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‘Régimen Mafioso’ aprobó en Cámara la reforma tributaria

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Son una verdadera vergüenza las mayorías del congreso colombiano y los partidos políticos que las integran. No en vano tienen ante la opinión pública una imagen negativa y/o percepción desfavorable del 84% y 86%, respectivamente, según YanHaas. De ellos, el pueblo colombiano no puede esperar más que auténticas puñaladas por la espalda.

La aprobación de la reforma tributaria, ahora por la Cámara de Representantes, marca la profunda desconexión entre el país político y el país nacional. La serie de impedimentos que se tramitan cada que hay una discusión de temas económicos es un indicativo de que quienes resultan electos representan más a poderosos intereses económicos que a los ciudadanos de a pie.

Aunque para intentar lavar la suciedad de las prácticas políticas en Colombia se ha acuñado la frase “la política es dinámica”, lo cierto es que las volteretas y metamorfosis que se evidencian en sectores políticos como CAMBIO RADICAL y el PARTIDO DE LA U hablan más bien de la máxima degradación del ejercicio de la política. El escenario natural de la gran política en Colombia (el congreso) es  una fétida cloaca.

En Colombia, como bien lo señalaba Álvaro Gómez Hurtado, al referirse al régimen mafioso que nos gobierna, no hay partidos políticos cuya existencia se fundamente en la defensa de unas ideas de lo que debe ser la sociedad. El líder conservador en una entrevista decía:

“No hay adhesión a unas ideas, a unos programas. Ahora lo que hay es… la complicidad… se busca… es a ver a quienes hacemos cómplices para que nos ayude. Y entonces el país está gobernado por un régimen que lo que le interesan son las complicidades, entonces sobornan a los congresistas…
lo que interesa no es convencer a la gente como era lo que se hacía en tiempos de los partidos de opinión, sino contratar a la gente que es a base de complicidad…”

Solo en este contexto y en la lógica de partidos y políticos que extorsionan, para sacar ventajas en burocracia y contratos, es como puede entenderse el ‘concierto para pupitrear’ del PARTIDO DE LA U y de CAMBIO RADICAL, colectividades cuyos “líderes” e integrantes tienen precio, más no valor. Cómo las prostitutas ceden ante la mejor propuesta económica y algo muy grande debió ser ofrecido desde Palacio para hincarlos ante el gobierno.

No de otra manera se entiende que mientras en noviembre 7 de 2018 los medios dieran cuenta de que el “Partido de la U no apoyará ley de financiamiento del gobierno nacional”, tras su declaración de inconstitucionalidad (Sentencia C-514/19) y la presentación de ese mismo proyecto un año después para revivirlo, esa bancada decida apoyar lo que ya antes había rechazado.

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Tampoco es ni medianamente comprensible que apenas en agosto 23 de 2019 toda la gran prensa anuncie con bombos y platillos que GERMÁN VARGAS LLERAS “tumbaría la ley de financiamiento en la Corte” y que 4 meses después ordene a su bancada votarla y aprobarla.

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Cómo si fuesen criminales de cuello blanco actúan. Esperan y propician el debilitamiento del ejecutivo para volvérsele imprescindible y hacerlo entender que deben contar con ellos para tener capacidad de maniobra. Luego a la “colaboración” solo le colocan un precio y la transacción se cierra. Da asco un congreso y partidos de esta calaña con expertos en extorsionar al poder ejecutivo para traicionar al poder constituyente y/o elector. 

¿De quién es la culpa si se aprueba la terrible Reforma tributaria de Duque y qué hacer?

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Se aproxima, muy seguramente, la aprobación en la cámara alta de la reforma tributaria de Duque por parte de los partidos políticos a los que poco o nada les importan los intereses de los sectores populares, entiéndase, Centro Democrático, Partido Conservador, los “Cristianos”, Cambio Radical y el Partido de la U.

Las consecuencias para los más vulnerables y la clase media serán sin lugar a duda devastadores y afectarán el bolsillo de millones. No se puede sin embargo perder de vista que tales efectos indeseados son a su vez consecuencia de la adopción de malas decisiones tomadas en el pasado reciente, por esos mismos sectores de la población, a la hora de elegir.

Los ciudadanos, así como han despertado de su letargo y salen a las calles a protestar, en algún momento deberán entender que la soberanía y/o poder del que gozan (la mayoría de las veces sin percatarse de ello) no se transfiere o endosa por plata o por favores a cualquiera. Los jóvenes, primera línea de la protesta deben aprender aún más esta lección. Son sus mesas las que menos sufragios suelen registrar porque las elecciones se efectúan los domingos y en su lógica todo puede postergarse menos la rumba del sábado y el desenguayabe del día después.

La composición del Senado, donde se decide la suerte de la reforma no permite ser optimista: 19 representantes del Centro Democrático,14 del Partido Conservador, 6 “Cristianos” (para los que lo menos importante es la doctrina de Cristo y su opción por los pobres), 16 de Cambio Radical y 14 del Partido de la U, más 1 “indígena” sin sentido de identidad cultural y de clase y 1 Judas de los Decentes para una mayoría de 71 que aceitada con mermelada actúa como una efectiva aplanadora sobre el pobre pueblo.

Mientras, quienes pueden hacer oposición son solo, si acaso, 21 o 35 senadores, siempre que Cesar Gaviria no emita una señal contraria y de último momento si lo llaman y le ofrecen algo llamativo desde Palacio.

Si la reforma se aprueba, quienes se manifiestan en la calle deberán necesariamente cambiar la forma de enfrentar su lucha y sus objetivos. Deberán proponerse la revocatoria del mandato del presidente y del período de Senado y Cámara, pero como ello no es posible a la luz de la Constitución vigente, deberán plantearse la posibilidad de reasumir su poder soberano y hacer las transformaciones que sean necesarias desde una Asamblea Nacional Constituyente.

¿No es necesaria hoy una Asamblea Nacional Constituyente?

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Muchos afirman que no es necesaria la convocatoria a una nueva Asamblea Nacional Constituyente pues lo que se debe hacer no es hacer una nueva Constitución o modificar la vigente, sino aplicar la del 91. Pierden de vista un pequeño detalle: En 28 años no se ha aplicado cómo se debería la Constitución actual. De hecho, su Espíritu se ha tergiversado al vaivén de reformas que la han desfigurado. Ha sufrido en lo que lleva de vigencia 52 modificaciones (una cada 5 meses), frente a la de 1886 que se modificó en promedio cada 1,4 años (70 veces en 104 años).

La intención del Constituyente del 91 fue buena: Sentar las bases para la construcción de un Estado Social de Derecho, es decir, de un modelo de organización en los que tanto el Estado como el derecho se colocan al servicio de lo social, esto es, de las reivindicaciones de los ciudadanos y no al contrario.

Sin embargo, los Constituyentes del 91 cometieron un grave error al no escuchar a Álvaro Gómez Hurtado cuando quiso abrir la discusión sobre el carácter de omnímoda de la Asamblea, esto es, su poder absoluto y sin límites para acometer en el tiempo que fuera necesario los cambios estructurales y/o de fondo que el país requería para dejar atrás el régimen mafioso que en Colombia había coptado casi todo, incluida la política.

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En lugar de ello los constituyentes del 91 optaron por dejar el desarrollo y/o la reglamentación de la reciente constitución en manos de la misma clase política tradicional agrupada en el congreso. Craso error que a manera simbólica podría equipararse a algo así como entregarle un hijo recién nacido a Herodes para que lo cuidara y fortaleciera.

La reglamentación de la norma marco, en manos de los 6 o 7 congresos que sobrevinieron, no se hizo o se hizo al acomodo de los poderosos de siempre. De esa forma el Estado Social de Derecho se redujo a una declaración formal que jamás encontró correspondencia con el sentir de los intérpretes de otro modelo de organización opuesto: El Estado Antisocial de Hecho (Neoliberal)

Tal modelo, contrario al aprobado en el texto constitucional de 1991, se expresa, por ejemplo, en la reforma a los artículos 356 y 357 para raponearle recursos a la educación y a lo social y destinarlos a la guerra o a los banqueros o las sucesivas y lesivas reformas laborales que nada tienen que ver con lo consignado en el artículo 53 Superior.

Pero más allá de lo anterior y por razones hasta entendibles hubo temas vedados para los constituyentes y para la Constitución del 91. Por ejemplo, no se abordó el tema económico en aspectos tan puntuales y relevantes como la democratización en el acceso a la propiedad de la tierra y otros más, aún hoy bastantes sensibles. Esos temas y la recuperación de gran parte del sentido (espíritu) perdido de la Constitución de 1991 bien valdría la pena que sean retomados, profundizados y blindados en un nuevo proceso constituyente.

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La clase política actual y el congreso han dado ya muestras suficientes y fehacientes de no querer autoregularse y transformarse. También de no legislar para el país nacional (no político) sino para intereses mezquinos del minoritario país político. Han demostrado que no les interesa en lo más mínimo y como poder constituido lo que diga, sienta y piense el poder que los constituye o constituyente primario y mucho menos auscultarlo.

De hecho desprecian y le temen al poder primario. A tal punto, que a través de interpuestas personas hicieron firmar sobre mármol a un candidato presidencial como Gustavo Petro que se comprometía a no convocar al soberano para reasumir la soberanía que le es propia y que sólo delega temporalmente en representantes cuyo poder no es absoluto; mucho menos dentro de un modelo de democracia participativa y no representativa como la pre-constituyente.

¿Y si el congreso y Duque insisten en aprobar leyes contra el pueblo?

IMG_20191209_132720La movilización del pasado domingo 8 de diciembre fue contundente y envió un mensaje claro a la minoría exclusiva y excluyente que hoy gobierna de espaldas a los intereses populares. Este país despertó y no está dispuesto a que lo sigan retando y a las burlas. Hasta ahora se ha expresado pacífica y civilizadamente. Pero si la protesta social escala o no dependerá de la movida en el tablero que ahora hagan los poderosos (banqueros, industriales, comerciantes) y quienes legislan para sus intereses.

Si son responsables e inteligentes les convendría no jugar al todo o nada. Les convendría dejar por un momento a un lado su voracidad de ganancias y no menospreciar a las grandes mayorías nacionales hastiadas de su indolencia y falta de empatía y quitarle presión a lo que amenaza con estallarles en la cara por física miopía. Esta no es una crisis más superable. Es la eclosión de un nuevo país que reprueba al presidente y a quienes lo respalden a cambio de contraprestaciones.

No tienten más a su azarosa suerte. No persistan en el abuso que nos ha conducido a ser uno de los países más desiguales del mundo. Si los partidos que pupitrearon los proyectos del gobierno en primer debate y tienen en gaveta otros igual de lesivos a la espera de que todo se enfríe y la gente se adormezca creen que impunemente aprobarán en plenaria, y con base en mayorías construidas desde el Palacio de Nariño, leyes contrarias a los intereses populares se equivocan de la A a la Z.

Su osadía tendrá un enorme costo político. Puede perfectamente significarles a través de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, entre otras muchas medidas, la revocatoria de su período, así como la del mandato del presidente y la definitiva muerte política tanto de unos como del otro. Álvaro Gómez acertadamente definió el poder del soberano convocado en una Constituyente como omnímodo (absoluto y total), lo cual no fue suficientemente interpretado por los constituyentes del 91 que dejaron incólumes temas neurálgicos como el del poder económico, la democratización de la tierra y las garantías electorales, entre otros.

Creanlo, el poder de convocatoria, de movilización, de organización y de lucha de los movimientos sociales de ahora y de los estudiantes de fines de la década del 80 y comienzos de la del 90 es minúsculo, proporcionalmente hablando, al de esos mismos actores ad portas del inicio de la tercera década del siglo XXI.

Si en su testarudez el presidente, los congresistas y el poder económico a quienes ellos representan insisten en su desconexión con el país nacional en sus reformas tributaria, laboral y pensional van a tener respuestas en el terreno de lo político y de la confrontación inteligente que les van a hacer tan invivible e inviable este país como ellos durante décadas se lo han vuelto a quienes hoy están en las calles. Cómo en Chile se dijo cuando ya la situación era irreversible: Escuchen lo que la gente les dice antes que la situación se les vuelva irreversible.

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