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Un verdugo es Ministro de Hacienda y tiene más poder que el «presidente»

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En cualquier democracia medianamente seria, el mando lo ejerce el Presidente de la República. Colombia es la excepción a esta regla pues por encima de Iván Duque, quién funge desde lo formal como presidente, hay personajes con mayor poder en el país, como su mentor político, y la ficha que este último colocó dentro del gabinete, que aún cuando en organigrama aparece subordinado a la figura presidencial, tiene mayor autoridad real que el «Jefe de Estado», quién es simplemente una especie de tercero útil.

El segundo al mando, después de Álvaro Uribe Vélez, no es Iván Duque Márquez, como equivocadamente se ha pensado hasta el momento, sino el ministro de hacienda con funciones presidenciales, Alberto Carrasquilla Barrera, quién entre 2003 y 2007 ocupó este cargo, esa vez si, bajo el mando del presidente de la época y hoy presidente en la sombra y/o en cuerpo ajeno. Tan cierta es la situación que Carrasquilla sin ningún respeto y pudor se atreve a controvertir en público y en medios las opiniones de Duque sobre el futuro de las cajas de compensación, para citar un solo ejemplo.

Pero aparte de ser el cerebro del detrimento patrimonial a muchos municipios pobres a través de los tristemente célebres Bonos de Agua, Carrasquilla es el cerebro detrás de muchas de las medidas económicas favorecedoras de los intereses económicos de los poderosos y altamente lesivas para los bolsillos de las clases populares en nuestro país. Es el autor de la mal llamada Ley de Financiamiento (Ley 1943 de diciembre 28 de 2019) declarada inexequible por la Corte Constitucional a través de la Sentencia C-481 octubre 16 de 2019 y también de la Ley que la sustituyó, mal denominada de «crecimiento económico» (Ley 2010 de Diciembre 27 de 2019) que libera del pago de impuestos a los más ricos trasladando la carga a los más pobres.

Carrasquilla además y como lo haría un auténtico Ministro Ejecutor (Verdugo) durante la época de la colonia, actúa despiadadamente. No conforme con sobrecargar de impuestos a los colombianos con menor poder adquisitivo, aún se atreve a emitir declaraciones donde afirma que Colombia es un país “que tiene una estructura tributaria de un país muy pobre», como preparando desde ya el terreno para nuevas medidas impositivas cuyo propósito sea extraer hasta la última gota de sudor y sangre a quienes no le merecen la más mínima consideración: las mayorías pobres del país.

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El verdadero segundo al mando en el reino de perversión del uribismo da muestras además de un gran cinismo y desvergüenza pues mientras ya arranca una nueva cruzada para justificar nuevos y mayores impuestos, se ha filtrado una copia de su declaración de renta donde se evidencia que no da ejemplo y no contribuye con impuestos al erario pues paga 0 pesos por concepto de renta demostrando que en ellos si está respondida la pregunta de Darío Echandía de ¿El poder para qué?

Quienes hoy detentan el poder en Colombia si tienen claro que el poder se ejerce para enriquecerse y aplicar una ley que aunque no económica si tiene aplicación en la economía: La «ley del embudo» que le da título a el vallenato preferido del fundador del M-19, el samario Jaime Bateman Cayon, y que en uno de sus estribillos sintetiza la histórica lógica de quienes nos han gobernado: «Lo ancho pa ellos (prosperidad) lo angosto pa uno (pobreza)».

A propósito de Bateman y de lo del ministro Carrasquilla cobra relevancia histórica lo que sobre el tema dijera el llamado «flaco» Bateman en entrevista a Juan Guillermo Restrepo y que demuestra la poca o ninguna voluntad de cambio y de justicia social demostrada en más de 4 décadas de la élite exclusiva y excluyente que se tomó para si el poder en Colombia en perjuicio de las empobrecidas mayorías nacionales.

¿Quién manda en Colombia? y/o ¿»Dónde está el piloto» de este país de mentira?

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La Colombia de Duque es una especie de país descuadernado o estado fallido en donde no se sabe realmente quién manda a quien. A veces diera la impresión, por ejemplo, de que el Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, tiene mayor mando y poder de decisión que el propio presidente de la República, o que los ministros de despacho responden más a las órdenes de un expresidente que a las del mandatario en ejercicio.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, el comandante en jefe del ejército nacional, General Eduardo Enrique «mago» Zapateiro, pasando por encima del ministro de defensa y del comandante en jefe de las fuerzas militares decidió tórpemente comprometer la institucionalidad y al país saliendo a dar declaraciones y a expresar condolencias por la muerte de Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, quien fuera uno de los sanguinarios lugartenientes de Pablo Escobar Gaviria.

El escandaloso pronunciamiento inconsulto, suscitado por la mezcla de la falta de tacto y torpeza del general y comandante del ejército demuestra que en el actual gobierno cada quien actúa como una peligrosa rueda suelta y sin coordinación alguna y que se actúa sin medir las consecuencias o efectos de acciones con un alto contenido de torpeza.

El que desde una de las instituciones llamadas a garantizar la vida de los ciudadanos no se haya hecho nunca un pronunciamiento de condena a las muertes o de condolencias a los familiares de los centenares de líderes sociales asesinados, pero que si se haga frente a la muerte de un jefe de sicarios de uno de los más violentos y sanguinarios carteles de la droga es más que diciente, es espeluznante.

En cualquier país medianamente civilizado la declaración de Zapateiro debería generar un escándalo mediático y la inmediata destitución del general con simpatías hacia narcos y asesinos. En Colombia no pasará nada. Nadie asumirá responsabilidad y consecuencias políticas y los medios nacionales, más no los internacionales minimizarán el hecho. Solo el ex general de la Policía, Rosso José Serrano, mostró algo de vergüenza ajena frente a la salida en falso del «mago» Zapateiro.