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El pseudo-centro

 

La idea de un centro en la política es “disruptiva”, pues intenta superar el dualismo izquierda-derecha de la cosa política. Ese dualismo, según los historiadores, tiene su origen en el desarrollo de la Revolución francesa de 1789. Quienes estaban de acuerdo con que el rey pudiese vetar las decisiones de la Asamblea se sentaron a la derecha; los que propugnaban por un veto más ‘suave’ o inexistente, se hicieron a la izquierda; y por último, en el centro, se ubicaron los indecisos. Seguir leyendo El pseudo-centro

Atentado a Carlos Rivas: ¿Quienes quieren matar a los educadores?

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El atentado e intento de asesinato del dirigente magisterial, Carlos Enrique Rivas Segura, es un hecho repudiable de intolerancia que debe concitar solidaridad y el más contundente y enérgico rechazo tanto de la comunidad nacional como internacional, a quienes hay que contextualizar sobre qué o quiénes se mueven detrás de las amenazas y ahora el atentado criminal contra el expresidente y hoy miembro del ejecutivo de FECODE.

En la Colombia de Duque todos los días se pasa del dicho al hecho. Desde el Centro Democrático y desde la propia persona de su máximo líder y dirigente, el hoy senador Álvaro Uribe Vélez, siempre ha existido un manifiesto odio hacia los educadores, hacia las organizaciones sindicales que los representan y hacia los dirigentes de las mismas. Desde ese sector político siempre ha habido una permanente e inocultable campaña de estigmatización y odio hacia las maestras y maestros que se remonta a su primer periodo de gobierno.

Uribe, hombre de rencores extremos, jamás ha logrado superar y perdonar la derrota al referendo constitucional de 15 puntos que recién posesionado pretendió imponer y que no alcanzó el respaldo suficiente en las urnas el 25 de octubre de 2003, entre otras razones, por la férrea oposición de los servidores públicos y de los docentes. Tampoco perdona la permanente y decidida oposición a su idea de privatización del servicio público educativo. A los maestros el expresidente los visiona con el mismo encono y rencor que a la guerrilla y no desperdicia oportunidad para mostrarlos, irresponsablemente, ante sus extremistas partidarios como caras de una misma moneda.

Desde sus dos gobiernos asumió como una cuestión personal, casi obsesiva y enfermiza, el tratar de hacer el mayor daño posible al magisterio organizado y a fe que lo hizo a través de la expedición de normas que arrancaron derechos y vulneraron intereses que los docentes habían alcanzado mediante la movilización y la lucha.

Alcanzada nuevamente la presidencia, en cabeza de Iván Duque, los ataques, la intolerancia y la intemperancia verbal han resurgido con igual o mayor fuerza a la de los grupos paramilitares que de nuevo se campean a lo largo y ancho del territorio nacional, alentados por el encubrimiento y discurso afín de quienes hoy fungen como autoridades, para sembrar terror y muerte a través del asesinato sistemático de líderes sociales. Y como en la época que va del 2002 al 2008 de nuevo los sicarios morales anteceden y alientan a los materiales.

Uribe de nuevo gobierna: Demos gracias al voto en blanco y a los tibios

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No cabe ya ninguna duda. Volvió Uribe y nos gobierna en cuerpo (¿o quizás puerco?) ajeno. De nuevo hay chuzadas a magistrados, periodistas y políticos. Se reactivaron los “asesinatos aplazados”. Volvieron a ser cotidianas (como en épocas de la UP) las muertes selectivas que huelen a masacre con “criterio social”. Se repite la historia: los militares, convenientemente, no ven ni combaten a los paramilitares. Otra vez los paramilitares se toman el territorio y con desparpajo hasta hacen videos anunciando como extorsionarán para financiar su “industria de la muerte”.

Pero ese retorno tenebroso y que nos recuerda la célebre frase “se le dijo, se le recomendó (y) se le advirtió” del fallecido humorista uruguayo Hebert Castro tiene unos responsables concretos, en este caso quienes en Colombia, como el personaje “peraloca” de los años 80, “se pasaron la advertencia por la faja” y “desatendieron el consejo” de no hacer todo lo posible a su alcance para evitar que el uribismo retomara el control del país y sobreviniera de nuevo el oscurantismo y la barbarie.

De la tragedia que hoy afronta el país y que implica nuevamente derramamiento de “litros de sangre”, muerte, amenazas y abusos de poder, puede responsabilizarse por complicidad por acción y omisión a varios “personajes”. En primer lugar los que, como Sergio Fajardo, dejaron de tomar partido y prefirieron irse a ‘ver ballenas’ a sabiendas y conscientes que “cada que una persona deja de votar porque dice que para que votar si todos son iguales” los que celebran “son los corruptos”.

En segundo lugar quienes como “líderes de opinión” votaron en blanco y, acéptenlo o no, promovieron que otros ciudadanos siguieran sus pasos descalificando a la opción política que competía con Duque, misma que más allá de sus malquerencias y mezquindades sabían que por mala que resultara jamás tendría las implicaciones que si sabían que se desprenderían de la reconquista del gobierno y del poder por Uribe. Sabían de sobra de que este último era capaz y aún así no les importó.

En este último grupo puede ubicarse, por ejemplo, a Daniel Samper Ospina y Daniel Coronel, quienes en su soberbia y por omisión posibilitaron de nuevo el acceso de Uribe al poder dando a entender malintencionadamente (al no ser cierto) que un gobierno de Petro en nada se diferenciaría de Duque y tambien desembocaría irremediablemente en autoritarismo, restricción de las libertades democráticas, interceptación de las comunicaciones, rearme del paramilitarismo, avivamiento de la guerra, asesinatos y destrucción del marco institucional y del medio ambiente.

Lo peor de estos nefastos personajes, más allá de la falta de empatía con quienes en Colombia si padecen los rigores de las políticas de exterminio de la extrema derecha, es su insensibilidad para aún, con el baño de sangre que ha vuelto a surgir en su país, reconocer que en su decisión primó, más allá del interés colectivo y/o general, sus animadversiones y sus posiciones subjetivas.

No van ni siquiera a admitir que se equivocaron. Por el contrario se vanaglorian de decisiones y posiciones que han vuelto a ocasionar derramamiento de sangre. Mientras tanto, como Fajardo, miran para otra parte como si en lo que viene sucediendo no tuvieran, y en grado alto, una gran cuota de responsabilidad política.

Nuestro empresariado paramilitar

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Hay diferentes tipos de sicarios y de paramilitares. Los que aprietan el gatillo y los que desde la comodidad y los lujos de sus oficinas y residencias financian e instigan, desde la promoción previa del odio, el asesinato. Los últimos son incluso más peligrosos y deszlenables que los primeros. Son determinadores del derramamiento de sangre en nuestro país. Auténticos sicarios morales.

En Colombia, no dudamos, deben existir aún empresarios para los que la honorabilidad no ha pasado a ser un ideal en desuso. Lamentablemente, a la par de estos, hay otros cuyo referente de actuación es la tesis de Maquiavélo que señala que el fin (en este caso preservar y acrecentar sus privilegios a como de lugar) justifica el aniquilamiento físico de todo aquel que enarbole los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, propios no del “comunismo”, como desde su estupidez lo conciben, sino de la revolución francesa.

El trino del empresario Mario Hernández, en donde iguala a líderes sociales y terroristas y que puede llegar a justificar y alentar el exterminio sistemático de los primeros en su país, perfectamente ejemplifica al empresariado con serios transtornos, que ve enemigos por aniquilar donde no existen y que a la manera de los psicópatas pareciera disfrutar lo que para algunos de sus compatriotas constituye dolor y llanto. El empresario, ya senil, olvidó que su padre fue perseguido por los chulavitas y ahora piensa como chulavita.

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En la Colombia de la degradación y la ignominia, este tipo de pronunciamientos que deberían concitar a toda la sociedad a cerrar filas en torno a la defensa del valor supremo de la vida, no genera ningún tipo de sanción social. Nos hemos insensibilizado y deshumanizado tanto, como consecuencia de los horrores de la guerra, que este tipo de situaciones que se han vuelto cotidianas nos parecen hasta normales.

En Envigado (Antioquía) un contratista que talaba árboles usó la misma lógica y forma de concebir a los líderes sociales de Hernández para amenazar a quienes se oponían al ecocidio. La Colombia tenebrosa de mentalidad paramilitar emerge cada vez más con mayor desvergüenza y envalentonada por el uribismo en distintos sectores de la geografía nacional.

Ya no es solo el caso de los ganaderos, banqueros, comerciantes e industriales que desde la penumbra financiaban e impartían órdenes de limpieza social a paramilitares y escuadrones de la muerte para preservar a como diera lugar y en la lógica del ‘todo se vale’ sus propiedades e intereses. Ya cualquiera sin ruborizarse expone sus más bajos instintos y le da rienda suelta a todo el veneno y el desequilibrio que alimenta sus enfermas almas. Pablo Escobar y Uribe han borrado casi todo vestigio de humanidad.

¿Cómo es posible? Amenazan a Leyner Palacio en las ‘narices’ del Ejército

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Es inaudito. Los miembros del Ejército llegaron tardía, vergonzosa y convenientemente a Bojayá pero llegaron. Luego dan un parte de que no encontraron a los 300 paramilitares en el territorio al que estos últimos arribaron a infundir terror. Casi inmediatamente y para acrecentar la vergüenza de la institución castrense, se produce una grave amenaza de muerte contra el líder social Leyner Palacio.

Inconcebiblemente en la Colombia gobernada por el uribismo están proscritos todos los derechos humanos y los encargados constitucionalmente para garantizar la protección del derecho fundamental a la vida sencillamente se hacen los de la vista gorda, mientras a unos los amenazan y a otros los matan uno por uno, por la comisión de un “delito” que solo existe en las mentes de la extrema derecha colombiana: no pensar como ellos.

La diferencia en Colombia está proscrita y aunque también lo está en el papel la pena de muerte, en la práctica está instaurada (en medio de la impunidad) la muerte sin pena y el permanente desplazamiento forzado de las y los líderes sociales.

Si al interior de las fuerzas militares aún quedara algún vestigio del honor militar se sabría que lo que acaban de hacer los paramilitares, al entregarle 2 horas para irse al Secretario Ejecutivo de la Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico y líder afrocolombiano de Bojayá (so pena de ser asesinado), más que una afrenta contra Palacio lo es contra la propia legitimidad del Ejército Colombiano y para su imagen, bastante maltrecha a nivel internacional a raíz de la vergüenza de las ejecuciones extrajudiciales.

El mensaje es claro: O los militares están implicados en lo ocurrido en Bojayá o les han dado a entender que entre las filas paramilitares no infunden el más mínimo grado de respeto. Ambas posibilidades son igualmente graves.

Lo ocurrido no pasará desapercibido. Leyner Palacio, con un grupo de víctimas, estuvo postulado al Premio Nobel de Paz en 2016 y en 2017 fue galardonado con el premio Mundial al Pluralismo. Su “crimen” es impulsar el “Esclarecimiento de la Verdad sobre el Daño al Territorio”, en razón de lo cual asumió la responsabilidad de coordinar la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico (CIVP). Infortunadamente pareciera que a algunos miembros del gobierno y del partido de gobierno no les interesara la verdad. La impresión que dan, es que los amenaza y lacera porque expone su real talante antidemocrático, arbitrario y criminal.

El ejército llegó tarde a Bojayá: La historia se repite como tragedia

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Igual que en las épocas en que los paramilitares llegaban, masacraban y hasta jugaban fútbol con las cabezas de las víctimas, el Ejército Nacional, bajo la conducción del general Enrique ‘Mago’ Zapateiro llegó tarde a Bojayá. Bastante tarde. Cuarenta y ocho (48) horas después, para ser exactos, como si les hubiesen otorgado a 300 asesinos el tiempo suficiente para difuminarse. Cómo si las cacareadas Fuerzas de Despliegue Rápido FUDRA fueren tan solo un chiste.

Cuando se trata de estudiantes, campesinos, indígenas o trabajadores que se manifiestan todo funciona con la perfección de un reloj para la represión. Cuando se trata del accionar de paramilitares todo se daña y nada funciona, muy convenientemente, sin que ni siquiera experimenten vergüenza. De hecho, ya ni se sonrojan frente a la evidencia de complicidades que revisten la forma de omisión en el cumplimiento de deberes.

La inteligencia militar deja de existir. Las fuentes humanas y tecnológicas fallan. Los drones se quedan sin pilas. Los aviones fantasmas (tripulados o no) no pueden desafiar la ley de la gravedad. Los infrarojos y los aparatos detectores de calor no funcionan. La cooperación estadounidense a través de detección de sus satélites sufre interferencias. Las tropas no se pueden helitransportar. La FAC y el Ejército sienten repentinamente que es éticamente incorrecto bombardear y las tropas pierden sus visores nocturnos y sufren de ceguera, como si a los paramilitares los comandara una especie de Eliseo y se reeditara la historia bíblica de 2da Reyes 6:18.

“La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa” decía, como si proféticamente mirara hacia Colombia, Marx. Los 8 años de la seguridad democrática son nuestra tragedia y el gobierno y/o más bien desgobierno de Duque la más ruin y miserable de todas las farsas, bajo un ropaje que patrocina el pillaje y el retorno de los señores de la muerte. Todo bajo la dirección de Él. El gran Ministro Ejecutor a cuyos pies Pablo Morillo sería un insignificante enano.

Vergüenza: Presidente Duque propone “LIMOSNATÓN” y un “PARAIMPUESTO” para financiación de Universidades

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La desfachatez, irrespeto y falta de ideas y liderazgo del presidente Ivan Duque pareciera no tener límites, rayan en lo ridículo y nos exponen a la burla ante el resto de países del mundo. Así quedó demostrado con la “limosnatón” que planteó como “solución” para el problema de desfinancIación de la educación superior.

Actuando no como un auténtico Jefe de Estado y auto irrespetando la dignidad de su cargo el presidente propuso a los colombianos que donen para financiar la universidad pública a través de una “casilla voluntaria para que las personas en su declaración de renta pudieran hacer aportes a la universidad pública de Colombia”.

Con este tipo de “propuestas” el primer mandatario da una patada a la mesa de negociación que se instaló con los representantes de los estudiantes de las universidades públicas del país, en tanto deja claro que no hay una política seria y de Estado para la financiación de la educación superior distinta a recurrir al ‘mochileo’ y ‘boleteo’ a los contribuyentes.

Es inaudito que el presidente pretenda decirle a los colombianos, que más allá de la pesada carga tributaria que tienen que soportar y que debería direccionarse hacia lo social, y no perderse en corrupción, ahora haya que hacer “donaciones” adicionales para sostener lo que por deber y con los impuestos le toca afrontar al Estado.

Para la comunidad internacional seguramente lo de la “propuesta” de Duque será un motivo más de sorna. En Colombia ya no solo hay un paraestado, un ejército paramilitar que asesina líderes sociales y un parapresidente con más poder que el propio ‘presidente’ sino que también se proponen ya paraimpuestos.

Duque además, en incumplimiento de otra de sus promesas de campaña,aprovechó para sacar el ‘espejo retrovisor’ y culpar al gobierno anterior  de la crisis de la educación pública, pasando por alto que el problema estructural de la universidad deriva de la ley 30 del 92 y de la disminución drástica que no solo Santos, sino varios de los expresidentes que lo respaldaron para ser presidente (incluído su mentor, Álvaro Uribe Vélez), hicieron al reducir las transferencias por estudiante de 10,8 millones en 1993 a 4,8 millones en 2017.