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¿Cómo es posible? Amenazan a Leyner Palacio en las ‘narices’ del Ejército

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Es inaudito. Los miembros del Ejército llegaron tardía, vergonzosa y convenientemente a Bojayá pero llegaron. Luego dan un parte de que no encontraron a los 300 paramilitares en el territorio al que estos últimos arribaron a infundir terror. Casi inmediatamente y para acrecentar la vergüenza de la institución castrense, se produce una grave amenaza de muerte contra el líder social Leyner Palacio.

Inconcebiblemente en la Colombia gobernada por el uribismo están proscritos todos los derechos humanos y los encargados constitucionalmente para garantizar la protección del derecho fundamental a la vida sencillamente se hacen los de la vista gorda, mientras a unos los amenazan y a otros los matan uno por uno, por la comisión de un “delito” que solo existe en las mentes de la extrema derecha colombiana: no pensar como ellos.

La diferencia en Colombia está proscrita y aunque también lo está en el papel la pena de muerte, en la práctica está instaurada (en medio de la impunidad) la muerte sin pena y el permanente desplazamiento forzado de las y los líderes sociales.

Si al interior de las fuerzas militares aún quedara algún vestigio del honor militar se sabría que lo que acaban de hacer los paramilitares, al entregarle 2 horas para irse al Secretario Ejecutivo de la Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico y líder afrocolombiano de Bojayá (so pena de ser asesinado), más que una afrenta contra Palacio lo es contra la propia legitimidad del Ejército Colombiano y para su imagen, bastante maltrecha a nivel internacional a raíz de la vergüenza de las ejecuciones extrajudiciales.

El mensaje es claro: O los militares están implicados en lo ocurrido en Bojayá o les han dado a entender que entre las filas paramilitares no infunden el más mínimo grado de respeto. Ambas posibilidades son igualmente graves.

Lo ocurrido no pasará desapercibido. Leyner Palacio, con un grupo de víctimas, estuvo postulado al Premio Nobel de Paz en 2016 y en 2017 fue galardonado con el premio Mundial al Pluralismo. Su “crimen” es impulsar el “Esclarecimiento de la Verdad sobre el Daño al Territorio”, en razón de lo cual asumió la responsabilidad de coordinar la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico (CIVP). Infortunadamente pareciera que a algunos miembros del gobierno y del partido de gobierno no les interesara la verdad. La impresión que dan, es que los amenaza y lacera porque expone su real talante antidemocrático, arbitrario y criminal.

Dabeiba: Nuevas fosas comunes en el reinado del ‘señor de las sombras’

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Hay quienes con sus manos untadas de tierra siembran hortalizas, verduras, frutas, legumbres y su trabajo no es suficientemente valorado. De hecho, son muchas veces menospreciados, víctimas de despojo, de desplazamiento, de muerte y de la cruenta guerra que ha vivido Colombia y que los ha privado de sus tierras para engrosar las propiedades y el número de hectáreas de sus verdugos. A ellos nuestro homenaje.

Hay otros que con sus manos sucias de sangre siembran cuerpos inocentes de quienes no tuvieron iguales oportunidades en la vida y su trabajo repugnante si es valorado. De hecho, son muchas veces elogiados como héroes y algunos hasta alcanzan los más altos cargos de honor a los que pueda aspirar un ciudadano en nuestro país. A ellos nuestro repudio.

Son las cosas que ocurren en una sociedad con los valores invertidos como Colombia. Los que contribuyen con la vida son perseguidos y los que contribuyen con el horror y la muerte son venerados y exaltados reforzando y/o exacerbando su capacidad de escalar y continuar haciendo daño.

El horror que ha salido a la luz pública con el descubrimiento de una nueva fosa común en Antioquía, gracias a la labor de la Jurisdicción Especial para la Paz, no tiene nombre. Sin embargo, no genera todo el repudio que debería hacia sus causantes en virtud de que una parte importante de la sociedad colombiana ha sido inmunizada contra el crimen y aún miran a los criminales como salvadores.

Se ha perdido la empatía hacia las víctimas. Las que perecieron y las que aún muertas caminan en vida. Y es que detrás de cada inocente que fue reclutado con mentiras para ser alejado de su entorno familiar bajo promesas de trabajo y luego uniformado y asesinado, hay cientos y miles de familias que también fueron asesinads en vida y que viven en la tristeza y la incertidumbre de no saber dónde están sus seres amados y cómo y por qué fueron asesinados.

“Falsos positivos” es un eufemismo maldito acuñado por los asesinos y los medios a su servicio para minimizar la magnitud de sus crimenes que incluyen desaparición forzada y asesinato cobarde de seres humanos en condición de absoluta indefensión, con propósitos tan ruines como la obtención de recompensas (permisos, dinero, ascensos) o desfigurar la realidad encumbrando a auténticos psicópatas y monstruos despreciables como héroes y salvadores nacionales.

Tal es la inversión de valores que se ha gestado, que contraria a toda lógica. La política de la muerte, que se fundamenta en el odio, la venganza y la corrupción, es decir, en todo aquello que representa lo opuesto o contrario a las enseñanzas y doctrina de Cristo, en Colombia es respaldado por los “pastores cristianos” y sus rebaños engañados. La sal en Colombia también se corrompió. Se envileció. El amor se enfrió.

La película “Silencio en el Paraíso” ilustra perfectamente esta temática (Ver)