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Covid 19: ¿Ya les quedó algo claro a los anti marchas y paros?

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El coronavirus rompió nuestra distracción. Ha puesto los reflectores sobre los graves y verdaderos problemas del país, que antes no eran tan visibles por el direccionamiento del gobierno y de sus medios hacia las dificultades que hemos ayudado a crearle a Venezuela, siguiendo, hay que decirlo, la teoría de conspiración y bloqueo económico de una potencia como Estados Unidos que solo en películas ayuda al mundo en dificultades.

Hasta ahora, la “dictadura” maneja mejor la crisis que la “democracia robusta y perfecta” que nos han dicho que somos sin serlo. Parte del hasta ahora éxito del vecino, radica en la solidaridad efectiva de países (a quienes nos enseñaron injustamente a ver cómo amenazas) tales como China, Rusia y Cuba que si invierten gran parte de su presupuesto en educación, salud, ciencia y tecnología. Mientras, nuestro gobierno abyecto y obsecuente con Estados Unidos, no cuenta con la ayuda de la “potencia” que se convirtió bien pronto en el primer foco de infección en el mundo. La razón: tener un sistema de seguridad social, similar al nuestro, donde la salud es un negocio y quien no tiene para pagar se muere.

Los del “yo no paro, yo produzco” están entendiendo, a fuerza de golpes, que la economía, entiéndase, el amor por el dinero, por el capital, pasa a un plano secundario cuando lo que está en juego no es el ingreso sino la vida misma. Al tiempo que salían en defensa de los bancos, cuando algún manifestante rayaba sus paredes, repudiaban y condenaban implacablemente las marchas y los paros de los profesores, de los profesionales del sector de la salud, de los estudiantes y de los campesinos. Hoy el tiempo les da la razón a los criticados y no a los críticos.

Los banqueros, con billonarias ganancias anuales desde que el país nacional a finales de la década del 90 y principios del segundo milenio salió solidariamente en su ayuda para evitarles la quiebra, hoy son indiferentes y nada hacen por sus redentores. Sus pérdidas se socializaron y repararon a través de impuestos como el 4 por mil y un acto legislativo (01/01) que le recortó recursos a la salud y a la educación, entre otros, pero hoy cuando el país los necesita les importa solo acrecentar sus ganancias. A Luis Carlos Sarmiento Angulo, uno de los hombres más ricos del mundo y dueño de medio país solo le importan la rentabilidad de sus negocios y absolutamente nada la gente que debe encerrarse sin tener que comer. Su avaricia y su miserableza como humano no tiene límites

Hoy quienes dan la cara ante la amenaza que vive el país son otros. Los campesinos, proveyéndonos de alimento y recordándonos que sin ellos los habitantes de la ciudad, que tanto los menosprecian, morirían de hambre. Los estudiantes de la Universidad Pública, que injustamente satanizados y sin presupuesto, demuestran que la ciencia, la investigación y la creatividad para buscar y dar soluciones ingeniosas frente a por ejemplo la carencia de respiradores para las UCI, es más importante que invertir en balas, bombas, tanquetas y uniformes de super protección para policías que les disparan a matar o a los ojos.

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A propósito de esto último, el coronavirus también devela las prioridades presupuestales del gobierno y ratifican con hechos la justeza de las marchas y protestas de estudiantes, médicos, enfermeras y docentes por presupuesto para universidades, escuelas y hospitales. Mientras el presupuesto del ESMAD es de cerca de 500 mil millones anuales, el del Instituto Nacional de Salud, no supera los 50 mil millones por año (un 10%). Mientras los agentes del ESMAD usan un traje especial de protección de casi 5 millones de pesos, los médicos y enfermeras afrontan una pandemia con una mascarilla para todo un día y, en ausencia de trajes de bioseguridad, cubiertos y “protegidos” con improvisadas bolsas de basura.

Los padres, confinados obligatoriamente en sus casas también evidencian y sufren con impotencia el atraso de un sistema educativo que por falta de presupuesto no tiene como posibilitarle a escuelas, docentes y estudiantes herramientas y conectividad para desarrollar de emergencia una educación de tipo virtual que llegue a todos los hogares.

También, con uno o dos muchachos a cargo, amplían la consideración por maestros y maestras que con las uñas deben atender y enseñar a grupos que multiplican por 20 el número de sus hijos y de sus dificultades.

Definitivamente el país va a tener que sobrevalorar menos a políticos, artistas y deportistas y subestimar menos a nuestros campesinos, estudiantes, médicos, enfermeras y docentes. Las prioridades en materia presupuestal  deben reorientarse más hacia la educación, la investigación y la salud y menos hacia armas y corrupción.

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El florero de Llorente del uribismo y el peligro de marchar

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Lo necesitaban. Lo requerían. Lo anhelaban. Ansiaban un acto de las características horrorosas y demenciales del ocurrido en la Escuela Francisco de Paula Santander para revalidarse socialmente como sector político que personifica a un número bastante importante de gente enferma, de disociados de la guerra que en el país añoran las explosiones, la muerte y la guerra y que detestan cualquier intento de paz que no se construya sobre la base de la derrota militar y el exterminio y/o aniquilamiento total del otro.

Tenían varios y serios problemas. La caída de la credibilidad y aceptación del ex presidente Uribe en las encuestas, los niveles precarios de favorabilidad de Duque en el mismo tipo de mediciones, los nombramientos cuestionados, la mermelada revivida y exorcisada, muertes bajo extrañas circunstancias de quienes debían testificar contra poderosos e intocables, escándalos de corrupción que vinculan a su Fiscal amigo y muchas otras cosas más por ocultar tras una densa e irrespirable cortina de humo o por enfriar en el refrigerador del olvido. Necesitaban un florero de Llorente así, para incitar, ánimar y encender los ánimos bélicos como en 1810.

Todo lo anterior no es suficiente para afirmar, apresuradamente, que fue la extrema derecha la autora del atentado. Tienen los medios, los motivos, las complicidades y la habilidad suficiente para manipular y sacar y/o extraer rentabilidad o, más bien, para capitalizar o sacar partido político aún de las cenizas y de la desolación que deja tras de sí la cobardía de unos y la desgracia ajena, pero no lo podemos decir sin ser irresponsables como si lo es el Fiscal para sindicar y el presidente para actuar.

Nuestra responsabilidad y sentido de humanidad nos permite repudiar pero no sindicar. No es descartable que sean los mismos que asesinan líderes sociales los que hoy sacrifican policías buscando lo mismo: una respuesta violenta que vuelva trizas la paz como lo prometieron. Más sin embargo, no es descartable tampoco que haya sido el ELN porque la guerra tiene la propiedad de degradar y borrar todo vestigio de humanidad de quienes son sus actores y promotores de lado y lado.

Y no es descartable tampoco lo último, hasta que no exista un pronunciamiento en el que lo reivindiquen o lo nieguen, porque en Colombia quienes se han levantado en armas contra el Estado en más de una ocasión con sus acciones no calculadas y sin sentido, han jugado para lo más obtuso del establecimiento y hasta elegido y reelegido presidentes. Ya el 27 de enero del año pasado, en la Estación de Policía de San José en Barranquilla, el ELN a meses de una elección presidencial, hizo un significativo aporte a la elección de Iván Duque con un atentado que cohesionó a las fuerzas proclives a la guerra.

Mientras se esclarecen las cosas, si es que logran esclarecerse con un Fiscal que no es prenda de garantía, salvo para el uribismo, lo más prudente es no marchar y no por insolidaridad o ausencia de humanidad sino porque es peligroso. Así la autoría del atentado se la atribuya el ELN, lo cierto es que la extrema derecha es muy capaz de sacrificar personas del común y perpetrar uno o varios atentados, en medio de las marchas ciudadanas, con el objetivo de exacerbar aún más el odio y espíritu de guerra que constituye el combustible u oxígeno para la vigencia y continuidad de su “proyecto politico”.