Archivo de la etiqueta: Bojayá

El coronel no tiene quien le enseñe (A propósito de un derecho de peticion)

ZomboMeme 13012020112305

No es Macondo ni parte del realismo mágico de García Márquez. En efecto, sucedió en Colombia. Al coronel del ejército y comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Titán, Darío Fernando Cardona Castrillón, se le ocurrió hacerle un derecho de petición al líder social de Bojayá (Chocó) Leyner Palacios, a todas luces absurdo.

Molesto por una entrevista que el dirigente de la Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico (CIVP) concedió el pasado 6 de enero a Noticias Uno, donde Palacios no se explicaba como el ejército no había visto a los cerca de 300 paramilitares que desde el 31 de diciembre hicieron presencia en la zona del Atrato medio chocoano, el coronel creyó que lo acertado o conveniente era, como autoridad, presentar un derecho de petición a un ciudadano.

El requerimiento insta a Palacios, en caso de estar insinuando que existe convivencia o complicidad entre las fuerzas militares y las paramilitares, a que suministre “nombre o apellidos de los miembros de la fuerza pública, el lugar y la fecha en la que se cometieron tales ilícitos, a fin de iniciar las respectivas investigaciones”. También le solicitó informar “qué tipo de personas” son las que han hecho presencia en la zona y hacer una relación de las ONG que han denunciado la presencia de grupos armados organizados y ante qué entidades de control han formulado las denuncias.

Screenshot_20200113_113653

Autoridades en la materia como el ex magistrado de la Corte Constitucional y docente universitario, José Gregorio Hernández Galindo, expresaron a través de tuiter su asombro y extrañeza frente a esta utilización sui generis e irregular del derecho fundamental de petición instituido por el constituyente del 91, aunque poco después, probablemente frente a las respuestas no fundamentadas y groseras de partidarios del uribismo, el jurista se vio obligado a borrar su trino.

https://twitter.com/josegreghg/status/1216529309516681221?s=19

La salida en falso del coronel del ejército tiene más como propósito intimidar al líder social para evitar nuevos pronunciamientos que comprometan por omisión la actuación del ejército, que recabar de verdad información de quién no es autoridad pública ni está investido de facultades de investigación y mucho menos de adelantar labores de inteligencia y contrainteligencia, arrogándose lo que es de responsabilidad exclusiva del Estado y de sus organismos de defensa y seguridad.

La petición que el coronel Darío Fernando Cardona Castrillón le hizo a Leyner Palacios debería redireccionarla hacia sí mismo o en su defecto hacia el Comando de Apoyo de Inteligencia Militar (CAIMI) y a sus batallones de ciberinteligencia (BACIB) o en su defecto al Comando de Apoyo de Contrainteligencia Militar (CACIM) y su Batallón de Contrainteligencia de Seguridad de la Información (BACSI) cuya función debería ser obtener información sobre actores armados que amenazan la seguridad nacional y no interceptar y espiar comunicaciones a magistrados, periodistas y políticos como ha quedado en evidencia que lo hacían tras ser salpicados en el nuevo escándalo de chuzadas recientemente denunciado a la opinión pública por revista Semana.

ZomboMeme 13012020112133.jpg

El coronel no tiene quien le enseñe no es una obra inédita de nuestro Nobel de literatura próxima a ser publicada de manera postuma. Es más bien la radiografía descarnada de unas fuerzas militares que requieren otro tipo de formación y pasar por la universidad para no caer en situaciones tan penosas como en las que se ha visto comprometido nuestro ejército recientemente.

Al Duque usar a niños pobres pisotea su dignidad y derechos

IMG_20200112_192458

Haciendo una clara distincion, Eduardo Galeano decía que “la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; (mientras que) la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.

Tras la visita de Iván Duque a Bojayá y la humillante foto y vídeo dónde se observa al primer mandatario repartiendo golosinas entre niños pobres, con infinidad de necesidades básicas insatisfechas, no queda la más remota duda de que los colombianos no tenemos una persona medianamente inteligente y con unos mínimos niveles de empatía en la presidencia.

Lo de Duque y su asesor de comunicaciones, Hassan Nassar, es irrespetuoso y torpe. Los niños y los habitantes de Bojayá y de Chocó no solucionan décadas de abandono y de ausencia absoluta de la presencia del Estado con golosinas.

Es hiriente aprovecharse de la inocencia y del hambre de los niños y niñas pobres para intentar mejorar la precaria imagen positiva de un gobernante impopular que accedió al primer cargo público del país casi que a través de una rifa efectuada entre los más grandes aduladores de Álvaro Uribe Vélez.

Solo desprecio puede motivar la utilización de imágenes de niños (sin consentimiento de sus padres, imaginamos) para hacer politiquería en una zona del país que requiere otro tipo de intervención por parte del Estado y del gobierno. Es imperdonable lo ocurrido y ha debido concitar al unísono el rechazo ciudadano.

Duque debería presentar excusas públicas al país por esta aberración e Instituciones como el ICBF y la Defensoría del Pueblo deberían hacer un llamado a qué a futuro este tipo de actitudes y de imágenes que laceran la dignidad vuelvan a repetirse. Que alguien le diga al presidente que no repita mas su indignante Halloween.

El ejército llegó tarde a Bojayá: La historia se repite como tragedia

imagen

Igual que en las épocas en que los paramilitares llegaban, masacraban y hasta jugaban fútbol con las cabezas de las víctimas, el Ejército Nacional, bajo la conducción del general Enrique ‘Mago’ Zapateiro llegó tarde a Bojayá. Bastante tarde. Cuarenta y ocho (48) horas después, para ser exactos, como si les hubiesen otorgado a 300 asesinos el tiempo suficiente para difuminarse. Cómo si las cacareadas Fuerzas de Despliegue Rápido FUDRA fueren tan solo un chiste.

Cuando se trata de estudiantes, campesinos, indígenas o trabajadores que se manifiestan todo funciona con la perfección de un reloj para la represión. Cuando se trata del accionar de paramilitares todo se daña y nada funciona, muy convenientemente, sin que ni siquiera experimenten vergüenza. De hecho, ya ni se sonrojan frente a la evidencia de complicidades que revisten la forma de omisión en el cumplimiento de deberes.

La inteligencia militar deja de existir. Las fuentes humanas y tecnológicas fallan. Los drones se quedan sin pilas. Los aviones fantasmas (tripulados o no) no pueden desafiar la ley de la gravedad. Los infrarojos y los aparatos detectores de calor no funcionan. La cooperación estadounidense a través de detección de sus satélites sufre interferencias. Las tropas no se pueden helitransportar. La FAC y el Ejército sienten repentinamente que es éticamente incorrecto bombardear y las tropas pierden sus visores nocturnos y sufren de ceguera, como si a los paramilitares los comandara una especie de Eliseo y se reeditara la historia bíblica de 2da Reyes 6:18.

“La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa” decía, como si proféticamente mirara hacia Colombia, Marx. Los 8 años de la seguridad democrática son nuestra tragedia y el gobierno y/o más bien desgobierno de Duque la más ruin y miserable de todas las farsas, bajo un ropaje que patrocina el pillaje y el retorno de los señores de la muerte. Todo bajo la dirección de Él. El gran Ministro Ejecutor a cuyos pies Pablo Morillo sería un insignificante enano.

Arrancó la “estabilización” con 300 paras pasándole cuentas a Bojayá

masacre-bojaya-kRZD--620x349@abc.jpg

Cómo si lo vivido en mayo de 2002 cuando más de un centenar de sus habitantes murió refugiada en una iglesia tras la explosión de un cilindro bomba arrojado por las FARC, Bojayá (Chocó) ha vuelto a ser noticia, esta vez por la incursión al mediodía del 31 de diciembre de 300 paramilitares, sin que se perciba un accionar preventivo y no reactivo de las fuerzas militares.

Bien podría afirmarse que era previsible lo ocurrido bajo un gobierno en que los grupos paramilitares se han reactivado y se dan el lujo de movilizar grandes cantidades de efectivos sin que la fuerza pública, convenientemente y como en el pasado tenebroso de Colombia, se percate de su presencia. Del accionar del nuevo comandante del ejército, General, Enrique ‘Mago’ Zapateiro, habían dudas que han empezado a ser despejadas: Ya, los paras y no el ausente ejército comenzaron a “estabilizar las regiones de Colombia” a punta de terror y prometiendo plomo.

En este escenario, la escogencia de Bojayá no es gratuita. Es simbólica y aleccionadora. A sus habitantes se les cobra el SI al plebiscito por la Paz del 2 de octubre de 2016 donde de 2074 votantes un 95,8% (1987) se expresaron afirmativamente en las urnas y solo un 4,2% (87 personas) lo hicieron siguiendo los dictámenes y deseos del uribismo.

Pero no sólo eso. Están pasándole factura a sus habitantes por los resultados de las presidenciales en donde Petro se impuso en primera vuelta sobre Duque por 847 votos (50%) contra 242 (14,28%) y casi triplicó su votación para derrotarlo en segunda vuelta por 1494 votos (72,20%) contra 532 (25,71%).

Los datos de la incursión paramilitar atribuida a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia AGC, dan cuenta de que arrancó por la zona de Pogue (Atrato medio) donde en sus dos mesas Petro arrasó con Duque en primera y segunda vuelta presidencial sacándole una ventaja bastante considerable y vergonzosa: 140 votos contra 1 en primera vuelta y 194 votos contra 0 en segunda vuelta.

Si algo ocurre en Bojayá la única responsabilidad recaerá sobre el gobierno y su ejército. Desde los documentos Santa Fe I y II (elaborados por la CIA como manual de actuación para América Latina y trabajado como doctrina de seguridad en la Escuela de las Américas) se conoce que el paramilitarismo es una forma paralela de actuación estatal que considera ‘enemigo interno’ a cualquier persona que se aparte de lo que quiere el establecimiento y/o ‘piense diferente’ y que para minimizar las consecuencias por condenas por violación de derechos humanos el Estado recurre a personal ajeno a la institucionalidad para hacerle el trabajo sucio.