¿Y la renuncia de Duque y los otros para cuándo?

No basta con después de varios muertos y graves violaciones a los derechos humanos de ciudadanos,  que en todo el país protestaban, anunciar el retiro de la reforma tributaria y creer que todo vuelve al estado anterior a las protestas y que el simple anuncio es un borrón y cuenta nueva. Lo decidido para nada exculpa a Duque y a sus cómplices. De hecho, el anuncio de Duque no es ni siquiera sorpresivo pues ya desde las 12 y 49 del 2 de mayo Uribe Vélez desde su Twitter ya había derogado la reforma.

Cada muerte, cada abuso fueron absolutamente innecesarios y desproporcionados dentro de un marco jurídico que en teoría garantiza a los ciudadanos el derecho fundamental a participar, a asociarse, a reunirse, a movilizarse y a expresarse o difundir su pensamiento libremente.

Si Iván Duque para congraciarse con las órdenes dadas a través de Twitter por su patrón, Álvaro Uribe Vélez, rompió el marco democrático y bien sea por acción u omisión permitió muertes y violaciones de derechos humanos tiene y debe responder como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno, Suprema Autoridad Administrativa y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la República de acuerdo al artículo 189 Constitucional.

La Comisión de acusaciones, o más bien de absoluciones, de la Cámara de Representantes debería iniciar de oficio un juicio de responsabilidades contra el presidente que no va a iniciar y que si se inicia no va a prosperar. Contra quienes siguiendo órdenes o pasando por encima de ellas violaron garantías y libertades ciudadanas muy seguramente tampoco se ejercerá justicia.

Ello nos coloca nuevamente frente a un escenario de total impunidad. Los muertos, los heridos, los vejados serán como tantas otras veces relegados al olvido y el que no se sienten precedentes ejemplarizantes serán el incentivo para que los agentes del estado, a futuro, vuelvan a mirar y actuar con total desprecio frente a los derechos de la ciudadanía.

Y expresamos ésta opinión no como producto de un pesimismo exacerbado sino desde la certeza que nos confiere el saber que todos los organismos de control han sido cooptados por el partido de gobierno. Ni la fiscalía, ni la procuraduría, ni la defensoría del pueblo ni los jueces ordinarios ni los pertenecientes a la jurisdicción penal militar harán nada a lo que ya han hecho: hacerse los de la vista gorda, cerrar, precluir, exonerar, es decir, tapar las  heces nauseabundas como harían los gatos.

Por ello, la peor de las ofensas que podría hacerse a la memoria de los asesinados y de los vejados, no puede ser simple y llanamente la conformidad y la desmovilización frente a lo anunciado. Ello significaría ni más ni menos la peor de las ofensas y haría inútil el derramamiento de sangre.

El retiro del proyecto de reforma tributaria de Uribe, Carrasquilla y Duque solo será temporal. Intentarán de nuevo imponerlo con sus desvergonzados y cómplices congresistas que históricamente se han vendido al mejor postor. Los mismos que mientras se retira una carta están en la dinámica de aprobar a pupitrazos una reforma a la salud que volverá menos accesible para los ciudadanos este derecho desnudado en su ineficiencia por la pandemia.

Si hay un repliegue de las fuerzas ciudadanas solo será comprensible para recomponer fuerzas y para retornar a la mayor brevedad posible a las calles para demandar hasta su consecución la renuncia y judicialización de Duque, así como también el retiro de la fuerza pública de los asesinos y la renuncia inmediata de quienes dirigiendo los entes de investigación y control han guardado silencio frente a los crímenes a los que instigó Álvaro Uribe Vélez.