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Uribe: el pirómano de twitter que dirige fusiles contra indígenas y ciudadanía de Cali

De nuevo las órdenes genocidas fueron acatadas al pie de la letra. Twitter le creyó a Uribe Vélez que había sido un error inintencionado el estigmatizar y colocar bajo la mira al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) al “confundir” su bandera roja y verde, en un automóvil, con la rojinegra del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Eran las 9:26 AM del 5 de mayo de 2021 cuando desde su cuenta que twitter Uribe lanzó una directriz velada a policías, militares y “civiles” armados (paramilitares) para que estos entendieran que los indígenas habían sido marcados como blanco legítimo u objetivo militar estratégico en función de quebrar la moral de los ciudadanos de Cali que no residen ni cuentan con los privilegios de la élite racista, violenta y excluyente del Sur

Y aunque, quizás advertido o conocedor de lo que sobrevendría en Cali, en términos de violencia para los indígenas integrantes de la Minga, Uribe intentó mostrar su trino como una equivocación que,  exculpándose, atribuyó según sus propias palabras a “algunos de mis ayudantes”,  todo su odio ya había sido dirigido y el daño era irreversible como lo constataron los ataques a bala de los que fueron objeto los pueblos originarios del Cauca en los días subsiguientes.

Poco antes, esta especie de personaje siniestro trazador de la violencia y de la muerte había ya direccionado otros lineamientos violentos a través de Twitter que se cumplieron al pie de la letra, como cuando por ejemplo el 30 de abril a las 8:51 AM instigó a policías y soldados a “utilizar sus armas” de lo que a la ligera catalogó como “acción criminal del terrorismo vandálico”. La respuesta obediente a esta especie de licencia para matar no se hizo esperar y aún hoy no se detiene.

La incitación a la respuesta violenta que hoy desde todo el mundo y desde organizaciones de Derechos Humanos se cuestiona y condena se reiteró cuando de nuevo bajo la complicidad de Twitter el 3 de mayo a las 11:06 AM Uribe equiparó la legítima protesta social con lo que él denominó “terrorismo más grande de lo imaginado” y orientó que había que “Resistir Revolución Molecular Disipada”, lo que equivale a una criminalizando de la protesta y a un llamado a combatir piedras con los fusiles de unas Fuerzas Armadas a las que llamó a “fortalecer” para no “anular su accionar legítimo”.

No contento con azuzar a policías y militares y buscando escalar el conflicto y enfrentar a civiles protestantes contra “civiles” armados, el mismo 3 de mayo pero a las 8:11 de la noche Uribe volvió a trinar “advirtiendo”, antes de que efectivamente ocurriera, que entre residentes del exclusivo sector de Ciudad Jardín podrían presentarse una reorganización paramilitar, cuando habló de “Reacciones armadas… por hechos vandálicos y por bloqueos de movilizaciones… que puede generalizar la acción privada… que Colombia había superado con el desmonte paramilitar”

En ese mismo día (3 de mayo), pero un poco más tarde (9:12 PM) el expresidiario Uribe volvió a insistir en el tema de los “civiles armados”, señalando que la “criminalidad no puede derrotar a nuestras instituciones ni destruir a nuestro sector privado” y arengando a la “cooperación… efectiva de ciudadanía sin armas con las Fuerzas Armadas institucionales.”

Casi que de manera automática, o más bien concertada, la comunidad del barrio al que aludió Uribe hizo una manifestación resguardada por la policía en inmediaciones de la Universidad del Valle, donde amenazaron con quemar el claustro de formación superior (1); una de las damas de la alta sociedad agredió a una estudiante que la filmaba con un palo de Golf sin que la policía interviniera ni la capturara (2) y dónde un presunto edil del Centro Democrático de nombre Carlos Andrés Betancourt amenazó con 25 mil armas, amenaza que se ha concretado en las últimas horas con disparos efectuados por civiles desde carros de alta gama contra los integrantes de la Minga demostrando que los ricos también matan.

A pesar de la presionada disculpa que Uribe debió ofrecer al CRIC, en la noche de ese mismo 5 de mayo (9:32 PM) volvió a demandar “autoridad contra los violentos” (realmente autoritarismo) llamando a no confundir “protesta social legítima con vándalo-terrorismo”, lo que volvió a dejar en evidencia su intencionalidad macabra de colocar una lápida sobre los manifestantes, habida cuenta las características radicales, fanáticas y violentas de quienes se identifican con la opción política guerrerista y violenta del Centro Democrático.

Pero como a si toda su narrativa violenta e incendiaria no le hubiesen bastado los ataques contra los indígenas perpetrados en la noche del sábado y antes le hubiese disgustado la respuesta pacífica y efectiva de la Guardia capturando a los responsables, Uribe este domingo 9 de mayo volvió a la carga con mayores niveles de beligerancia e intolerancia cuando a las 6:42 AM y tras episodios donde en video se ve a civiles atacando a los indígenas a bala con la complicidad y protección de policías, justificó la violencia paramilitar trinando sobre el “derecho de los colombianos a vivir sin bloqueos y sin violencia” como “no…  negociable” y solo conquistable con mayores dosis de “AUTORIDAD” administrada a través de las balas.

Y como para despejar dudas de que sus trinos se refieren o van dirigidos específicamente contra integrantes de la comunidad indígena del Cauca, el mismo 9 de mayo sobre las 11:07 AM Uribe trinó que “cualquier persona puede ir a Cali; pero es inadmisible que lleguen a promover violencia, saqueos y bloqueos que afectan la salud, a los ciudadanos y a sus bienes…” en clara alusión e invitación a expulsar por cualquier miedo o miedo, vivos o muertos, a los indígenas caucanos.

Dentro de su apología a la violencia ejercida contra población especialmente protegida y como justificante para la misma,  a las 3:05 de nuevo volvió a arremeter colocando a los victimarios de armas automáticas como víctimas, sin serlo, al mentir y señalar que “ciudadanos (que) se oponen a bloqueos, son golpeados y atacados con armas cortopunzantes y de fuego por violentos”, y solicitando a los hombres armados bajo su mando que “desmonten bloqueos…”.

La prueba reina del malintencionado y criminal ensañamiento de Uribe Vélez y de sus hombres contra las comunidades indígenas está dado, además por dos videos compartidos este domingo desde su trinchera de Twitter, uno de los cuales, el de las 5:13 PM, señala a los indígenas de “bandoleros que han llegado a reforzar el vandalismo interno” y sobre los que demanda ejercer, una vez más “autoridad” (autoritarismo).

Dos horas después (7:15 PM) Uribe, único responsable de los ataques y muertes que se produzcan entre los indígenas a manos de policías, ejército y sus civiles ricos armados (paramilitares), quienes expresan a la perfección sus tesis aporofóbicas y de odio de la clase pudiente hacia los parias de la sociedad,  volvió a trinar para infundir o inocular más odio hacia quienes despectiva y racistamente tildó de “hordas de terroristas que han invadido la ciudad (Cali)”

Una recopilación de videos muestra las acciones armadas de la élite caleña, indetectable como los paramilitares, para unas autoridades a las que no les interesa individualizarlos y ponerlos a disposición de la justicia

Galán nos advirtió sobre la Narcodictadura

Con dudas sobre la transparencia en el papel cumplido por la Registraduría Nacional del Estado Civil en las elecciones presidenciales y sobre la injerencia de dineros del narcotráfico en dicha campaña, Álvaro Uribe Vélez, a través de interpuesta persona, esto es, de Iván Duque Márquez, se hizo por tercera vez con el poder ejecutivo en Colombia y, además, con el cargo de senador y líder indiscutido de la bancada del partido de gobierno.

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Guerra a muerte contra los jóvenes: Genocidio generacional

Se escuchaba, incluso en la voz de reconocidos periodistas, que si Uribe iba preso se desataría una guerra en el país. Lo que nunca dijeron, ni nos imaginamos, es que sería una guerra selectiva, sucia, siniestra, en forma de masacres reeditadas y con un objetivo específico: los jóvenes. La franja o nicho poblacional que no cree y antes repudia el lenguaje y la política de la guerra, de la muerte, del exterminio, del odio, de la exclusión. Seguir leyendo Guerra a muerte contra los jóvenes: Genocidio generacional

¿Sanclemente fue en puertos y aeropuertos el nuevo “muchacho bendito”?

Para el capo máximo del Cartel de Medellín, en ese entonces, las licencias de operación de aeropuertos y aeronaves fueron significativas y un punto de lanzamiento al éxito de su negocio de exportación de cocaína. Por eso quizás, eufórico y entre wiskys, ponderaba la labor y se refería al nuevo director de Aerocivil de la época (que había sustituido al por ellos asesinado) como el “muchacho bendito”. Seguir leyendo ¿Sanclemente fue en puertos y aeropuertos el nuevo “muchacho bendito”?

Marta Lucía Ramírez: razones para solidarizarse con su tragedia familiar

Bernardo Ramírez Blanco, es el nombre del joven emprendedor o empresario, hermano de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, que tras calcular las utilidades que generaría la alta demanda de un producto con poca o limitada oferta en el mercado norteamericano y visionando, además, las ventajas comparativas entre vender productos de primera necesidad para la sociedad norteamericana (importándolos desde territorios lejanos como Afganistán o proveyéndolo desde el Caribe), decidió exportar heroína, muy seguramente con el propósito altruista y bien intencionado de abrir un nuevo rentable mercado y generarle divisas a su país.

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Despenalicemos y legalicemos el robo para los altos servidores públicos

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Llegó el coronavirus y una de las frases que más y con mayor esperanza se escuchó, es que esta situación adversa probablemente haría emerger la esencia buena de los colombianos. Así, indudablemente está ocurriendo y se está expresando excepto en quienes deberían dar ejemplo de integridad, sensibilidad y solidaridad: los gobernantes.

Mientras muchos, anónimamente, desde sus propias precariedades comparten de lo poco que tienen con quienes tienen menos o nada, ya han sido detectados varios casos de gobernantes que vieron en la crisis no una oportunidad para resarcirse como seres humanos y ayudar a los màs necesitados, sino como otra oportunidad para el maldito “corone”, forma eufemística de disfrazar el más
execrable de los crímenes: robarse los recursos públicos quitándole la posibilidad de obtener comida al hambriento.

Por una vez, por una bendita vez, han debido hacer un alto en su comportamiento criminal y usar la totalidad de recursos públicos puestos bajo su administración para solventar las necesidades de los más pobres, de los que subsisten en el día a día y que no tienen culpa (más allá de votar mal) de la sociedad injusta y desigual que los mismos politicos han construído a partir de sus robos constantes al erario y de sus fechorías.

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Ni siquiera se les pedía que de su dinero o de su sueldo proveyeran las ayudas y mercados, pero aún así su desalmada conducta no les permite, siquiera una vez, hacer las cosas bien. Ni el propio presidente y altos dignatarios del estado se escapan de esta debacle moral de un régimen corrompido hasta en sus tuétanos. Lo de Ingreso Solidario es un claro ejemplo de ello. Las ayudas llegan a fantasmas y de éstos pasan seguramente a engrosar las cuentas de peces gordos (no es una alusión al presidente) en paraísos fiscales.

Como muy seguramente vendrán las investigaciones exhaustivas adelantadas por funcionarios puestos en sus cargos por los propios sospechosos e implicados para exonerar y decir que no se configura delito ni infracción disciplinaria alguna, tras lo cual sobrevendrá la impunidad y la desesperanza proponemos desde esta página la despenalización y legalización del robo en los altos servidores públicos (presidente, ministros, congresistas, magistrados, alcaldes, concejales, gobernadores y diputados) para qué nunca más se les investigue ni persiga. Qué puedan robar sin afugias y qué se instaure un nuevo delito no excarcelable para los que osen señalarlos y denunciarlos.

Sabemos que esta nueva ley de la república, salvo los verdaderos partidos de oposicion, contaría con el respaldo amplio y suficiente del gobierno y con contundentes mayorías parlamentarias que reglamentarian con sabiduría como garantizar que todos puedan hurtar equitativamente y procesos de perdón, olvido y excarcelación inmediata para todos los politicos presos.

Así todo el aparato de investigación, de acusacion, de juzgamiento y de polícia podria dedicarse a perseguir implacablemente a los ladrones de estrato 0, 1, 2, 3 y 4. Obviamente la unica condición que debería existir para la aprobación y sanción de esta ley es que excluya la posibilidad de robar recursos destinados a la atención de los más vulnerables mientras dure el coronavirus. Despues sí, que roben con toda la voracidad y desvergüenza que les sea posible hasta que logren acabar con todo y decidan huir de esta cacocracia y cleptocracia en que convirtieron a Colombia

Un verdugo es Ministro de Hacienda y tiene más poder que el “presidente”

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En cualquier democracia medianamente seria, el mando lo ejerce el Presidente de la República. Colombia es la excepción a esta regla pues por encima de Iván Duque, quién funge desde lo formal como presidente, hay personajes con mayor poder en el país, como su mentor político, y la ficha que este último colocó dentro del gabinete, que aún cuando en organigrama aparece subordinado a la figura presidencial, tiene mayor autoridad real que el “Jefe de Estado”, quién es simplemente una especie de tercero útil.

El segundo al mando, después de Álvaro Uribe Vélez, no es Iván Duque Márquez, como equivocadamente se ha pensado hasta el momento, sino el ministro de hacienda con funciones presidenciales, Alberto Carrasquilla Barrera, quién entre 2003 y 2007 ocupó este cargo, esa vez si, bajo el mando del presidente de la época y hoy presidente en la sombra y/o en cuerpo ajeno. Tan cierta es la situación que Carrasquilla sin ningún respeto y pudor se atreve a controvertir en público y en medios las opiniones de Duque sobre el futuro de las cajas de compensación, para citar un solo ejemplo.

Pero aparte de ser el cerebro del detrimento patrimonial a muchos municipios pobres a través de los tristemente célebres Bonos de Agua, Carrasquilla es el cerebro detrás de muchas de las medidas económicas favorecedoras de los intereses económicos de los poderosos y altamente lesivas para los bolsillos de las clases populares en nuestro país. Es el autor de la mal llamada Ley de Financiamiento (Ley 1943 de diciembre 28 de 2019) declarada inexequible por la Corte Constitucional a través de la Sentencia C-481 octubre 16 de 2019 y también de la Ley que la sustituyó, mal denominada de “crecimiento económico” (Ley 2010 de Diciembre 27 de 2019) que libera del pago de impuestos a los más ricos trasladando la carga a los más pobres.

Carrasquilla además y como lo haría un auténtico Ministro Ejecutor (Verdugo) durante la época de la colonia, actúa despiadadamente. No conforme con sobrecargar de impuestos a los colombianos con menor poder adquisitivo, aún se atreve a emitir declaraciones donde afirma que Colombia es un país “que tiene una estructura tributaria de un país muy pobre”, como preparando desde ya el terreno para nuevas medidas impositivas cuyo propósito sea extraer hasta la última gota de sudor y sangre a quienes no le merecen la más mínima consideración: las mayorías pobres del país.

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El verdadero segundo al mando en el reino de perversión del uribismo da muestras además de un gran cinismo y desvergüenza pues mientras ya arranca una nueva cruzada para justificar nuevos y mayores impuestos, se ha filtrado una copia de su declaración de renta donde se evidencia que no da ejemplo y no contribuye con impuestos al erario pues paga 0 pesos por concepto de renta demostrando que en ellos si está respondida la pregunta de Darío Echandía de ¿El poder para qué?

Quienes hoy detentan el poder en Colombia si tienen claro que el poder se ejerce para enriquecerse y aplicar una ley que aunque no económica si tiene aplicación en la economía: La “ley del embudo” que le da título a el vallenato preferido del fundador del M-19, el samario Jaime Bateman Cayon, y que en uno de sus estribillos sintetiza la histórica lógica de quienes nos han gobernado: “Lo ancho pa ellos (prosperidad) lo angosto pa uno (pobreza)”.

A propósito de Bateman y de lo del ministro Carrasquilla cobra relevancia histórica lo que sobre el tema dijera el llamado “flaco” Bateman en entrevista a Juan Guillermo Restrepo y que demuestra la poca o ninguna voluntad de cambio y de justicia social demostrada en más de 4 décadas de la élite exclusiva y excluyente que se tomó para si el poder en Colombia en perjuicio de las empobrecidas mayorías nacionales.

¿Quién manda en Colombia? y/o ¿”Dónde está el piloto” de este país de mentira?

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La Colombia de Duque es una especie de país descuadernado o estado fallido en donde no se sabe realmente quién manda a quien. A veces diera la impresión, por ejemplo, de que el Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, tiene mayor mando y poder de decisión que el propio presidente de la República, o que los ministros de despacho responden más a las órdenes de un expresidente que a las del mandatario en ejercicio.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, el comandante en jefe del ejército nacional, General Eduardo Enrique “mago” Zapateiro, pasando por encima del ministro de defensa y del comandante en jefe de las fuerzas militares decidió tórpemente comprometer la institucionalidad y al país saliendo a dar declaraciones y a expresar condolencias por la muerte de Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, quien fuera uno de los sanguinarios lugartenientes de Pablo Escobar Gaviria.

El escandaloso pronunciamiento inconsulto, suscitado por la mezcla de la falta de tacto y torpeza del general y comandante del ejército demuestra que en el actual gobierno cada quien actúa como una peligrosa rueda suelta y sin coordinación alguna y que se actúa sin medir las consecuencias o efectos de acciones con un alto contenido de torpeza.

El que desde una de las instituciones llamadas a garantizar la vida de los ciudadanos no se haya hecho nunca un pronunciamiento de condena a las muertes o de condolencias a los familiares de los centenares de líderes sociales asesinados, pero que si se haga frente a la muerte de un jefe de sicarios de uno de los más violentos y sanguinarios carteles de la droga es más que diciente, es espeluznante.

En cualquier país medianamente civilizado la declaración de Zapateiro debería generar un escándalo mediático y la inmediata destitución del general con simpatías hacia narcos y asesinos. En Colombia no pasará nada. Nadie asumirá responsabilidad y consecuencias políticas y los medios nacionales, más no los internacionales minimizarán el hecho. Solo el ex general de la Policía, Rosso José Serrano, mostró algo de vergüenza ajena frente a la salida en falso del “mago” Zapateiro.

Radiografía extensa de la élite enferma y criminal que nos gobierna

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Lo nuevo emerge de lo viejo y de manera rara vez no violenta lo sepulta. Un ejemplo emblemático lo constituye la revolución francesa como superación de un orden caduco y el surgimiento de uno novedoso: el de la ilustración y la burguesía.

Quienes ejecutan cambios de este tipo que significan evolución pueden ser llamados revolucionarios. Son revolucionarios los franceses que lucharon contra el absolutismo y por la instauración de la república y también los americanos que lo hicieron contra España con los mismos propósitos (libertad, igualdad, fraternidad). La concepción política de estos últimos podría calificarse también como liberal o progresista.

A la par de estos, la oposición al cambio con pretensiones de frenar y/o impedir lo nuevo o emergente y de mantener el statu quo o garantizar la inmovilidad de la sociedad puede llamarse reacción y quienes la defienden pueden denominarse sectores retardatarios y/o reaccionarios .

Su actitud riñe con la libertad y pretende básicamente conservar y/o preservar a como de lugar y evitando que perezca lo anacrónico. Por ello, la concepción política de estos últimos podría calificarse también como clerical y conservadora.

En Colombia a pesar de la Constitución de 1991 de corte liberal y progresista y opuesta a la conservadora Constitución de 1886 no ha sido posible el desarrollo de un modelo de Estado que favorezca a las mayorías y no a las minorías ultraconservadoras y reaccionarias que para perpetuarse en el poder han apelado siempre a la misma estrategia: Desprestigiar y mostrar cómo auténticos demonios a quienes no lo son.

De la misma manera como a Petro se le sataniza hoy acusándolo de ateo y hereje se hizo con Gaitán en su momento. Lamentablemente los colombianos desconocen su propia historia y la repiten una y otra vez, casi que de manera masoquista.

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Por eso, lo que queda de la Constitución de 1991 después de más de 50 reformas en 28 años, se ha convertido en letra muerta. Lo del Constituyente del 91 es un intento de modernización de país y de transito de formas estatales de características premodernas y con altos rasgos de autoritaritarismo, sustentadas en lo religioso y con el objetivo de justificar casi de manera medieval la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos, hacia un país moderno, laico, que reivindica las libertades (liberal) y la democracia y cuyo cometido en lo económico es sentar las bases para el desarrollo de un verdadero capitalismo.

Sin embargo tal tránsito ha encontrado la férrea oposición de los sectores reaccionarios que defienden lo caduco. Su política de “atravesarse en la vía” ejemplifica la tendencia natural de lo viejo a no desaparecer, a no perecer y no abrir espacio a lo nuevo, sino a resistir y a reaccionar intentando devolver todo a su estado anterior como una especie de cáncer que hace metástasis una y otra vez.

En Colombia nos gobierna un sector minoritario con estas últimas características y en mayo de 2018 los electores, pudiendo optar entre iniciar el verdadero desarrollo de la Constitución vigente (impulsando lo social), o en su defecto dar un salto al pasado, prefirieron esto último. De esta forma accedió al gobierno un sector ultra retardatario extremo (el uribismo) al que ni siquiera le resulta suficiente retrotraer el país a las guerras superadas y a la Constitución de 1886.

Nos gobierna un sector de la sociedad que siente que aún la democracia es peligrosa, revolucionaria y por lo tanto digna de ser, junto a sus promotores, perseguida y proscrita. Un sector al que el Estado Social de Derecho les parece una aberración y una concesión inadmisible que los iguala como élite al resto de ciudadanos, a quienes conciben solo como vulgo o una plebe amorfa con una única misión en la vida: servirles y enriquecerlos.

Tal élite, sobre la instrumentalización de la “nueva fe” (la de las iglesias evangélicas), paradójicamente nacidas y fortalecidas a partir de la libertad de cultos que una visión progresista instauró en la constitución del 91, sataniza a todo lo que les resulta contrario y a quienes amenazan heréticamente sus privilegios y propiedades (en términos de millares de hectáreas acumuladas mediante el despojo violento).

Igual proceden, con quienes despiertan sus miedos de pérdida de privilegios y cuestionan su pretendida e infundada superioridad racial. A estos quisieran azotarlos o eliminarlos encendiendo, como en la inquisición, hogueras para exterminar “pecadores” que no son otra cosa que los líderes sociales que reclaman derechos en nuestros tiempos.

Desde esta suerte de supremacismo prefieren la autocracia sobre la democracia, pues igual que en el medioevo están convencidos de haber sido designados por el mismísimo Dios (teocracia) para gobernar y subordinar (destruir) a la naturaleza y al resto de mortales inferiores y sin alma. Al fin y al cabo sus antepasados consideraban de manera similar a indígenas y negros.

Desde su disociación mental, en la que fungen como grandes hacendados blancos que se sirven de formas hispánicas de esclavismo, desearían vivir en la América preindependentista y por tanto sueñan con unas relaciones de pleitesía, subordinación y resignación servil del que les trabaja, en las que los salarios en dinero desaparecieran.

Sueñan con que se reinstauraran las contraprestaciones por trabajo en especie, de tal suerte que quienes ejercieran los trabajos fuertes les agradecieran por dominarlos y azotarlos a cambio de permitirles un pequeño espacio para pernoctar, un poco de agua y un poco de las sobras de su comida ostentosa.

No son demócratas. Son defensores de una estructura piramidal en la que desearían que se les concibiera como una nobleza inaccesible y que se soporta a su vez sobre un neo estamento religioso (evangélico) y uno militar parasitario, que se conforman y extasían con recoger lo que los de sangre azul dejan caer desde sus mesas. En la base de la pirámide sueñan con tener una enorme masa de ignorantes que, como ya se ha dicho, les rindan reverencia y se inclinen a su paso sin la posibilidad siquiera de mirarlos a los ojos.

Por eso reniegan de Bolívar. Por su legado de libertad, igualdad y fraternidad, no sólo en teoría, sino en su practica sin hipocresías. No le perdonan su “mal ejemplo” de liberar a sus esclavos y de llamar madre a la negra que asumió su crianza.

Carlos Pizarro: El hombre que ofrendó hasta su vida por abrir el camino de la Paz

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Este 26 de abril se cumplen 29 años del fatídico día de 1990 en que se produjo el magnicidio de Carlos Pizarro Leongómez, de quien probablemente buena parte de nuestra actual juventud sepa muy poco o quizas nada.

Buscando preservar la memoria histórica y su legado, nos proponemos recordar a este personaje, nacido en Cartagena de Indias, en quién coexistían un férreo espíritu guerrero (obligado por las circunstancias de su tiempo) y, a la vez, un ser humano con un altísimo grado de sensibilidad y humanismo, empeñado en trascender en la búsqueda y concreción del difícil camino de la paz.

Y es que Pizarro, al igual que su amigo, el samario Jaime Bateman Cayón, además de compartir el haberse alzado en armas contra el Estado y de ser cofundadores de la desmovilizada guerrilla del M-19, tienen en común la herejía de haberse atrevido a proponer una salida negociada al conflicto armado en Colombia y la búsqueda de la democracia y la paz como objetivos, cuando nadie se atrevía a plantearse tal posibilidad en medio de una cruenta guerra.

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Pero a Bateman y Pizarro los hermanan otras circunstancias adicionales. Para el primero, la paz fue una obsesión y una frustración, pues no alcanzó a verla concretada antes de su muerte en un accidente aéreo ocurrido el 28 de abril de 1983. El segundo, aunque llevó a feliz termino la firma de un acuerdo de paz como máximo dirigente del M-19 tampoco pudo disfrutar su retorno a la civilidad, habida cuenta de que fue asesinado pocos meses después de jugársela toda por una riesgosa opción que significaba abrir el camino para que en el país se le diera el adiós definitivo al uso de las armas como método para resolver diferencias ideológicas y políticas.

Bateman y Pizarro encontraron además la muerte paradójicamente en el mes de abril y mientras volaban. Uno a bordo de una avioneta que se dirigía de Santa Marta a Panamá a explorar posibilidades de diálogos de paz con el gobierno de Belisario Berancourt y el otro a bordo de un vuelo comercial de Avianca entre Bogotá y Barranquilla a donde se dirigía a una manifestación política que presidiría como candidato a la presidencia de la República.

Y es que Pizarro fue la quinta víctima de la violencia desatada en Colombia con inicios a partir de la segunda mitad de la década del 80 del siglo XX, en la época en la que la acción concertada de narcotraficantes, paramilitares y estado materializó atentados contra los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal (Asesinado en octubre 11 de 1987); Ernesto Samper Pizano (Herido en agosto 3 de1989); Luis Carlos Galán Sarmiento (Asesinado en agosto 18 de 1989), Bernardo Jaramillo Ossa (Asesinado en marzo 22 de 1990) y Álvaro Gómez Hurtado (Asesinado el 2 de noviembre de1995).

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Contrario a lo que mentirosamente se ha querido hacer creer a las nuevas generaciones, ni Bateman, ni Pizarro, ni el M-19 respondían a concepciones comunistas y ateas. De hecho, la Constitución de 1991 y logros en ella contenidos como la acción de tutela y la libertad de cultos, son resultado de la acción de la constituyente de 1991 en la que desmovilizados de esta guerrilla de clase media y de orientación socialdemócrata, nacionalista y bolivariana fueron una de las fuerzas con mayor número de constituyentes.

Es desde la apuesta por la paz que le costó la vida a Pizarro que en el país se abrió la posibilidad de desmovilización de otras estructuras guerrilleras como el Movimiento Armado Quintín Lame (1991), el Ejército de Popular de Liberación EPL (1991), la Corriente de Renovación Socialista CRS (1994) y más recientemente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC (2016).

Razones más que suficientes hay entonces para valorar la decisión que antes de su muerte asumió con gran valor Carlos Pizarro en búsqueda de una paz definitiva que se materializará cuando la opción armada pase definitivamente a la historia y en el país exista una democracia auténtica y justicia social tal y como lo soñaron Pizarro y Bateman.