de laboratorio, usados en el propósito de “demostrar” o “validar” la teoría de la “inmunidad colectiva” que presuntamente se alcanzaría ante el COVID-19, a través de un “contagio espontáneo, gradual y por tanto controlado”, inmunidad a partir de la cual podría de nuevo echarse a andar o reactivarse la economía que pareciera ser la principal preocupación y prioridad de los actuales gobernantes.

Lo preocupante de esta situación, es que ya otras ciudades y alcaldes que no responden precisamente a los intereses de Uribe y del clan Char, como Medellín, estén cifrando sus expectativas y esperanzas de superación de la crisis del coronavirus en este tipo de no probada y por tanto cuestionada “inmunidad”.

En el juego de Duque y del uribismo, es notorio que estos, con el beneplácito de las autoridades locales, han tomado como punta de lanza y/o experiencia piloto, a la ciudad de Char, a la urbe a la que el propio Uribe no ha dudado en catalogar como su “novia esquiva”, al ser una ciudad que históricamente nunca le ha respondido electoralmente y frente a la que no claudica en su aspiración de conquista para convertirla en su fortín, así sea a punta de elogios y cabalgando sobre la imagen favorable de la que en la arenosa goza Alejandro, pero no Magno, sino el contratador de las rutilantes estrellas del Junior.

Dentro de ese último propósito obsesivo de conquista mencionado, es que quizás se explica que el uribismo haya querido vender ante el país, y desde hace rato, como ejemplo o “modelo nacional de salud pública” a imitar a Barranquilla, ciudad que sin lugar a dudas no solo no es lo que aparenta ser, sino que se rajó y/o perdió el año ante el COVID, como está evidenciado en las cifras que develaron el verdadero rostro de un modelo neoliberal de negocios, en el que la vida de los ciudadanos cede lugar en orden de importancia a las ganancias de los mercaderes de la salud como lo demuestran las estadísticas:

Sesenta y dos mil doscientos sesenta y cinco (62.265) casos en diez (10) meses; una tasa de letalidad del 3,2%, muy por encima de la media mundial (2,1%) y nacional (2,55%); 1994 muertes (4,16% del total del país) y 1.597 muertes por millón, un número también notablemente superior a las tasa mundial y nacional que se ubican en 262 y 935 muertes por millón, respectivamente, es lo que el “modelo a replicar” ofrece y tiene realmente por mostrar.

En contravía de la obstinada idea de alcanzar procesos de inmunidad por contagio y no por vacunación, la OMS, apartándose de las expectativas y metas por las que propugnan Pumarejo y Duque, ha señalado que esa entidad:

“… apoya la postura de lograr la inmunidad colectiva mediante la vacunación (y) no permitiendo que una enfermedad se propague en un grupo demográfico, ya que ello daría como resultado que se presentaran casos y defunciones innecesarios. La inmunidad colectiva contra la COVID-19 debe lograrse protegiendo a las personas a través de la vacunación, no exponiéndolas al agente patógeno que causa la enfermedad…”

Distanciándose de la que llamaremos la “carta” u “opción colombiana” del uribismo-charismo, la OMS ha dicho adicionalmente que:

“… los intentos por lograr la inmunidad colectiva mediante la exposición de las personas a un virus son científicamente cuestionables y contrarios a la ética. Permitir que la COVID-19 se propague entre las poblaciones de cualquier edad y estado de salud dará lugar a infecciones, penurias y muertes innecesarias… cualquier plan destinado a permitir que las personas se infecten con el fin de aumentar la inmunidad de la población”.

Desde esta perspectiva no es para nada descabellado decir entonces, que cada muerte que se produce por el retraso para implementar procesos masivos de vacunación a la espera de que se surtan procesos de inmunidad de rebaño por contagio no impedido por parte de quienes constitucionalmente tienen el deber de salvaguardar la vida de los ciudadanos, es un crimen premeditado que debería conducir a sus autores a responder incluso, ante tribunales internacionales de justicia, dada la captura y dominio por parte del actual gobierno de todas las instituciones instituidas por el Constituyente del 91 para controlar, investigar y sancionar penal, disciplinaria, fiscal y administrativamente a autoridades y gobernantes

AQUÍ PUEDE CONSULTAR EL DOCUMENTO COMPLETO DE LA OMS ARRIBA REFERENCIADO