Archivo de la etiqueta: Revocatoria Presidente y Congreso

¿De quién es la culpa si se aprueba la terrible Reforma tributaria de Duque y qué hacer?

received_493185818070891

Se aproxima, muy seguramente, la aprobación en la cámara alta de la reforma tributaria de Duque por parte de los partidos políticos a los que poco o nada les importan los intereses de los sectores populares, entiéndase, Centro Democrático, Partido Conservador, los «Cristianos», Cambio Radical y el Partido de la U.

Las consecuencias para los más vulnerables y la clase media serán sin lugar a duda devastadores y afectarán el bolsillo de millones. No se puede sin embargo perder de vista que tales efectos indeseados son a su vez consecuencia de la adopción de malas decisiones tomadas en el pasado reciente, por esos mismos sectores de la población, a la hora de elegir.

Los ciudadanos, así como han despertado de su letargo y salen a las calles a protestar, en algún momento deberán entender que la soberanía y/o poder del que gozan (la mayoría de las veces sin percatarse de ello) no se transfiere o endosa por plata o por favores a cualquiera. Los jóvenes, primera línea de la protesta deben aprender aún más esta lección. Son sus mesas las que menos sufragios suelen registrar porque las elecciones se efectúan los domingos y en su lógica todo puede postergarse menos la rumba del sábado y el desenguayabe del día después.

La composición del Senado, donde se decide la suerte de la reforma no permite ser optimista: 19 representantes del Centro Democrático,14 del Partido Conservador, 6 «Cristianos» (para los que lo menos importante es la doctrina de Cristo y su opción por los pobres), 16 de Cambio Radical y 14 del Partido de la U, más 1 «indígena» sin sentido de identidad cultural y de clase y 1 Judas de los Decentes para una mayoría de 71 que aceitada con mermelada actúa como una efectiva aplanadora sobre el pobre pueblo.

Mientras, quienes pueden hacer oposición son solo, si acaso, 21 o 35 senadores, siempre que Cesar Gaviria no emita una señal contraria y de último momento si lo llaman y le ofrecen algo llamativo desde Palacio.

Si la reforma se aprueba, quienes se manifiestan en la calle deberán necesariamente cambiar la forma de enfrentar su lucha y sus objetivos. Deberán proponerse la revocatoria del mandato del presidente y del período de Senado y Cámara, pero como ello no es posible a la luz de la Constitución vigente, deberán plantearse la posibilidad de reasumir su poder soberano y hacer las transformaciones que sean necesarias desde una Asamblea Nacional Constituyente.

¿No es necesaria hoy una Asamblea Nacional Constituyente?

IMG_20191210_073605

Muchos afirman que no es necesaria la convocatoria a una nueva Asamblea Nacional Constituyente pues lo que se debe hacer no es hacer una nueva Constitución o modificar la vigente, sino aplicar la del 91. Pierden de vista un pequeño detalle: En 28 años no se ha aplicado cómo se debería la Constitución actual. De hecho, su Espíritu se ha tergiversado al vaivén de reformas que la han desfigurado. Ha sufrido en lo que lleva de vigencia 52 modificaciones (una cada 5 meses), frente a la de 1886 que se modificó en promedio cada 1,4 años (70 veces en 104 años).

La intención del Constituyente del 91 fue buena: Sentar las bases para la construcción de un Estado Social de Derecho, es decir, de un modelo de organización en los que tanto el Estado como el derecho se colocan al servicio de lo social, esto es, de las reivindicaciones de los ciudadanos y no al contrario.

Sin embargo, los Constituyentes del 91 cometieron un grave error al no escuchar a Álvaro Gómez Hurtado cuando quiso abrir la discusión sobre el carácter de omnímoda de la Asamblea, esto es, su poder absoluto y sin límites para acometer en el tiempo que fuera necesario los cambios estructurales y/o de fondo que el país requería para dejar atrás el régimen mafioso que en Colombia había coptado casi todo, incluida la política.

IMG_20191210_073856

En lugar de ello los constituyentes del 91 optaron por dejar el desarrollo y/o la reglamentación de la reciente constitución en manos de la misma clase política tradicional agrupada en el congreso. Craso error que a manera simbólica podría equipararse a algo así como entregarle un hijo recién nacido a Herodes para que lo cuidara y fortaleciera.

La reglamentación de la norma marco, en manos de los 6 o 7 congresos que sobrevinieron, no se hizo o se hizo al acomodo de los poderosos de siempre. De esa forma el Estado Social de Derecho se redujo a una declaración formal que jamás encontró correspondencia con el sentir de los intérpretes de otro modelo de organización opuesto: El Estado Antisocial de Hecho (Neoliberal)

Tal modelo, contrario al aprobado en el texto constitucional de 1991, se expresa, por ejemplo, en la reforma a los artículos 356 y 357 para raponearle recursos a la educación y a lo social y destinarlos a la guerra o a los banqueros o las sucesivas y lesivas reformas laborales que nada tienen que ver con lo consignado en el artículo 53 Superior.

Pero más allá de lo anterior y por razones hasta entendibles hubo temas vedados para los constituyentes y para la Constitución del 91. Por ejemplo, no se abordó el tema económico en aspectos tan puntuales y relevantes como la democratización en el acceso a la propiedad de la tierra y otros más, aún hoy bastantes sensibles. Esos temas y la recuperación de gran parte del sentido (espíritu) perdido de la Constitución de 1991 bien valdría la pena que sean retomados, profundizados y blindados en un nuevo proceso constituyente.

IMG_20191210_073831

La clase política actual y el congreso han dado ya muestras suficientes y fehacientes de no querer autoregularse y transformarse. También de no legislar para el país nacional (no político) sino para intereses mezquinos del minoritario país político. Han demostrado que no les interesa en lo más mínimo y como poder constituido lo que diga, sienta y piense el poder que los constituye o constituyente primario y mucho menos auscultarlo.

De hecho desprecian y le temen al poder primario. A tal punto, que a través de interpuestas personas hicieron firmar sobre mármol a un candidato presidencial como Gustavo Petro que se comprometía a no convocar al soberano para reasumir la soberanía que le es propia y que sólo delega temporalmente en representantes cuyo poder no es absoluto; mucho menos dentro de un modelo de democracia participativa y no representativa como la pre-constituyente.