José Luis Castillo, el directivo sindical “bendecido” con vacuna selectiva

José Luis Castillo Pérez no es un servidor público de régimen especial (docente) común y corriente. Es uno, que ostenta, además, la condición de directivo sindical de la Asociación de Educadores del Atlántico -ADEA-, cargo para el que resultó elegido,  la primera vez, con el respaldo de su jefa Matilde Inés Camargo Rodríguez (rectora IED Jorge Nicolás Abello) y de su hermana  Yoris América Camargo Rodríguez (rectora del Instituto Técnico de Comercio) como lo señalábamos en nuestro último artículo.

Adicionalmente a Castillo Pérez le fue internamente asignada al interior de la Junta Directiva de ADEA la responsabilidad de protección de los derechos e intereses de los docentes, en materia de salud, frente al prestador de servicios médicos contratado por el Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio. Es además, según lo pretende proyectar a través de sus redes sociales, un “devoto hombre de fe”, cuyos principios y actuación pública deberían ser absolutamente transparentes e incuestionables.

Desde lo que de él hemos dicho y escrito, cualquier persona del común o incluso docente, de manera desprevenida, perfectamente podría pensar que sus actuaciones se enmarcan dentro de los de una persona íntegra, incapaz de sacar partido de su cargo y de colocar sus intereses por encima de aquellos a quienes representa y que por el principio de la confianza legítima le creen y hasta lo respaldan electoralmente.

Su nombre, sin embargo,  salió a relucir hace poco por boca del también directivo sindical Henry Rada Varela cuando este último en un video lo incluyó (a pesar de no ser egresado de la Universidad del Atlántico) como uno de los siete directivos dispuestos a respaldar desde ADEA la aspiración de un candidato al Consejo Superior integrante de Cambio Radical y afín a los intereses de la familia Char.

Imaginamos, que frente a lo por nosotros publicado en la noche del 16 de mayo bajo el título “Politiquería en aplicación de vacunas a docentes de Barranquilla y frente al cuál se generaron reacciones posteriores favorables por parte de ADEA, ADEBA y otros docentes, Castillo Pérez en sus redes sociales salió en defensa de la administración y de su mentora sindical señalando:

“Ahí tienen lo dicho, Dios nunca abandona a uno de sus hijos, esto sirve para  que se den cuenta que el juzgar, el prejuzgar, las calumnias y la imprudencia son manotazos de ahogados, sin argumentos que quieren ganar tribuna engañando al magisterio para dividir y pescar en río revuelto y con esta confusión y división llegar a puestos o lugares que ya no llegan porque no tienen credibilidad y para que les alcance le tiran piedra al árbol que más sombra y frutos da. Magisterio del Atlántico y de Colombia no te dejes engañar y no reenvíe cosas que no sean fuentes confiables, que sean sin argumentos, que solo se basen en la calumnia y la mentira o que lleven ese ánimo de divisionismo y destrucción de los líderes que nos representan y que fueron elegidos por ustedes mismos y por su credibilidad en sus acciones… Debemos parar todo esto y si hay que hacer críticas al proceso, que sean constructivas y argumentadas para garantizar las mejoras y el fortalecimiento de nuestro sindicato”.

Los maestros como Castillo, más que los comunicadores sociales, deberían conocer mejor que nadie la llamada Urbanidad de Carreño, texto que sabiamente señalaba que es de mal gusto y un acto de mala educación hablar con la boca llena. Quién nos interpela debería saber que el ejercicio del efectivo y sano liderazgo presupone anteponer los intereses y derechos de los seguidores a los del propio líder, situación a la que no escapan los dirigentes sindicales y que las verdades a medias también hacen parte de la mentira, que tarde o temprano saldrá a la luz pública.

Castillo Pérez, desde un lenguaje cantinflesco que desdice -y mucho- de sus competencias comunicativas y de su rol como educador se defiende y ataca pero en su perorata olvida convenientemente contarle a quienes en el creen que, aun estando y disfrutando desde hace años de permiso y/o comisión sindical, hace parte del selecto grupo de vacunados priorizados y premiados de la administración distrital dentro del listado de la Institución Educativa Jorge Nicolás Abello, a la que está adscrito, pero en la que desde hace años no desempeña funciones como docente.

Y aun cuando su inclusión y su conveniente silencio y defensa de la administración no constituyen infracción a la normatividad penal (delito), lo cierto es que moral y éticamente es reprobable y ponen en entredicho su probidad. En las actuaciones de Castillo, como dirigente y líder sindical debería expresarse una vocación de servicio reforzada en la que prevalecieran los intereses de sus representados antes que los suyos propios. ¿Por qué guardo conveniente silencio y no fue el primero en denunciar y llamar a que se colocara como prioritaria la vacunación de personas mayores a él, con comorbilidades y mayores riesgos de morir si se contagian? Mezquindad y egoísmo pareciera ser la única respuesta.

JORGE N ABELLO