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Uribe de nuevo gobierna: Demos gracias al voto en blanco y a los tibios

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No cabe ya ninguna duda. Volvió Uribe y nos gobierna en cuerpo (¿o quizás puerco?) ajeno. De nuevo hay chuzadas a magistrados, periodistas y políticos. Se reactivaron los “asesinatos aplazados”. Volvieron a ser cotidianas (como en épocas de la UP) las muertes selectivas que huelen a masacre con “criterio social”. Se repite la historia: los militares, convenientemente, no ven ni combaten a los paramilitares. Otra vez los paramilitares se toman el territorio y con desparpajo hasta hacen videos anunciando como extorsionarán para financiar su “industria de la muerte”.

Pero ese retorno tenebroso y que nos recuerda la célebre frase “se le dijo, se le recomendó (y) se le advirtió” del fallecido humorista uruguayo Hebert Castro tiene unos responsables concretos, en este caso quienes en Colombia, como el personaje “peraloca” de los años 80, “se pasaron la advertencia por la faja” y “desatendieron el consejo” de no hacer todo lo posible a su alcance para evitar que el uribismo retomara el control del país y sobreviniera de nuevo el oscurantismo y la barbarie.

De la tragedia que hoy afronta el país y que implica nuevamente derramamiento de “litros de sangre”, muerte, amenazas y abusos de poder, puede responsabilizarse por complicidad por acción y omisión a varios “personajes”. En primer lugar los que, como Sergio Fajardo, dejaron de tomar partido y prefirieron irse a ‘ver ballenas’ a sabiendas y conscientes que “cada que una persona deja de votar porque dice que para que votar si todos son iguales” los que celebran “son los corruptos”.

En segundo lugar quienes como “líderes de opinión” votaron en blanco y, acéptenlo o no, promovieron que otros ciudadanos siguieran sus pasos descalificando a la opción política que competía con Duque, misma que más allá de sus malquerencias y mezquindades sabían que por mala que resultara jamás tendría las implicaciones que si sabían que se desprenderían de la reconquista del gobierno y del poder por Uribe. Sabían de sobra de que este último era capaz y aún así no les importó.

En este último grupo puede ubicarse, por ejemplo, a Daniel Samper Ospina y Daniel Coronel, quienes en su soberbia y por omisión posibilitaron de nuevo el acceso de Uribe al poder dando a entender malintencionadamente (al no ser cierto) que un gobierno de Petro en nada se diferenciaría de Duque y tambien desembocaría irremediablemente en autoritarismo, restricción de las libertades democráticas, interceptación de las comunicaciones, rearme del paramilitarismo, avivamiento de la guerra, asesinatos y destrucción del marco institucional y del medio ambiente.

Lo peor de estos nefastos personajes, más allá de la falta de empatía con quienes en Colombia si padecen los rigores de las políticas de exterminio de la extrema derecha, es su insensibilidad para aún, con el baño de sangre que ha vuelto a surgir en su país, reconocer que en su decisión primó, más allá del interés colectivo y/o general, sus animadversiones y sus posiciones subjetivas.

No van ni siquiera a admitir que se equivocaron. Por el contrario se vanaglorian de decisiones y posiciones que han vuelto a ocasionar derramamiento de sangre. Mientras tanto, como Fajardo, miran para otra parte como si en lo que viene sucediendo no tuvieran, y en grado alto, una gran cuota de responsabilidad política.

Perfil psiquiátrico de Daniel Samper Ospina

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Daniel Samper Ospina es conocido en el país por su “humor” no precisamente fino. Se presenta así mismo como una mezcla de periodista, humorista e influencer que logró volverse figura pública y adquirir notoriedad satarizando a Álvaro Uribe Vélez y saliendo incólume de tal propósito a diferencia, por ejemplo, de Jaime Garzón.

Ello se explica, porque su pretendido antiuribismo, a diferencia del de Garzón, es impostado. Políticamente entre Samper Ospina y Uribe Vélez las diferencias son de forma más no de fondo. Al igual que el segundo, Danielito defiende el neoliberalismo y los privilegios de las minorías que gobiernan el país de las que el se siente parte por sus abolengos.

Lo que Samper no soporta de Uribe desde su elitismo capitalino son sus orígenes, los rasgos y, además, el inmerecido poder acumulado por un “montañero” que no guarda normas y etiquetas ni en la forma de calzar. Por ello y por nada diferente lo ridiculiza a sabiendas de que su cuna le proporciona un cierto nivel de inmunidad para burlarse sin correr la suerte de Garzón.

Pero Daniel no se queda solo en ser bufón a instancias de Uribe. A Gustavo Petro tampoco lo tolera por las mismas razones. No soporta su origen humilde y su falta de “clase” y alcurnia. Si a Uribe le crítica los crocs a Petro el ser un ‘igualado’ que osa usar Ferragamo.

Por eso ataca tanto a uno como a otro. Alimenta su popularidad sobre la base no de humor sino de hacer de adulto lo que seguramente también hacía de niño y de adolescente: Matoneo. Burdo y simple matoneo, desde racionalizar que este tipo de conductas antisociales también genera popularidad.

En el fondo y ante la ausencia de inteligencia como factor para destacarse políticamente ataca a quienes, a diferencia de él si lo han logrado a pesar de no provenir de prestigiosas familias capitalinas. Lo hace con el desprecio que adquirió hacia los provincianos y costeños a través de los libretos y del humor arribista de su padre en Dejémonos de Vainas.

 

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Con la popularidad de Uribe por el piso, ahora Danielito enfila todo su poder destructivo de ridiculización hacia Petro. Para ello está dispuesto a recurrir a todos los medios a su alcance. Lícitos e ilícitos. Ello explica su foto Fake donde a través del Photoshop muestra a Petro con una bolsa de Mario Hernández. Lo descubren y no experimenta pudor alguno. Ni siquiera tiene la gallardía para retirar la imagen falsa de su tuiter o presentar disculpas. Carece de escrúpulos y tiene una alta dotación de bajeza y envidia que lo corroe en vida, a pesar de que sonría

Decepcionada de Daniel Samper Ospina

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Por: Ana María Sánchez S (Twitter: @AnaMaria600_0)

Hace años era fan de Daniel Samper. Creía inocentemente que su humor político, que leía religiosamente en revista Semana los domingos, de alguna manera ayudaba a abrir los ojos y, por ende, a concientizar para cambiar las cosas. Hasta le había comprado un libro alguna vez. Pero no. Con el tiempo me fui dando cuenta que sólo era una persona que busca generar tráfico (público) en beneficio propio, lo cual creo qur no tiene nada de malo, de no ser porque se le ha dado por utilizar su influencia para incidir en el posicionamiento de personajes desastrozos en el ejercicio de la politica.

Recuerdo que el cliché de “lo técnico” lo aprendí por medio de Samper, y recuerdo claramente que fue por ese cliché, que estuvimos engañados tanto tiempo con Peñalosa.

Otra de sus “grandes influencias”, en la cual parece que se esfuerza bastante actualmente, ha sido el voto en blanco, lo cual en su momento no tuvo nada de malo excepto porque participó de manera permanente en una campaña de estigmatización a una opción muy viable y que podía realmente enfrentar a todo aquello a lo que tantó criticó en sus columnas. Pero no, nunca fué su prioridad que nada cambiara realmente. Y esa pose de estar de parte de las buenas causas fué, y es, sólo hipocresía.

Resulta muy desconcertante que a día de hoy Samper, y otros que votaron en blanco, pretendan hacer ver que su voto (que para mi es una muestra de importaculismo tremendo), es algo por lo cual haya que sacar pecho al punto de seguirlo promoviendo. Como si en democracia sólo fuera posible el todo o nada, y no fuera posible, y hasta en algunos casos valioso, elegir el menor de los males buscando un objetivo o un bien superior. ¿Que hay mas sectario que eso?