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Si el enemigo no existe hay que crearlo (la estretagía del Uribismo)

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El uribismo está desesperado. Nada le viene saliendo bien. Las encuestas no.muestran mejoría; Maduro no cae y se fortalece tras el “cerco” (o cerdo) diplomático de Duque; el inconformismo y la protesta social interna escalan frente a la inoperancia del “presidente” que colocó el ventrílocuo; las objeciones a la JEP (Hacer trizas la paz) no cuentan con el necesario consenso parlamentario; Trump de manera pública descalifica a Ivancito y, para colmos, el parlamento ruso les hace una seria advertencia de no intervenir en los asuntos internos de Venezuela ni agredirla (principio de no injerencia).

Para agravar la situación Richard Maok Riaño, el ex miembro del CTI exiliado en Canadá y más conocido como Hacker Fiscalía (@hackerfiscalia en twitter) aprovecha la marcha de colombianos hacia la Corte Penal Internacional (CPI) y presenta personalmente ante la misma un cúmulo de pruebas científicas que muestran los nexos entre el ex fiscal Luis Camilo Osorio y Álvaro Uribe Vélez con el paramilitarismo.

Inmediatamente y como reacción “surge” un nuevo grupo paramilitar autodenominado MEP (Muerte a Enemigos de la Patria); surgen amenazan a toda la familia de Gustavo Petro Urrego y, militares activos y en retiro, desde sus redes sociales, empiezan a difundir supuestas amenazas de la Columna Móvil Jaime Martínez de las FARC EP (Frente Primero) donde se declara objetivo militar a todos los miembros de la fuerza pública y de la policía.

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La idea pareciera ser clara: Generar caos y zozobra para ocultar o minimizar el mal momento del patrón, a partir de exacerbar el odio y la polarización y, además, crear (artificialmente) la sensación de existencia de una amenaza “real” proveniente de un “enemigo interno” (guerrilla) financiado por un “enemigo externo” (Maduro) que busca desestabilizar al gobierno y al país utilizando, entre otros muchos medios, a civiles aliados (indígenas, campesinos, trabajadores, estudiantes, oposición política) que deben ser enfrentados sin contemplaciones y recurriendo a la razón de la fuerza, es decir, a las balas.

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En todo este maquiavélico contexto, no es de extrañar que, al mejor estilo de las épocas de Pablo Escobar, empiecen a estallar carros bomba que afecten tanto a civiles como a militares y que se arranque un “plan pistola”, como en las épocas del capo,
en el que se asesine a “piezas sacrificables” por su bajo rango para que más de un incauto vuelva a creer en que lo que necesita el país es una mano firme y un corazón sanguinario que a punta de balas, exterminio y muerte se reinventa como nuestro “salvador”.

La lógica demencial del uribismo, cuando pierde el oxígeno de la guerra, aunque mezquina y perversa es simple:

Si no hay enemigos, “peligro” inminente o miedos y se pierde respaldo, hay la necesidad de crearlos recurriendo a los medios que sean necesarios para hacerlo (el fin justifica los medios). Divide y reinarás. Auto conviértete en víctima (aunque seas victimario) y lograrás movilizar ejércitos de ignorantes e incautos fanatizados, que son el insumo fundamental para reiniciar nuevos fuegos y nuevas guerras

Infiltrar, desprestigiar y deslegitimar para justificar agresión brutal: La agenda del gobierno frente a la protesta social

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La guardia indígena capturó y entregó a la Defensoría del Pueblo a 3 integrantes de la fuerza pública infiltrados en su protesta quienes portaban una granada de fragmentación. No obstante, ningún medio de comunicación lo reseñó. Prefieren en sus titulares mostrar a los indígenas como victimarios antes que como víctimas de un despojo y de una agresión que comenzó hace siglos y que no para por parte de quienes sustituyeron a los españoles en el ejercicio del poder.

Desde la lógica del gobierno, vale muchísimo menos una bala que implementar reformas y financiar el bienestar social de los ciudadanos. Pero como echar bala y atemorizar a la población para que no exija sus derechos y guarde silencio no resulta tan sencillo como lo era hace varias décadas, les toca hacer un trabajo previo que los justifique ante el mundo.

La protesta social en Colombia por órdenes de presidentes, ministros y altos mandos policiales y militares se infiltra para generar desmanes que son convenientemente transmitidos por los medios afines al poder con propósito de desprestigio y de la necesaria deslegitimación que justifique la represión, es decir, el empleo de los gases, de las balas (de goma y de plomo) y de explosivos contra los más pobres y vulnerables.

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Cuando ello no ofrece resultados se implementa la también despreciable práctica de asesinatos sistemáticos de líderes sociales por parte de una bien estructurada organización con presencia en todo el territorio nacional, cuyos miembros y mandos, convenientemente, nunca son identificados, judicializados y mucho menos combatidos por los organismos de seguridad del estado, que ni siquiera se experimentan vergüenza frente al genocidio e impunidad.

De esa lógica perversa es hoy víctima la minga indígena, pero también lo han sido las protestas de los campesinos, de las comunidades afrodescendientes, los estudiantes, los trabajadores y todo aquel que no haga parte del círculo exclusivo de las élites que nos gobiernan.

Hay videos del ejército disparando en la zona, pero se culpa a los indígenas de ser los autores de la lamentable muerte del agente de policía Boris Alexánder Benítez Leclerc, por presunto disparo de proyectil de arma de fuego (18 de marzo). Como si hubiesen estado a la espera de la tragedia, inmediatamente sobrevienen las declaraciones del Ministro de Guerra Guillermo Botero (19 de marzo) hablando de infiltración, igual a como ya lo había en el Congreso de Confecamaras en Cartagena en septiembre 13 de 2018.

El mismo 19 de marzo el propio presidente, sin la rigurosidad de una investigación sería que lo corrobore, sale a reafirmar la tesis de los infiltrados.

Un día después (20 de marzo), curiosamente en concordancia, el cuestionado “periodista” Herbin Hoyos Medina publica una foto falsa de una mujer de facciones indígenas con fusil y camuflado y horas después el expresidente Uribe a través de un trino y un vídeo criminaliza la protesta social

Solo 24 horas más tarde (21 de marzo) una explosión en Dagua mató a ocho guardas indígenas luego de que al parecer alguien lanzara un artefacto explosivo que podría asemejarse al que le encontró la guardia indígena a los 3 militares infiltrados.

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Cuatro videos de alias Popeye sobre Uribe Vélez

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Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias “Popeye” respeta, o más bien teme, a Álvaro Uribe Vélez tanto o más de lo que en su momento respetaba y temía al que para la década de los 80 era su patrón, el “patrón del mal” en Colombia.

Popeye debería tener hoy razones diferentes para temer a las que tenía en mayo de 2018 cuando fue recapturado por extorsión y concierto para delinquir cuando era presidente Juan Manuel Santos. Para entonces sus miedos giraban en torno a una extradición a Estados Unidos, poco posible hoy, pues al poder para nada le conviene que cuente en tribunales gringos secretos que comprometen a personajes poderosos en Colombia.

En épocas como las actuales de Colombia para Popeye existen dos posibilidades: Que sea liberado por tecnicismos como lo acaba de ser el investigado por narcotráfico y paramilitarismo Santiago Gallón Henao o que dado lo incómodo que resulte para muchos poderosos, por lo que sabe, termine suicidado con cianuro u otro veneno letal en la cárcel donde está recluido.

Tras purgar una pena de 23 años por la muerte de Luis Carlos Galán Sarmiento, Popeye fue liberado en 2004 y un tanto imprudente reveló en entrevistas detalles sobre la pista de la Hacienda Nápoles, desde donde se exportaba cocaína, que debió callar.

Advertido, o amenazado quizás, por hablar más de la cuenta, Popeye dio un viraje en sus actuaciones y declaraciones y terminó asumiendo una suerte de vocería pública ad hoc del Centro Democrático al punto que incluso apareció en fotos acompañando en marchas y/o manifestaciones a Mario Uribe, el primo del expresidente Uribe Vélez, condenado por la Corte Suprema de Justicia de Colombia por parapolítica.

Sin embargo Velásquez Vásquez, como habíamos dicho, ya había hablado veládamente de un personaje que sin identificar señaló como “un expresidente colombiano” al que calificó como “el hombre más poderoso de Colombia, más poderoso que cualquier mafioso… dueño de la República de Colombia…”

La incógnita sobre a quien se refería, quedaría develada en otra entrevista donde hablando ya concretamente de Álvaro Uribe Vélez señala sus temores por estar viviendo en Medellín, urbe de la que dice que “Álvaro Uribe Vélez es el dueño”, señalando seguidamente, sobre los secretos del ex Jefe de Estado, que ya “llegará el tiempo en que haya que contarlo”.

Algunos de los aspectos ocultos, secretos o desconocidos de Uribe el propio Popeye los revela en dos entrevistas en las que cuenta la historia de la pista aérea de la Hacienda Nápoles desde donde se exportaban grandes cantidades de cocaína hacia Estados Unidos

Popeye, sin dudarlo, señala que Uribe Vélez, como director de la Aerocivil en la época, autorizo la pista aérea a sabiendas de que dicha autorización favorecía a Pablo Emilio Escobar Gaviria quien para la época ya era un reconocido y poderoso narcotraficante