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Uribe y Duque: sepultureros del Estado Social de Derecho

La Constitución Política de 1991 ha sido derogada y no por las vías del derecho, esto es, a través de una asamblea nacional constituyente, sino a través de las vías de hecho, es decir, de facto y por un sector del país político absolutamente contrario y enemigo abiertamente declarado de su espíritu. Los derechos y garantías ciudadanas han sido proscritos y con ellos el Estado Social de Derecho ha sido aniquilado y sustituido por el Estado Antisocial de Hecho.

Ya había ocurrido con la Constitución de Rionegro, de corte liberal y progresista, que no satisfizo y antes amenazó, aunque con distintos protagonistas, privilegios de sectores de religiosos, de terratenientes, militares y miembros del partido conservador. La revolucionaria Constitución de 1863 originó una reacción y guerras propiciadas desde los sectores reaccionarios y retardatarios quienes a través de una combinación de difamación, miedo y violencia lograron imponer su modelo de sociedad y de estado en 1886.

Con la derogación en ese entonces de la constitución de mediados del siglo XIX se reimplantó, como ahora, la pena de muerte hasta casi la segunda mitad del siglo XX y se impuso una visión de estado y de sociedad centralista, clerical, autoritaria y tan proclive al mantenimiento del statu quo que logró con no más de 70 reformas superficiales y apelando cada vez que lo consideró necesario a prácticas violentas, sobrevivir durante poco más de un siglo.

A este modelo de estado y de sociedad caduco y anacrónico se opuso la progresista Constitución Política de 1991, que volvió a colocar al ciudadano y no a Dios como centro de la preocupación y del accionar del estado y de sus agentes, dentro del claro objetivo de concreción de un ideal de justicia social, que de nuevo generó prevenciones y miedos entre la minoría privilegiada del país.

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Y si bien el tiro de gracia a la  Constitucióndel 91 se da bajo el gobierno del deleznable presidente impuesto por esa mezcla entre Núñez y el “monstruo”  Gómez Castro que es Álvaro Uribe Vélez, lo cierto es que la reacción y los intentos por desfigurar a la carta de navegación promulgada el 4 de julio de 1991 comenzaron desde bien temprano, pues la misma al no abordar el tema económico, como ha debido hacerlo, nació a la vida pública con una contradicción que desde su nacimiento la condenaba: la incompatibilidad entre el ideal de realizar un estado en el que lo social y no lo normativo fuese primero y un modelo económico neoliberal que apuntaba en una dirección absolutamente contraria.

En concordancia con ese espíritu neoliberal privatizador y despojador de derechos, poco antes de la promulgación de la Carta del 91 ya la ley 50/90 cercenaba garantías a los trabajadores. Poco después de empezar a existir también otras normas como la ley 100/93 y la ley 142/94 apostaban por la consolidación de un estado que se desprendiera de sus responsabilidades y las dejara en manos de privados, con una concepción en la que no existen derechos sino negocios, cuyo único objetivo válido es el lucro aun a costas de sacrificar intereses de los ciudadanos.

Probablemente como producto de esa lucidez que tuvo en sus últimos años para identificar y confrontar al “régimen mafioso” que se apoderó de la política y a través de ésta del Estado, fue que Álvaro Gómez Hurtado de manera visionaria, pero infortunadamente incomprendida, planteó desde el carácter omnímodo de la constituyente que fuera esta y no el congreso quien se encargara de desarrollar legislativamente la carta política de 1991.

Inexplicablemente Gómez Hurtado no fue entendido ni escuchado y las consecuencias perfectamente predecibles del escenario que visionó   se materializaron. Entregarle para su desarrollo la Carta Política del 91 a un congreso integrado por los políticos del “régimen mafioso” resultó siendo el equivalente de colocar bajo la tutela y protección de Herodes al niño Jesús. Al mejor estilo paramilitar la Constitución de 1991 empezó a ser rápida y furiosamente desmembrada por los herederos ideológicos de quienes hicieron la Constitución de 1886.

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En los últimos 30 años la moribunda Constitución de 1991 no se ha aplicado como debería haberse hecho y su espíritu se ha tergiversado al vaivén de reformas que la han deformado. Ha sufrido en lo que lleva de vigencia más de 52 modificaciones de fondo (una cada 5 meses), frente a la de 1886 que se modificó en promedio cada 1,4 años (70 veces en 104 años).

Ahora con las medidas adoptadas por el uribismo (usando al gobierno de Duque) como las de proscribir los derechos y libertades de reunirse, a movilizarse,  a pensar, a participar y expresarse,  el acta de defunción está firmada. Como cuándo un familiar se apaga lentamente ante nuestros ojos o perece, nos negamos a aceptar una realidad evidente: La Constitución y con ella el Estado Social de Derecho, habían logrado sobrevivir maltrechos durante casi 30 años, pero como muchos de los jóvenes de nuestro país, ahora sí han sido definitivamente asesinados. Y aunque los aliados verdes del uribismo se opongan, hay que desde el poder constituyente abordar la confección, como en Chile, de una nueva constitución en los que no haya temas vedados ni privilegios y privilegiados intocables

¿Y la renuncia de Duque y los otros para cuándo?

No basta con después de varios muertos y graves violaciones a los derechos humanos de ciudadanos,  que en todo el país protestaban, anunciar el retiro de la reforma tributaria y creer que todo vuelve al estado anterior a las protestas y que el simple anuncio es un borrón y cuenta nueva. Lo decidido para nada exculpa a Duque y a sus cómplices. De hecho, el anuncio de Duque no es ni siquiera sorpresivo pues ya desde las 12 y 49 del 2 de mayo Uribe Vélez desde su Twitter ya había derogado la reforma.

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Uribe, tráguese su propio vómito

La reforma tributaria propuesta por el gobierno que Uribe nos vendió como la salvación frente a la amenaza del “castrochavismo” es su vómito vertido sobre este vaso que se llama Colombia; y por más esfuerzos tardíos que haga el ex presidiario para deslindarse de la misma y salir como tantas otras veces incólume, es irreversible que esa idea estructurada por la más importante cuota de Uribe en el actual gobierno, el odiado ministro Carrasquilla, fue la última gota que rebosó el vaso de la tolerancia de los colombianos hacia el uribismo.

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Desnudando a Uribe y sus cómplices políticos en la miserable reforma tributaria

Si Alberto Carrasquilla Barrera hace parte del gobierno de Iván Duque es a instancias y casi hasta podría decirse que por imposición de Álvaro Uribe Vélez. Es un hombre de su entera confianza. Lo nombró en 2002 como viceministro de Hacienda y desde el 9 de junio de 2003 lo llevó al cargo de Ministro de esa misma cartera, dónde se  desempeñó hasta el 2007. Seguir leyendo Desnudando a Uribe y sus cómplices políticos en la miserable reforma tributaria

Fecode: bajo ataque en redes por la alianza uribismo – “centro”

Por: Alberto Ortiz Saldarriaga (Twitter @OrtizSAlberto) miembro de Acción Ética Docente (Publicado originalmente en el Diario LA LIBERTAD)

Lo que no han logrado a través del desprestigio que intentan construir contra los educadores oficiales desde sus medios y obsecuentes comunicadores e influenciadores de bolsillo, e incluso desde quienes han trascendido ese papel de sicariato moral para pasar al material, el establecimiento quiere ahora hacerlo usando como punta de lanza o arma al COVID-19.

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Alternancia: cuando priman los negocios y los maestros se vuelven fichas sacrificables

Solo fichas desechables o sacrificables. Así se concibe la vida de los docentes desde el ministerio de educación, desde sus leales alfiles en las secretarías de educación y desde sectores de algunas organizaciones sindicales,  que aunque de palabras critican, de boca le hacen el juego y el favor de la legitimación al establecimiento.

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208 vacunas perdidas en el país del “mejor plan de vacunación del mundo”

El 21 de diciembre de 2020,  Fernando Ruíz Gómez, ministro de salud, anunció a través de la propia página de esa cartera que en febrero llegarían al país 1,7 millones de vacunas de la multinacional Pfizer contra el COVID-19 a uno de los últimos países latinoamericanos en iniciar proceso de vacunación de su población. (Leer dando clic aquí)

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Uribestismo: países más pobres del mundo nos superan en manejo de COVID-19

Iván Duque dilapida todos los días recursos de los contribuyentes en un programa de televisión desde donde haciendo gala de su enorme cinismo y capacidad de negación de la realidad pretende hacernos creer al resto de los colombianos que su manejo de la pandemia del COVID-19 no ha sido tan nefasta y desastrosa como en realidad lo es y como lo demuestran incontrovertiblemente las estadísticas.

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Alianza de Centro: De espaldas a los intereses del pueblo.

Se encontraron las llaves. Hay más respuestas a los interrogantes que planteaban las actuaciones de los dirigentes del supuesto centro. Se solía decir que la renuencia a practicar una consulta interpartidista, amplia, con todos los sectores “alternativos”, acompañada del apoyo a Sergio Fajardo en primera vuelta y el voto en blanco en segunda, fue con el fin de hacerle el juego al uribismo, por temor al cambio y una suerte de displicencia con el orden de cosas.

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¿Qué Matarife adelanta esta carnicería implacable e impune en Colombia?

El mismo gobierno que a través de funcionarios de primerísimo nivel invoca el cumplimiento de la Constitución de 1991 para justificar el incremento salarial y el pago -como premio- de un millonario retroactivo a un congreso mayoritariamente abyecto y servil a sus intereses, es selectivo y -como a la carta- escoge que artículos, de lo que queda de la Carta del 91, aplicar y cuáles no. Seguir leyendo ¿Qué Matarife adelanta esta carnicería implacable e impune en Colombia?