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Reflexiones de Gustavo Petro sobre la movilización ciudadana

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En un hilo de twitter, el senador Gustavo Petro hizo una serie de reflexiones sobre la movilización ciudadana que bien merecen por lo pertinentes ser recogidas, analizadas y discutidas de manera pública por las ciudadanías. Estas son sus reflexiones:

«El comité del paro siguiendo la costumbre sindical creyó que se trataba de rechazar unas políticas anunciadas por gremios o por funcionarios públicos.

La gente en la calle lo está por realidades que ya vive. La gente está en la calle porque ya descubrió que sus ahorros en fondos privados no le darán pensión, que los servicios de salud no mejorarán, los jóvenes en la calle saben que no hay universidad pública para ellos.

La clase media sabe ya que no tendrá estabilidad laboral. A la gente ya le quitaron la opción de la Paz que llenaba de esperanza. No son amenazas futuras, son realidades actuales y vividas que la gente rechaza y la lleva a la movilización.

Por eso la agenda de peticiones cambia sustancialmente. No es el rechazo a un holding futuro. Es la petición de cambios de leyes existentes desde hace décadas que vulneran derechos fundamentales.

Cuando la gente quiere pensión hablamos de una reforma a la ley 100. Cuando la gente quiere estabilidad laboral hablamos de una reforma a la ley 50 y el fin del contrato civil y de corto plazo que reemplaza el contrato laboral.

Cuando hablamos de educación superior pública y gratuita para todos, hablamos de la reforma a la ley 30.
Cuando hablamos de la Paz, hablamos del respeto a los acuerdos ya firmados y de la continuación de la negociación con el ELN.

La agenda que la gente pide en las calles es una superación de las leyes neoliberales que conculcaron los derechos de la gente desde finales del siglo XX, que contrarreformaron la Constitucion del 91. Es volver al espíritu democrático y progresista del constituyente del 91.

Esto es mucho más ambicioso políticamente que el pliego sindical. Por eso hay que evitar un fracaso. Si la gente se desilusiona por una conducción del movimiento llevada a formulas sindicales tradicionales y fragmentadas, lo que vendrá es apatía y la ofensiva de extrema derecha

El movimiento debe escalar el año entrante en todas las áreas urbanas sumadas a la nueva agenda agraria de protección al campesinado y el paro agrario. Los comités de paro deben conformarse con delegaciones elegidas por asambleas territorio por territorio.

O Duque negocia la superación del neoliberalismo en Colombia y restablece la garantía de derechos que ordenó la Constitución del 91, o la ciudadanía la impondrá, como en Bolivia, en las urnas electorales que definirán el poder en Colombia»

Aquí el trino

¿No es necesaria hoy una Asamblea Nacional Constituyente?

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Muchos afirman que no es necesaria la convocatoria a una nueva Asamblea Nacional Constituyente pues lo que se debe hacer no es hacer una nueva Constitución o modificar la vigente, sino aplicar la del 91. Pierden de vista un pequeño detalle: En 28 años no se ha aplicado cómo se debería la Constitución actual. De hecho, su Espíritu se ha tergiversado al vaivén de reformas que la han desfigurado. Ha sufrido en lo que lleva de vigencia 52 modificaciones (una cada 5 meses), frente a la de 1886 que se modificó en promedio cada 1,4 años (70 veces en 104 años).

La intención del Constituyente del 91 fue buena: Sentar las bases para la construcción de un Estado Social de Derecho, es decir, de un modelo de organización en los que tanto el Estado como el derecho se colocan al servicio de lo social, esto es, de las reivindicaciones de los ciudadanos y no al contrario.

Sin embargo, los Constituyentes del 91 cometieron un grave error al no escuchar a Álvaro Gómez Hurtado cuando quiso abrir la discusión sobre el carácter de omnímoda de la Asamblea, esto es, su poder absoluto y sin límites para acometer en el tiempo que fuera necesario los cambios estructurales y/o de fondo que el país requería para dejar atrás el régimen mafioso que en Colombia había coptado casi todo, incluida la política.

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En lugar de ello los constituyentes del 91 optaron por dejar el desarrollo y/o la reglamentación de la reciente constitución en manos de la misma clase política tradicional agrupada en el congreso. Craso error que a manera simbólica podría equipararse a algo así como entregarle un hijo recién nacido a Herodes para que lo cuidara y fortaleciera.

La reglamentación de la norma marco, en manos de los 6 o 7 congresos que sobrevinieron, no se hizo o se hizo al acomodo de los poderosos de siempre. De esa forma el Estado Social de Derecho se redujo a una declaración formal que jamás encontró correspondencia con el sentir de los intérpretes de otro modelo de organización opuesto: El Estado Antisocial de Hecho (Neoliberal)

Tal modelo, contrario al aprobado en el texto constitucional de 1991, se expresa, por ejemplo, en la reforma a los artículos 356 y 357 para raponearle recursos a la educación y a lo social y destinarlos a la guerra o a los banqueros o las sucesivas y lesivas reformas laborales que nada tienen que ver con lo consignado en el artículo 53 Superior.

Pero más allá de lo anterior y por razones hasta entendibles hubo temas vedados para los constituyentes y para la Constitución del 91. Por ejemplo, no se abordó el tema económico en aspectos tan puntuales y relevantes como la democratización en el acceso a la propiedad de la tierra y otros más, aún hoy bastantes sensibles. Esos temas y la recuperación de gran parte del sentido (espíritu) perdido de la Constitución de 1991 bien valdría la pena que sean retomados, profundizados y blindados en un nuevo proceso constituyente.

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La clase política actual y el congreso han dado ya muestras suficientes y fehacientes de no querer autoregularse y transformarse. También de no legislar para el país nacional (no político) sino para intereses mezquinos del minoritario país político. Han demostrado que no les interesa en lo más mínimo y como poder constituido lo que diga, sienta y piense el poder que los constituye o constituyente primario y mucho menos auscultarlo.

De hecho desprecian y le temen al poder primario. A tal punto, que a través de interpuestas personas hicieron firmar sobre mármol a un candidato presidencial como Gustavo Petro que se comprometía a no convocar al soberano para reasumir la soberanía que le es propia y que sólo delega temporalmente en representantes cuyo poder no es absoluto; mucho menos dentro de un modelo de democracia participativa y no representativa como la pre-constituyente.