Alianza de Centro: De espaldas a los intereses del pueblo.

Se encontraron las llaves. Hay más respuestas a los interrogantes que planteaban las actuaciones de los dirigentes del supuesto centro. Se solía decir que la renuencia a practicar una consulta interpartidista, amplia, con todos los sectores “alternativos”, acompañada del apoyo a Sergio Fajardo en primera vuelta y el voto en blanco en segunda, fue con el fin de hacerle el juego al uribismo, por temor al cambio y una suerte de displicencia con el orden de cosas.

Tanto rechazo a proyectos de avanzada, democráticos y revolucionarios alguna explicación debía tener. Hoy una nota de Noticias Uno conduce a un filtro gracias al cual, poco a poco, se podrá ir encontrando la respuesta verdadera. Se dice que un método para verificar la validez de un argumento, hipótesis o tesis es el de la repetitividad, es decir, que se puedan constatar resultados similares en varios eventos.

El supuesto “centro” se enfrasca en repetir lo mismo que en 2018, fraguando alianzas entre dirigentes de partidos y movimientos, al mismo tiempo en que excluye el proyecto que mayor respaldo popular probado tiene, pues alcanzó en ese año 5 millones de votos en primera vuelta y 8 millones en segunda. Exactamente, un proyecto progresista de avanzada que golpea estructuras de poder criminales que otras colectividades han sido y siguen siendo incapaces de confrontar y frente a las que sus posturas ambiguas se tornan cómplices

Ya no cabe duda, el centro es un proyecto de derecha moderada, representado por el santismo (Juan Manuel Galán y Roy Barreras), Sergio Fajardo (uno de los responsables del desastre de Hidroituango, ex gobernador de Antioquia y ex alcalde de Medellín), Jorge Enrique Robledo, Humberto De La Calle y Angélica Lozano (una acomodada, que hace un tiempo era trumpista, de mentalidad y conducta fascista).

La mayoría de representantes de ese mal llamado centro han sido gobiernistas e incapaces de desprenderse de las lógicas de poder dominantes. ¿Son entonces ahora una alternativa de cambio? Muy difícil de creer, por todo lo anterior y porque además persisten en promover la desunión, la fragmentación del movimiento alternativo y democrático del país, lo que hoy nos condena a padecer un gobierno nacional paquidérmico y anti pueblo.

Las masacres aumentaron, el paramilitarismo ha actuado con mayor libertad, la pobreza aumentó, y además, somos uno de los países que peor ha manejado la pandemia y que no cuenta con la primera persona vacunada, peor aún, no existe certeza de cuándo se empezará el proceso de inmunización masiva en el país.

La Alianza Verde y el nuevo partido Dignidad le hacen la segunda a Juan Manuel Santos, quien en colaboración con Uribe Vélez colocó de fiscal en su momento a Néstor Humberto Martínez, conocido recientemente como el “entrampador de la paz”. Apenas llegó Duque a la presidencia, con el apoyo de todo lo viejo y podrido de este país, inició la negociación para que ni Santos ni Uribe fueran investigados y tocados por las llamadas ias (Fiscalía, Procuraduría y Contraloría). En miras a 2022 quieren hacer lo mismo, con el apoyo eventual de los antes mencionados. ¿Qué de nuevo tiene entonces esta propuesta? Absolutamente nada.

Excluir por segunda vez a la Colombia Humana-UP de procesos convergentes de cara a elecciones es una decisión que puede costar la vida de muchas personas, la continuidad del conflicto, el absolutismo del uribismo representado en un hiperpresidencialismo y todas las masacres que hemos tenido que padecer

Seguir con la tesis de que el centro es el único capaz de derrotar al uribismo es hoy una excusa pueril para no decir la verdad, para ocultar que no quieren un cambio real (sino uno cosmético) o que les puede desagradar el anacronismo del uribismo pero que se identifican con el mismo en que son exageradamente neoliberales y especuladores.

Ese pacto miserable y excluyente, no puede compararse con el pacto social e histórico promovido por Gustavo Petro y la Unión Patriótica, que pasa por ejecutar las reformas sociales y económicas que permitan generalizar el bienestar, priorizando a los históricamente golpeados, promoviendo la educación superior gratuita para la juventud, garantizando el acceso a la tierra para el campesino que no tiene donde cultivar y facilitando el tránsito de la energía fósil a la limpia como aporte a la lucha contra el cambio climático.

Nada de esa empresa humanista es de la afinidad del centro, además por los intereses gremiales y empresariales que golpea. Por el contrario, el centro persiste en hacer alianzas por arriba, de espaldas al pueblo, acuerdos politiqueros y burocráticos que no colocan el acento en los álgidos problemas que como país atravesamos, tal cual lo demuestra la repartición que han hecho de la Alcaldía de Bogotá. Es decir, nos quieren vender un proyecto de derecha moderada como la panacea, replicando lo hecho en Bogotá, pero esta vez en todo el país.

El pueblo oprimido, excluido y golpeado deberá condenar en las calles y en las urnas aquellas alianzas hechas a sus espaldas y en desmedro de los intereses mayoritarios.